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Carta de Pepe Alonso para el mes de mayo

Miami, mayo del 2020

Hermanas y hermanos.

Nunca hemos vivido en un momento como este. Esto no tiene precedentes. Sin embargo, la Biblia nos dice que los tiempos han sido extraños antes. Abres tu Biblia y lees sobre pestes, miedos, guerras, tiempos oscuros, etc. La Biblia está escrita para tiempos como este. Creo que es un momento en el que necesitamos cimentar nuestra fe. Si alimentas tu fe, tus miedos morirán de hambre. Si alimentas tus miedos, tu fe morirá de hambre. Nuestra tendencia es alimentar nuestros miedos. Tenemos que hacer cosas intencionales para mantener nuestra fe.

Los buenos tiempos tienden a arrullarnos hasta dormirnos en una indiferencia espiritual, como si nuestra fe pudiera mantenerse por sí misma al llegar la crisis. Ese simplemente no es el caso. Es por eso que muchos cristianos, en lugar de entregarse al Señor con una seguridad profunda y serena en medio de la crisis, sacuden sus puños frente a Dios y dicen, “¿Dónde estás?” No han llegado a conocer que Dios es soberano, nos ama y tiene cuidado de nosotros, tanto en los buenos tiempos como en los malos.

Una crisis de fe es aquel momento en el cual una persona debe decidir si creer o no que Dios Es quien dice que Es, y hará lo que ha dicho que hará en medio de circunstancias desafiantes. Una crisis de fe coloca a los cristianos en la posición de aceptar o rechazar la identidad de Dios como ha sido revelada en Su Palabra. La fe también coloca a los cristianos en la posición para decidir si aceptar o rechazar su propia identidad en Cristo.

Los cristianos que están en medio de una crisis de fe a menudo se encuentran preguntando: «¿Tengo suficiente fe? ¿Realmente estoy escuchando a Dios? ¿Es este un castigo por una mala decisión que tomé?” Salmo 34: 20 dice: «Aunque el justo padezca muchos males, de todos los librará el Señor». Sin duda, los creyentes tendrán malas experiencias, sin embargo, Dios siempre los capacitará para persistir en medio de ellas.

Elegir la fe sobre el miedo en medio de la avalancha de noticias y titulares negativos comienza con un cambio del pensamiento.Necesitamos protegernos de esas cosas porque pueden absorbernos.

Nos dice la Palabra de Dios: “Todo pensamiento tendrá que rendirse a nosotros y someterse a Cristo” 2 Corintios 10, 5

Esto significa que cuando nos venga esa avalancha de malas noticias, rezamos: “Sé que parece que las cosas están empeorando, pero Señor, tú tienes el control y no me voy a rendir ante eso. Te doy mi miedo. En lugar de permitir la ansiedad en mi corazón, te pido que la fe llene mi corazón para que luego crea que aunque las cosas son difíciles, creo en un Dios bueno y Tú está en control. Conviérteme, Señor, en uno que acoge la esperanza en Tí en lugar del miedo”. Es tiempo de hacernos esta pregunta: Señor, ¿qué me estás diciendo durante esta crisis?. Dios está "hablando con el mundo" a través de la pandemia mundial.

Creo que su mensaje es personal y global. Algunos de nosotros necesitamos escuchar algo individualmente.

C.S. Lewis solía decir que: “El dolor y sufrimiento son el megáfono de Dios para un mundo sordo”. Y es que ciertamente cuando nos va mal, es cuando comúnmente vamos más rapidito a buscar a Dios. Sin embargo, cuando entramos en una crisis profunda, nuestro marco de referencia comienza a bombardearnos con argumentos y referenciasde lo que sabemos por experiencias o hemos aprendido de otros. Esto nos puede paralizar o impulsarnos hacia la frustración, depresión —y en el caso de la fe— puede llevarnos a dejar la fe por completo. En términos bíblicos, nos puede llevar a la apostasía.

Apostasía (del griego), significa “un desafío de un sistema establecido o autoridad; una rebelión; un abandono o abuso de fe”. En el mundo del primer siglo, la apostasía era un término técnico para la revuelta política o deserción. Hoy existen dos tipos principales: Alejándose de las doctrinas claves y verdaderas de la Palabra de Dios y la Doctrina de la Iglesia a las corrientes mundanas de pensamiento. Por eso nos advierte San Pablo: El Espíritu nos dice claramente que en los últimos tiempos algunos renegarán de la fe para seguir espíritus seductores y doctrinas diabólicas. (1 Timoteo 4, 1), o una renuncia completa a la fe cristiana, que resulta en un abandono completo de Cristo.

Por esta razón, es imperativo que estemos capacitados para lidiar con crisis como la actual . Es necesario estar listos por nosotros mismos y por aquellos a quienes Dios nos dio el privilegio de convivir.

Quizás en tu mente, ahora mismo buscas cómo resolverías una crisis con el fin de no darle las espaldas a Cristo. Es mi intención poder proveerles una herramienta poderosa que nos ayudará a atravesar la crisis en el futuro.

Ante este reto, debemos orar y actuar de corazón lo que Pablo escribió en Efesios 6: 13-17: Por eso pónganse la armadura de Dios, para que en el día malo puedan resistir y mantenerse en la fila valiéndose de todas sus armas. Tomen la verdad como cinturón, la justicia como coraza; tengan buen calzado, estando listos para propagar el Evangelio de la paz. Tengan siempre en la mano el escudo de la fe, y así podrán atajar las flechas incendiarias del demonio. Por último, usen el casco de la salvación y la espada del Espíritu, o sea, la Palabra de Dios.

Si tomamos en serio lo que Pablo, inspirado por el Espíritu Santo, expresa en estos versículos, tenemos una idea clara de cuál es la solución para no abandonar la fe, ante la Crisis. Te comparto esta oración que nos sirve, cada día, al principiaré nuestro jornada a revestirnos de esta armadura de Dios:

Padre Celestial, yo hoy pido la Protección de tu Armadura, para que pueda permanecer firme contra Satanás y todas sus huestes, y en el Nombre de Jesús vencerlas.

Yo tomo el cinturón y me ciño con tu verdad contra las mentiras y los errores del Enemigo astuto.

Yo tomo tu la coraza de la justicia para vencer los malos pensamientos y las acusaciones de Satanás.

Yo tomo las sandalias del Evangelio de la Paz, y dejo la seguridad y las comodidades de la vida, para llevar tu Evangelio.

Y por encima de todo, tomo el escudo de la fe, para cerrar el camino de mi alma a las dudas e incredulidades.

Yo tomo el casco de la Salvación y confío en Ti, para que protejas mi mente y mi alma contra los ataques de Satanás.

Yo tomo la espada de tu Palabra para que el Espíritu Santo me capacite, para usarla eficazmente contra el Enemigo, para cortar toda esclavitud, y para liberar a todo cautivo de Satanás, en el Poderoso y conquistador Nombre de Jesucristo, mi Señor.

Yo me visto con esta Armadura, viviendo y orando en completa dependencia de Ti, bendito Espíritu Santo. Amén.

Tu hermano en Cristo,

Pepe Alonso