Deseo agradecer a todos los que han colaborado para hacer de
la Jornada Mundial de la Juventud un éxito: a los ciudadanos de Toronto, los
voluntarios, la policía, los bomberos, el alcalde y las autoridades en todos
los niveles del gobierno.
Mi saludo de corazón a las otras iglesias cristianas y
comunidades representadas aquí, así como a los seguidores de otras tradiciones
religiosas.
Mi deseo para todos ustedes aquí es que los compromisos que
han tomado en estos días de fe y celebración les traigan abundantes frutos de
dedicación y testimonio. Que siempre atesoren la memoria de Toronto!
Extiendo mi especial gratitud al Cardenal Ambrozic, Arzobispo
de Toronto, a los obispos de la Conferencia Episcopal canadiense y al Comité
Organizador. Mi agradecimiento también al Pontifico Consejo para os Laicos en
la persona de su presidente, el Cardenal James Francis Stafford.
Saludo a los cardenales y obispos que han llegado de otras
partes del mundo; y a todos los sacerdotes, diáconos y religiosos que
compartieron estos días con los jóvenes.
Al prepararnos para regresar a casa, les digo, en las
palabras de San Agustín: "Nos hemos alegrado juntos en la luz que
compartimos. Realmente hemos disfrutado estar juntos. Pero al separarnos, no nos
separemos de Él " (In Io.ev. tr., 35,9).
Gracias a todos los jóvenes de habla hispana. No teman
responder generosamente al llamado del Señor. Dejen que su fe brille en el
mundo, que sus acciones muestren su compromiso con el mensaje salvífico del
Evangelio!
Queridos jóvenes de habla portuguesa: la Jornada Mundial de
la Juventud no termina aquí; seguirá en sus vidas de fidelidad a Cristo. Sean
sal! Sean luz para el mundo a su alrededor!
Queridos jóvenes italianos: Mantengan vivo e regalo de la fe
que los ha sostenido en estos días. La Iglesia necesita su dedicación.
Arrivederci a Roma!
Queridos amigos de habla germana: Ustedes tienen que mantener
vivo de una manera especial el espíritu de la Jornada Mundial de la Juventud,
para preparase rumbo a Colonia 2005. Trabajen para construir una civilización
de amor y justicia.
¡Que su luz guíe a muchos otros al reino de santidad,
verdad y justicia de Cristo!
Mis pensamientos ahora se van hasta nuestra tierra natal,
Polonia, la que pronto visitaré de nuevo.
Nunca pierdan de vista su herencia cristiana. Es ahí donde encontrarán la
sabiduría y coraje que necesitan para enfrentar los enormes desafios morales y
éticos de nuestros tiempos. Los confío a todos a la protección de Nuestra
Señora de Jasna Góra.