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A SAN JOSÉ

   NOVENA DE LOS
SIETE DOLORES
Y GOZOS

 

 

"A otros santos parece les dio el Señor gracia para socorrer en una necesidad; el Glorioso San José, tengo experiencia,  que socorre en todas. Sólo pido por amor de Dios que lo pruebe quien no creyere y verá por experiencia cuan gran bien es recomendarse a ese glorioso Patriarca y tenerele devoción". 
                            
(Sta. Teresa de Jesús)

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

¡Oh castísimo esposo de María Santísima, glorioso San José!, así como fue grande la aflicción y la angustia de vuestro corazón en la perplejidad de abandonar a vuestra purísima Esposa, así fue de inefable la alegría de cuando el Ángel os reveló el soberano misterio de la Encarnación. Por este dolor y este gozo os pedimos que consoléis nuestra alma ahora y en nuestros últimos dolores con la alegría de una vida justa y de una santa muerte semejante a la vuestra, asistidos de Jesús y María. 

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…

!Oh felicísimo Patriarca, glorioso San José, que fuisteis escogido para padre adoptivo del Verbo humanado!, el dolor que sentisteis viendo nacer al Niño Jesús en tanta pobreza se trocó súbitamente en celestial alegría al oír la armonía de los ángeles y ver la gloria de aquella noche tan resplandeciente. Por este dolor y este gozo os suplicamos nos alcancéis que, después del camino de esta vida, vayamos a escuchar las alabanzas de los ángeles y a gozar de los resplandores de la gloria celestial. 

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…

¡Oh ejecutor obedientísimo de las leyes divinas, glorioso San José, la sangre preciosísima que el Niño Redentor derramó en la Circuncisión os traspasó el corazón; mas el nombre de Jesús os lo confortó, llenándole de alegría. Por este dolor y este gozo alcanzadnos que, quitando de nosotros todo pecado en esta vida, expiremos gozosos, con el nombre santísimo de Jesús en el corazón y en los labios. 

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…

¡Oh fidelísimo Santo, que tomasteis parte en los misterios de nuestra Redención, glorioso San José!, si la profecía de Simeón sobre lo que Jesús y María habían de padecer os causó una pena mortal, os colmó también de un santo gozo anunciándoos la salvación y resurrección que de ahí se seguiría para innumerables almas. Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que seamos del número de aquellos que por los méritos de Jesús y la intercesión de la Virgen Madre, han de resucitar gloriosamente. 

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria...

¡Oh vigilantísimo Custodio del Hijo de Dios hecho hombre, glorioso San José!, ¡cuánto padecisteis en sustentar y servir al Hijo del Altísimo, particularmente cuando tuvisteis que huir a Egipto! Pero, ¡cuánto también gozasteis teniendo siempre con Vos al mismo Dios, y viendo derribarse por tierra los ídolos de los egipcios! Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que teniendo lejos de nosotros al tirano infernal, especialmente con huir de las ocasiones peligrosas, caiga de nuestro corazón todo ídolo de afecto terreno, y ocupados del todo en servir a Jesús y María, vivamos tan sólo para ellos y muramos felizmente. 

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…

!Oh Ángel de la tierra, glorioso San José !, que admirasteis al Rey del Cielo sujeto a vuestras órdenes: si vuestro gozo al traerle de Egipto se turbó con el temor de Arquelao, tranquilizado después por el Ángel, vivisteis gozoso en Nazaret con Jesús y María. Por este dolor y este gozo, alcanzadnos que, libre nuestro corazón de temores nocivos, gocemos de la paz de la conciencia, vivamos seguros con Jesús y María, y muramos en su compañía. 

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…

!Oh modelo de toda santidad, glorioso San José!, perdido que hubisteis, sin culpa vuestra, al Niño Jesús, le buscasteis, para mayor dolor, durante tres días, y al cabo os gozasteis con sumo júbilo al hallarlo en el templo entre los doctores. Por este dolor y este gozo os suplicamos entrañablemente intercedáis para que no nos suceda jamás perder a Jesús por culpa grave; mas si, por desgracia, lo perdiésemos, haced que lo busquemos con incansable dolor, hasta hallarlo favorable, sobre todo, en nuestra muerte, para ir a gozarle en el Cielo y cantar eternamente con Vos sus divinas misericordias.

Padrenuestro…, Avemaría…, Gloria…


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