Audiencia general del 30 de mayo de 1990

Autor: Juan Pablo II

 

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 30 de mayo de 1990

1. Como bien sabéis, durante los últimos días he realizado una visita pastoral a la isla de Malta, situada en el centro del Mediterráneo. Su historia religiosa y espiritual se halla vinculada íntimamente con la figura de san Pablo, el Apóstol de los gentiles.

El hecho que llevó al gran Apóstol hasta la isla es conocido por todos. Hecho prisionero en Cesarea por instigación de sus conciudadanos, él, valiéndose del derecho que le correspondía como ciudadano romano, apeló al juicio del emperador de Roma. Por ello fue enviado, bajo custodia, a la capital del imperio.

El libro de los Hechos de los Apóstoles describe ampliamente el accidentado viaje del prisionero del César. En particular, narra con viveza las fases dramáticas de la tempestad, que sorprendió la nave en que viajaba Pablo y la hizo naufragar cerca de la isla de Malta, en la que los marineros y pasajeros pudieron hallar refugio.

2. Escuchemos la narración del primer contacto con la población de la isla, con las mismas palabras de Lucas, el autor de los Hechos: "Una vez a salvo, supimos que la isla se llamaba Malta. Los nativos nos mostraron una humanidad poco común; encendieron una hoguera, a causa de la lluvia que caía y del frío, y nos acogieron a todos. Pablo había reunido una brazada de ramas secas; al ponerlas sobre la hoguera, una víbora que salía huyendo del calor, hizo presa en su mano. Los nativos, cuando vieron el animal colgado de su mano, se dijeron unos a otros: 'Este hombre es seguramente un asesino, ha escapado del mar, pero la justicia divina no le deja vivir'. Pero él sacudió el animal sobre el fuego y no sufrió daño alguno. Ellos estaban esperando que se hinchara o que cayera muerto de repente pero, después de esperar mucho tiempo y viendo que no le ocurría nada anormal, cambiaron de parecer y empezaron a decir que era un dios.

En las cercanías del aquel lugar tenía unas propiedades el principal de la isla, llamado Publio, quien nos recibió y nos dio amablemente hospedaje durante tres días. Precisamente el padre de Publio se hallaba en cama, atacado de fiebres y disentería. Pablo entró a verle, hizo oración, le impuso las manos y le curó. Después de este suceso, los otros enfermos de la isla acudieron y fueron curados. Tuvieron para con nosotros toda suerte de consideraciones y, a nuestra partida, nos proveyeron de lo necesario" (Hch 28, 1-10).

3. De este modo, Malta entró en el libro de los Hechos y ha unido su propia historia al nombre de Pablo. Este, aunque llegó a la isla en calidad de prisionero, pudo esparcir entre los habitantes la semilla evangélica, dando inicio entre ellos a la Iglesia.

Aquel que, en el libro mismo de los Hechos es calificado como "el principal" de la isla, Publio, es venerado como el primer obispo de la Iglesia de Malta. Inicio insigne, por tanto, de una acción evangelizadora, cuyos frutos consoladores yo mismo he podido constatar durante mi reciente viaje.

Entre los momentos más significativos de mi visita, cabe mencionar las celebraciones eucarísticas en Gozo, junto al santuario mariano de Ta' Pinu, la mañana del sábado, en la que a las numerosas personas allí reunidas les hablé sobre el tema de la familia; y luego en Floriana, en Malta, la tarde del domingo, cuando, en medio de una enorme multitud, celebré la solemnidad de la Ascensión, hablando a los fieles sobre el tema de la unidad, valor humano y cristiano fundamental.

Otros momentos importantes fueron el encuentro con el clero y con los religiosos en la concatedral de La Valetta, y el que tuvo lugar en el santuario de Mellieha con los padres de los centenares de misioneros y misioneras malteses esparcidos por el mundo. Recé con los enfermos en la gruta de san Pablo, en Rabat, y tuve un encuentro ecuménico, en el que participaron también representantes de las comunidades musulmanas, judías e hindúes, en la antigua catedral de Mdina.

