Audiencia general del 16 de enero de 1985

Autor: Juan Pablo II

 

JUAN PABLO II

AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 16 de enero de 1985

Características de la enseñanza catequística

1. La catequesis plantea problemas de pedagogía. Sabemos por los textos evangélicos que el mismo Jesús quiso afrontarlos. En su predicación a las muchedumbres se sirvió de las parábolas para impartir su doctrina de un modo adecuado a la inteligencia de sus oyentes. En la enseñanza a los discípulos procede gradualmente, teniendo en cuenta sus dificultades en comprender; y así sólo en el segundo período de su vida pública anuncia expresamente su camino doloroso y sólo al final declara abiertamente su identidad de Mesías y también de "Hijo de Dios". Constatamos asimismo que en los diálogos más reservados comunica su revelación respondiendo a las preguntas de los interlocutores y usando un lenguaje accesible a su mentalidad. Algunas veces Él mismo hace preguntas y suscita problemas.

Cristo nos ha hecho ver la necesidad de adaptar la catequesis de muchas maneras, según los grupos y personas a los que va dirigida. Nos ha indicado igualmente la índole y límites de dicha adaptación; presentó a sus oyentes toda la doctrina para cuya enseñanza había sido enviado y, ante las resistencias de quienes le escuchaban, expuso su mensaje con todas las exigencias de fe que comportaba. Recordemos el sermón sobre la Eucaristía, con ocasión del milagro de la multiplicación de los panes; no obstante las objeciones y defecciones, Jesús sostuvo su doctrina y pidió a los discípulos su adhesión (cf. Jn 6, 60-69). Al transmitir a sus oyentes la integralidad de su mensaje contaba con la acción iluminadora del Espíritu Santo que iba a hacer comprender más tarde lo que no podía entenderse inmediatamente (cf. Jn 14, 26; 16, 13). Por tanto, tampoco para nosotros la adaptación de la catequesis debe significar reducción o mutilación del contenido de la doctrina revelada, sino más bien esfuerzo por hacer que se acepte con adhesión de fe, a la luz y con la fuerza del Espíritu Santo.

2. Siguiendo el ejemplo del único Maestro, que es Jesús, en su catequesis, la Iglesia ha procurado adaptarse a las personas a quienes quería comunicar la luz del Evangelio. Este esfuerzo por adaptarse se ha manifestado de manera particular en tiempos recientes, que se han caracterizado por el progreso en la especialización catequética; de hecho se han multiplicado los institutos de formación catequética, se han estudiado sistemáticamente los métodos de la catequesis y se han propuesto los caminos más eficaces de enseñanza religiosa. Es de desear que este esfuerzo continúe y siga progresando. Los problemas de la adaptación son muchos y difíciles, cambian según lugares y tiempos, y no dejarán de seguir planteándose también en el futuro.

Hay que notar que estos problemas hoy están relacionados con los del desarrollo de los nuevos medios de comunicación social. Al lado de formas sencillas y tradicionales de catequesis, hay lugar para una enseñanza catequística que emplee los medios más modernos de la difusión. La Iglesia no puede dejar de alentar los intentos de crear formas nuevas de transmisión de la verdad evangélica. Toda buena iniciativa en este campo debe verse con favor y nos debemos felicitar con quienes asumen el papel de pioneros en este campo.

3. Por consiguiente, la catequesis no pretende fosilizarse en lo que se hizo anteriormente. Como reconocí en la Exhortación Catechesi tradendae, la catequesis "tiene necesidad de renovarse continuamente en un cierto alargamiento de su concepto mismo, en sus métodos, en la búsqueda de un lenguaje adaptado, en el empleo de nuevos medios de transmisión del mensaje" (n. 17). Puede decirse que la catequesis, como la Iglesia misma, está siempre en tensión hacia un porvenir mejor que el pasado, porvenir que exige colaboración activa de todos los interesados y apertura atenta a los progresos de la sociedad humana.

La necesidad de renovación pide esfuerzo constante de reflexión sobre los resultados obtenidos. No se puede partir del principio de que todo lo nuevo es bueno y fecundo: lo importante es verificar con la experiencia la eficacia del camino que se ha seguido. Si en tiempos recientes ha habido un esfuerzo notable en el desarrollo de los métodos catequísticos, no se puede sin embargo ignorar que en varios lugares se han lamentado frecuentemente lagunas y resultados nada felices de ciertos métodos nuevos. El Sínodo de 1977 no dejó de indicar, "junto a un progreso innegable en la vitalidad de la actividad catequética y a iniciativas prometedoras, las limitaciones e incluso las deficiencias de lo que se ha realizado hasta el presente", (Catechesi tradendae, 17). Dichas deficiencias deben provocar la revisión atenta de los medios empleados y de la doctrina transmitida.

4. El Sínodo destacó en especial la necesidad de una enseñanza orgánica y sistemática, no improvisada. Si es verdad que "la repetición rutinaria lleva al estancamiento, al letargo y, en definitiva, a la parálisis», es preciso reconocer también que "la improvisación irreflexiva engendra desconcierto en los catequizados y en sus padres, cuando se trata de los niños, causa desviaciones de todo tipo, rupturas y finalmente la ruina total de la unidad" (ib.).

Además del carácter sistemático con programa y objetivo preciso, otras tres características de la enseñanza catequística fueron recordadas al final de los debates del Sínodo. Debe ser una enseñanza que insista en lo esencial, que "no pretenda abordar todas las cuestiones disputadas ni transformarse en investigación teológica o en exégesis científica; una enseñanza, no obstante, bastante completa, que no se detenga en el primer anuncio del misterio cristiano, cual lo tenemos en el kerigma; una iniciación cristiana integral, abierta a todas las esferas de la vida cristiana" (Catechesi tradendae, 21).

La voluntad de dar una enseñanza completa brota espontáneamente de una actitud de fe y amor que se adhiere a toda la Revelación y desea comunicarla. El espíritu de fe es esencial a toda catequesis cristiana. No serían suficientes la búsqueda y puesta a punto de los métodos más aptos, si no estuvieran animados de dicho espíritu de fe. Los aspectos científicos de la pedagogía no podrían suplir una falta de fe. En realidad, la fe es la que estimula al catequista a buscar el método mejor para exponer y transmitir la doctrina. La fe es la que constituye el alma de la catequesis e inspira todo el esfuerzo de la pedagogía en la enseñanza religiosa.

Por otra parte, siendo la catequesis uno de los modos de transmitir la Revelación en la Iglesia, no puedemenos de estar regulada en sus contenidos y métodos por la estructura propia de dicha transmisión, la cual comporta conexión indisoluble entre Sagrada Escritura, Tradición y Magisterio (cf. Dei Verbum, 10). Sobreesta estructura tendremos ocasión de volver en Instrucciones posteriores.

Saludos

Deseo presentar mi cordial saludo a todos los peregrinos de lengua española. En particular al grupo de alumnos del Colegio El Pinar de Valldoreix en Barcelona, de las Hijas de Nuestra Señora del Sagrado Corazón, con sus profesores y familiares. Al grupo de estudiantes mexicanos del «Oak Language Center» de los Legionarios de Cristo.

De Brasil a los peregrinos procedentes de São Paulo, Belo Horizonte, Porto Alegre y Río de Janeiro.

A todos los peregrinos procedentes de España y de los diversos países de América Latina, imaprto de corazón mi bendición apostólica.

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