Audiencia general del 24 de febrero de 1982

Autor: Juan Pablo II

 

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 24 de febrero de 1982

 

1. "Memento, homo, quia pulvis es, et in pulverem reverteris". "Paenitemini, et credite Evangelio".

Con estas invitaciones se dirige hoy la Iglesia personalmente a cada hombre y, ante todo, a cada uno de sus hijos e hijas, para anunciarles la Cuaresma.

Como el ayuno de cuarenta días de Jesús de Nazaret en el desierto precedió al anuncio del Evangelio del reino de Dios, así, cada año, la Cuaresma prepara a la Iglesia a renovarse según este Evangelio en las solemnidades pascuales.

Hoy nos encontramos en la liturgia de la ceniza, que celebraré en la iglesia de la Estación cuaresmal de Santa Sabina en el Aventino, partiendo con la procesión penitencial desde la basílica de San Anselmo.

Deseo recordar, desde el principio, a todos los que han venido para participar en la acostumbrada audiencia general de los miércoles, la invitación de la liturgia de la ceniza, deseando que el período de la Cuaresma se convierta para cada uno en tiempo de conversión y de gracia, tiempo de profunda renovación en el Espíritu.

2. Luego, quiero dedicar mi meditación de hoy al servicio pastoral que, gracias a la Providencia Divina, he podido reanudar en medio de las Iglesias en los países africanos, a saber, Nigeria, Benín, Gabón y Guinea Ecuatorial, los pasados días, del 12 al 19 de febrero.

Las experiencias adquiridas durante la precedente visita al continente africano, en mayo de 1980, fueron una preparación a los deberes pastorales vinculados a la presente visita, deberes que corresponden al desarrollo de la vida y de la misión de la Iglesia en cada uno de los países de África.

Conviene que siempre nos remontemos al origen de esta misión. Pensemos con emoción especial en aquellos que durante el siglo XVII, llegaron los primeros con la palabra del Evangelio a los países del Golfo de Guinea. Quizá su misión puso las raíces más profundas en el más pequeño de los países visitados: Guinea Ecuatorial, donde casi el 85 por ciento de sus 300.000 habitantes está formado por los católicos.

Sin embargo, la segunda llegada de los misioneros dejó por todas partes un resultado duradero, llegada que se remonta a diversos períodos del siglo XIX. El lugar más antiguo que da testimonio de esta segunda oleada de evangelización, es el templo dedicado a la Madre de Dios en Libreville, del año 1844.

El múltiple esfuerzo de los misioneros, emprendido en el siglo pasado y continuado sucesivamente en el siglo XX, ha plasmado la iglesia en su forma actual en todos los citados países de África.

Sin embargo, hay que pensar y hablar de esta forma actual como de un nuevo período de evangelización, que coincide con el proceso de descolonización y de formación de los Estados africanos independientes. Así, pues, la Iglesia en África, sin dejar de ser "misionera", actualmente se ha convertido ya en Iglesia "africana" regida, en su mayoría, por obispos que son hijos de sus sociedades, con una participación siempre creciente del clero indígena en la pastoral y de las congregaciones religiosas locales, sobre todo femeninas, y también del laicado africano (que se hace evidente de modo especial después del Vaticano II). Este laicado, por lo demás, ha realizado desde el comienzo los deberes fundamentales de la Iglesia "misionera", sobre todo mediante el trabajo de los catequistas laicos.

3. Precisamente en este período he podido visitar, por segunda vez, la Iglesia en África y, por lo mismo, una vez terminada esta visita, doy las gracias ante todo a Dios, y luego, a los hombres, que han sido coartífices y cooperadores del servicio misionero del Obispo de Roma.

Al pensar y hablar de la Iglesia africana en cada uno de los países recientemente visitados, hay que tener ante los ojos, en primer lugar, a estos países mismos en sus múltiples características: étnicas, socioeconómicas, políticas, etc. Basta recordar que en el periplo de la visita papal se encontraba Nigeria con casi 80.000.000 de habitantes, y actualmente es el mayor país africano que se halla en vías de un fuerte desarrollo económico. Y luego, la República Popular de Benín, con una población de casi 3.500.000; Gabán, cuya capital Libreville hace recordar las capitales de los países más modernos de Occidente, mientras la República en su conjunto tiene apenas 1.200.000 ciudadanos; finalmente, la ya mencionada Guinea Ecuatorial, que acaba de salir de una enorme crisis, cuyas huellas se ven aún en las destrucciones producidas durante el período precedente.

