grasias
Pregunta hecha por Emanuel el día 11/25/2012:

Buenas señor franck solo le queria dar las grasias por ayudarnos a responder todas las dudas y ayudarnos a ir por el camino de salvacion.Ya que grasias a usted e podido descubrir cosas que no me abian enseñado en la catequesis porque fue una catequesis un poco simple (yo lo hice a los 16 años) y por eso no conocia muchas cosas y enseñansas de la iglesias pero grasias a usted y a esta seccion e podido comprender y interesarme las cosas de mi fe y mi iglesia. Solo le puedo desir una frase que escuche por hay "grasias por estar". que la santisima trinidad lobendija y cuide a usted y a los suyos.

si no es una molestia me podria dar su opinion sobre esto, estoy estudiando temas de fe (catesismo, CVII, ect), entres los temas esta el de la Acedia y quisiera que me dijera si este dicho "El perezoso o acidioso, aunque no es capaz de realizaciones concretas, deja que su imaginación construya castillos en el aire, en los que él es protagonista de cuanto no hace en la vida real" quiere decir que algien que vive soñando hacer algo grande o importante, nada fantacioso, que el podria hacer de verdad, trabajo, viaje, retiro, noviasgo, ect. Y no lo cumple, solo lo sueña y se niega a intentarlo para ver si lo logra o no, estoy en lo correcto y quisiera preguntarle en que se refiere a que la curiosidad es una hija de la acedia, si es la curiosidad en general o solo en las cosas inlicitas (como dice en su calificacion, divagacion en las cosas prohibidas) ya que no esplica si es en general o solo en lo inlicito (la duda surge cuando somos chicos siempre somos curiosos y cuando grandes tambien, tantopor entender como funciona nuestro entorno, como tambien puede ser por saber las cosas de la fe y de Dios). desde ya muchas grasias. bendiciones

Respuesta por Frank Morera el día 11/26/2012:

Hola Emanuel.Lo que dices no es Acedia, la Acedia va ligada con la tristeza de todo y el evadir la realidad... Las personas pueden tener suenos futuros pero no pueden entristeces el presente por ellos. Te copio lo que dice Monsenor Juan del Río Martín, Arzobispo Castrense de Espana: Sentirse triste es un estado de ánimo que se da con frecuencia y que comporta un malestar psicológico que en ocasiones no se sabe como describirlo. Sin embargo, estar apenado en un determinado momento no es suficiente para afirmar que se padece depresión. Hay una tristeza llamada normal, que es la situación de abatimiento o desánimo como consecuencia de unos acontecimientos o situaciones personales difíciles. Hay también lo que pudiéramos denominar una tristeza buena, que es aquella provocada por el arrepentimiento de nuestros pecados y que nos lleva a reparar el mal y a tener más confianza en Dios. En cambio, la tristeza mala es aquel estado del alma, lo que los antiguos monjes conocían bajo el nombre de acedía, que se caracteriza por el sufrimiento de estar en el mundo, junto a un desinterés total por la vida. Este tipo de tristeza viene más bien ocasionado por la incertidumbre interior y la ausencia de propia realización; acerca de ella decía Casiano:

“La tristeza es áspera, impaciente, dura, llena de amargor y disgusto, y le caracteriza también una especie de penosa desesperación. Cuando se apodera de un alma, la priva y aparta de cualquier trabajo y dolor saludable” (Instituciones, 9).

La acedia es la gran tentación para el solitario eremita y para el solitario moderno del asfalto y del estrés del ejecutivo. El hombre se siente traspasado hasta el límite. El alma se embrolla y el corazón se endurece. Todo se pone en cuestión y se llega a comportamientos infantiles que son impensables. San Gregorio Magno enumera las consecuencia de la acedia como: “la desesperación, desaliento, mal humor, amargura, indiferencia, somnolencia, aburrimiento, evasión de sí mismo, hastío, curiosidad, dispersión en murmuraciones, intranquilidad del espíritu y del cuerpo, inestabilidad, precipitación y versatilidad” (Anselm Grüm Nuestras propias sombras. Tentaciones. Complejos. Limitaciones, 3, p. 68). Por ello, en el mundo moderno existe un vínculo entre depresión y acedía, cuya curación no se consigue sólo por medio de la medicina, sino que hay que tener presentes los elementos espirituales de la persona. Para superar esta tristeza del alma, el venerable Juan Pablo II proponía que “la clave para ayudar a una persona con depresión es el amor y la oración. Las personas que cuidan de los enfermos deprimidos deben ayudar a recuperar la propia estima, la confianza en sus capacidades, el interés por el futuro, las ganas de vivir…, hacerles percibir la ternura de Dios… En el camino espiritual son de gran ayuda la lectura y la meditación de los salmos, el rezo del Rosario, la participación en la Eucaristía, fuente de paz interior” (Juan Pablo II, XVIII Conferencia Internacional sobre la Depresión). ¿De dónde nace esta tristeza existencial? De aquellas ideas dominantes que conllevan al desánimo o lo fomentan. Son aquellas que están en la cultura nihilista que domina la sociedad y que tiene en muchos casos sus altavoces en los Medios de Comunicación Social. Podemos enunciar algunas: menospreciar el trabajo como realización de la persona, desnaturalización de los lazos entre los hombres, ver al otro como un infierno, la visión psico-analítica freudiana que reduce al hombre a sus pulsiones, la misma desestabilización de la familia, las estructuras de pecado, que no tienen otra consecuencia que la desestructuración de la persona humana y abren verdaderos focos de depresión, desviando finalmente al hombre de su camino hacia Dios. El antídoto de la acedía es la alegría; no es propio del cristiano estar triste, ya que así es muy difícil progresar en la vida espiritual y, por lo tanto, en el amor a Dios y a los hermanos. La tristeza predispone al mal porque es “como la polilla al vestido y la carcoma a la madera, así la tristeza daña el corazón del hombre” (Prov 25,20); hay, pues, que luchar contra ese estado del alma: “Anímate, pues, y alegra tu corazón, y echa lejos de ti la congoja; porque a muchos mató la tristeza. Y no hay utilidad en ella” (Ecl. 30,24-25). Además, por una razón muy sencilla que nos dice el poeta converso a la fe católica Paul Claudel: “La alegría es la primera y la última palabra del Evangelio”. ——-



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