También fue significativo el encuentro con los trabajadores en Cottonera: con ellos hablé sobre la necesidad de una nueva solidaridad de cara al futuro del mundo. Y no faltó el encuentro con el mundo de la cultura, que me ofreció la oportunidad de recordar a los intelectuales sus responsabilidades.

Lleno de fervor y entusiasmo fue el encuentro con los jóvenes, que me plantearon con gran espontaneidad sus preguntas; yo, por mi parte, les di las respuestas siempre válidas que es posible sacar de la palabra de Cristo.

4. El inmediato contacto con la población maltesa me permitió darme cuenta de la bravura y de la nobleza de esta gente, que en su historia plurisecular pudo asimilar los valores de civilizaciones diversas: de la civilización fenicia a la romana, de la civilización bizantina a la árabe. En 1530 pusieron su sede en Malta los Caballeros de la orden de san Juan de Jerusalén, quienes la embellecieron y fortificaron, haciendo de ella un baluarte contra todo embate y asalto externo. Se sabe que esta orden permaneció en la isla hasta el fin del siglo XVIII, y sucesivamente se dieron diversas dominaciones. El año 1964, Malta obtuvo su independencia.

Como testimonio de tantos acontecimientos quedan los majestuosos edificios y los espléndidos templos, que aportan una nota de suntuosidad al panorama pintoresco de la isla. La población actual se eleva a unos 350.000 habitantes, que son en su gran mayoría católicos. Los limitados recursos de la madre patria han forzado a numerosos malteses a emigrar, de forma que los ciudadanos que se hallan en el extranjero superan a los que residen en la patria. Por lo demás, en todos sigue vivo el sentido de la común identidad étnica, cultural y religiosa, que los accidentados avatares históricos no han podido ofuscar.

5. Conservo vivo en el corazón el recuerdo de la cordial acogida que recibí, y renuevo también en esta circunstancia la expresión de mi gratitud al arzobispo de Malta, al obispo de Gozo y a las autoridades eclesiásticas, al presidente y a todas las autoridades de la República, por la invitación que me dirigieron y por todo el empeño que pusieron para preparar convenientemente la visita.

A pesar de las pequeñas dimensiones, Malta es un país de notable importancia internacional. Su ubicación ha hecho de ella un lugar de encuentro de culturas e idiomas diversos. Aún hoy Malta conserva esta vocación a mediar entre los pueblos de toda la cuenca mediterránea. Ojalá que sepa continuar en esta que podría llamar su misión natural, sin jamás renunciar al precioso patrimonio de valores acumulado por las generaciones pasadas.

6. Al regresar a Roma, sentía aún profundamente las impresiones experimentadas durante la visita, ya que en esa isla, a la que había llegado san Pablo, se escribió un importante capítulo de la historia de la Iglesia, que el día de Pentecostés se había revelado al mundo como Pueblo de Dios, nacido de la cruz y de la resurrección de Cristo y ya en camino por los senderos de la tierra con el poder del Espíritu.

Aún hoy, después de dos mil años, podemos escuchar las palabras oídas por san Pablo, prisionero a causa del Evangelio: "¡Ánimo!, pues como has dado testimonio de mí en Jerusalén, así debes darlo también en Roma (Hch 23, 11).

Esa invitación a tener ánimo hemos de recogerla todos, comenzando por quien tiene la responsabilidad de la Iglesia de Roma. Sí, amadísimos hermanos y hermanas, eso vale para mí, pero vale también para cada uno de vosotros en la continuidad de aquella fe, por la que el Apóstol Pablo derramó su sangre precisamente aquí en Roma.

Saludos

Doy mi más cordial saludo a los peregrinos de América Latina y de España presentes en esta Audiencia. Asimismo me es grato saludar de modo particular a los sacerdotes y laicos de la Arquidiócesis colombiana de Medellín, a los alumnos del colegio valenciano “Arzobispo Fabián y Fuero”, de Villar del Arzobispo, y a los jóvenes deportistas argentinos, a los cuales me complace alentar a integrar de forma coherente en sus vidas los valores espirituales y humanos, y así poder presentar el verdadero rostro de Cristo y sus genuinas enseñanzas en la sociedad.

Con esta ferviente esperanza, imparto con afecto a vosotros, al igual que a las demás personas de lengua española, mi bendición apostólica.

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