Desde el punto de vista de la lengua, Nigeria emplea la lengua inglesa junto con muchas lenguas locales, entre las que parecen dominar tres ("jomba", "ibo", "hausa "); Benín y Gabón tienen la lengua francesa a nivel oficial, además de muchas lenguas locales; en Guinea se habla la lengua española, además de las locales.

4. Por lo que se refiere a la situación religiosa, por todas partes coexisten con la Iglesia católica otras diversas Iglesias y Confesiones cristianas, y se desarrolla la cooperación ecuménica. En Nigeria, cerca del 40 por ciento de la población esta formado por musulmanes, sobre todo en la parte septentrional del país. Lo mismo en la República de Benín, donde el 15 por ciento de la población es de musulmanes, presentes sobre todo en la parte septentrional.

La actividad misionera de la Iglesia se deja orientar en este campo por los principios de la enseñanza sobre el Pueblo de Dios contenidos en la Constitución Lumen gentium, y por las indicaciones de los otros documentos del Concilio Vaticano II, buscando, en relación con el Islam, los caminos del acercamiento y del diálogo.

Finalmente, una parte notable de la población está formada en estos países por los seguidores de las religiones tradicionales "africanas" (animistas), que continuamente parecen demostrar una gran disponibilidad para aceptar el cristianismo. Sólo con estos datos se ve ya que la Iglesia en África, aun contando actualmente con las propias estructuras normales, no deja de ser "misionera" y no puede dejar de serlo.

En este campo se vislumbra una novedad, a saber, que esta Iglesia se convierte en "misionera" también como Iglesia "africana", y esto no sólo mediante la actividad de los misioneros blancos, cuya presencia y trabajo son, a pesar de todo, constantemente necesarios y deseables.

Mirando al conjunto de la vida y de la misión de la Iglesia en África, vemos cuán oportuna aparece toda la obra del Concilio Vaticano II, sus formulaciones fundamentales de naturaleza eclesiológica y sus orientaciones pastorales. La visita a la iglesia en África predispone a una gratitud especial al Espíritu Santo, que en tiempo oportuno y de modo apropiado permite sacar del eterno tesoro de la Sabiduría y del Amor divino "lo nuevo y lo añejo" (Mt 13, 52).

5. Es difícil "contar", en esta meditación, toda la peregrinación del Papa a África, que ha durado 8 días. También resulta difícil intentar análisis separados de cada una de las etapas. Por otra parte, éstas, bajo el aspecto de la duración, han sido diversas: en Nigeria, más de 4 días; en los otros países, el resto del tiempo. Sin embargo, parece que —teniendo en cuenta incluso las proporciones cuantitativas— se ha observado una "paridad" fundamental, esto es, de sustancia, en las varias etapas. Por esto, el fundamento para los análisis detallados se puede encontrar en la crónica de cada etapa, en las homilías y en los discursos pronunciados.

No obstante, tratemos de formular algunas observaciones conclusivas de naturaleza más sintética.

a) En cada uno de los países visitados nos encontramos con una Iglesia constituida ya como "africana"; sin embargo, la empresa de la misión y, por lo tanto, de la obra de evangelización de esta Iglesia "africana" no se realiza en el mismo grado. Esto quizá resulta más plenamente evidente en Nigeria, sobre todo en algunas diócesis, que tienen gran cantidad de vocaciones y comienzan ya a enviar los propios misioneros. Sin embargo, en la misma Nigeria hay diócesis que padecen por el momento falta de clero.

Continúan teniendo un significado fundamental para la misión de la Iglesia las escuelas y los hospitales y los otros institutos de asistencia, dado el doble carácter de la evangelización: mediante la palabra (enseñanza) y mediante la acción (amor y misericordia).

