FERIAS DE ADVIENTO 
del 17 al 24 de diciembre

El tiempo de Adviento tiene un cambio importante a partir de la octava anterior a la Navidad, pues tanto en la Liturgia de las Horas como en la Eucaristía se celebra ya sólo el acontecimiento dela venida en la carne del Hijo de Dios, leyéndose los llamados «evangelios de la infancia de Jesús» junto con pasajes proféticos alusivos a los evangelios de cada día. En las oraciones se pide generalmente la plena participación en el misterio de la encarnación del Señor mediante la vida sacramental que comenzó en el bautismo y se acrecienta en la Eucaristía.  

23 de diciembre


«Un niño nos va a nacer y su nombre es: Dios guerrero; El será la bendición de todos los pueblos. »  
(Antífona de Entrada, Cf. 
Is 9, 6; Sal 71, 17)

«Estoy a la puerta llamando: si alguien oye y me abre, entraré y comeremos juntos.»
(Antifona de Comunión, Ap 3, 20)

Reflexión

¡Oh Niño, que has querido tener como cuna un pesebre; oh Creador del universo, que te has despojado de la gloria divina; oh Redentor nuestro, que has ofrecido tu cuerpo inerme como sacrificio para la salvación de la humanidad!

Que el fulgor de tu nacimiento ilumine la noche del mundo. Que la fuerza de tu mensaje de amor destruya las asechanzas arrogantes del maligno. Que el don de tu vida nos haga comprender cada vez más cuánto vale la vida de todo ser humano.

Demasiada sangre corre todavía sobre la tierra. Demasiada violencia y demasiados conflictos turban la serena convivencia de las naciones!

Tú vienes a traernos la paz. Tú eres nuestra paz. Sólo tú puedes hacer de nosotros "un pueblo purificado" que te pertenezca para siempre, un pueblo "dedicado a las buenas obras" (Tt 2,14).

Puer natus est nobis, filius datus est nobis! ¡Qué misterio inescrutable esconde la humildad de este Niño! Quisiéramos como tocarlo; quisiéramos abrazarlo.

Tú, María, que velas sobre tu Hijo omnipotente, danos tus ojos para contemplarlo con fe: danos tu corazón para adorarlo con amor.

En su sencillez, el Niño de Belén nos enseña a descubrir el sentido auténtico de nuestra existencia; nos enseña a "llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa" (Tt 2,12).

¡Oh Noche Santa y tan esperada, que has unido a Dios y al hombre para siempre! Tú enciendes de nuevo la esperanza en nosotros. Tú nos llenas de extasiado asombro. Tú nos aseguras el triunfo del amor sobre el odio, de la vida sobre la muerte. Por eso permanecemos absortos y rezamos.

En el silencio esplendoroso de tu Navidad, tú, Emmanuel, sigues hablándonos. Y nosotros estamos dispuestos a escucharte. Amén.
 
(Misa de Medianoche, Homilía de S.S. Juan Pablo Navidad, 24 de diciembre de 2003).

Oración

Señor y Dios nuestro, a cuyo designio se sometió la Virgen Inmaculada aceptando, al anunciárcelo el ángel, encarnar en su seno a tu Hijo: tú que la has transformado, por obra del Espíritu Santo, en templo de tu divinidad, concédenos siguiendo su ejemplo, la gracia de aceptar tus designios con humildad de corazón. Por Nuestro Señor Jesucristo.  Amén.

               
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