Hay una cosa interesante que merece ser examinada: de qué modo esta nueva etapa de la evangelización, en la que la Iglesia actúa ya como "africana", refleja la etapa precedente, la "misionera"; y cuántos frutos da, en esta nueva etapa, el trabajo de los misioneros de la etapa precedente, incluso en aquello que para ellos constituía la precedencia en ese trabajo. (Así, por ejemplo, en Nigeria se ve un tipo de trabajo propio de los misioneros especialmente irlandeses, mientras que en Gabón se trata de misioneros sobre todo franceses).

b) La Iglesia africana, en cada uno de estos países que he visitado, se encuentra frente a diversas formas de materialismo, que vienen de Occidente y de Oriente. El materialismo teórico como programa político, por una parte, y el materialismo práctico como coeficiente del desarrollo económico, ligado al liberalismo, por otra. Aunque es difícil valorar este encuentro según las experiencias europeas, sin embargo, no se puede, a la vez, prescindir de ellas.

Parece que la Iglesia africana puede contar con una más fuerte resistencia por parte de la religiosidad espontánea, incluso en su tradicional forma "africana", por lo que se refiere al encuentro con la ateización programada. Un ejemplo "extremo" aquí, en cierto sentido, lo da Guinea Ecuatorial (donde la mayoría está formada por católicos), y también, de algún modo, Benín, precisamente por lo que se refiere, entre otras cosas, a la resistencia por parte de los seguidores de la local "religión de los antepasados".

c) El paso a la etapa propia de la Iglesia africana requiere, como una de las tareas fundamentales, la evangelización de la cultura. La cultura africana es un "substrato" espléndido, que espera la encarnación del cristianismo. Aquí es necesario volver a leer a fondo los pasajes de la Lumen gentium y de la Gaudium et spes, pero también hay que guardarse de las diversas concepciones y sugestiones "apriorísticas" que se refieren a este tema: "Múltiples son los vínculos que existen entre el mensaje de salvación y la cultura humana. Dios, en efecto, al revelarse a su pueblo hasta la plena manifestación de Sí mismo en el Hijo encarnado, habló según los tipos de cultura propios de cada época...

"El Evangelio de Cristo... purifica y eleva incesantemente la moral de los pueblos. Con las riquezas de lo alto fecunda como desde sus entrañas las cualidades espirituales y las tradiciones de cada pueblo. Así, la Iglesia, cumpliendo su misión propia contribuye, por lo mismo, a la cultura humana y civil y la impulsa"... (Gaudium et spes, 58)

6. Al comienzo de la Cuaresma, que nos prepara a las fiestas pascuales, enviamos a nuestros hermanos en Nigeria, Benín, Guinea Ecuatorial y Gabón, particulares expresiones fraternas de unidad cristiana por estos caminos de la fe, esperanza y caridad, en los que toda la Iglesia, especialmente estos días, desea caminar.

Saludos

Amadísimos hermanos y hermanas:

Saludo cordialmente y doy la bienvenida a todos y cada uno de los peregrinos procedentes de diversos países de lengua española.

Hoy miércoles de ceniza, la Iglesia se dirige personalmente a cada uno de sus hijos e hijas para anunciarles la Cuaresma. A todos vosotros deseo que éste sea un tiempo de conversión, de gracia y al mismo tiempo de profunda renovación en el Espíritu.

Acabo de concluir mi visita pastoral a Nigeria, Benín, Gabón y Guinea Ecuatorial. En ese nuevo periodo de evangelización, la Iglesia en África, sin dejar de ser «misionera», ha pasado a ser Iglesia «africana». Es cada vez mayor el número de Obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas nativos, a la vez que aumentan los laicos y catequistas comprometidos en el apostolado. Terminada esta visita doy gracias ante todo a Dios y también a todas las personas que han colaborado en este servicio misionero del Obispo de Roma

Qusiera saluar de modo particular al grupo argentino «Niños y Jóvenes cantores de Bariloche». Que vuestra visita al Sucesor de Pedro os anime a ser buenos testigos de la fe y mensajeros de paz y alegría entre vustros hermanos.

 

 

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