"Ustedes son la sal de la tierra! Ustedes son la luz del mundo!" (Mt
5:13-14).
Queridos jóvenes de la XVII Jornada Mundial de la Juventud,
Queridos hermanos y hermanas,
1.En una colina cerca del lago de Galilea, los discípulos de
Jesús escucharon su voz gentil y urgente; como gentil era el paisaje de Galilea
y urgente como un llamado para elegir entre la vida y la muerte, entre la verdad
y la falsedad. El Señor pronunció palabras de vida que resonarán para siempre
en los corazones de sus seguidores.
Hoy les pronuncia las mismas palabras a ustedes, jóvenes de
Toronto y Ontario, de todo Canadá, de los Estados Unidos, del Caribe, de la
América de habla hispana, de la América de habla portuguesa, de Europa, de
África, Asia y Oceanía. ¡Escuchen la voz de Jesús en la profundidad de sus
corazones! Sus palabras les dicen quiénes son como cristianos. Les dicen lo que
deben hacer para permanecer en su amor.
2. Pero Jesús les ofrece una cosa, y el "espíritu del
mundo" les ofrece otra. En la lectura de hoy de la Carta de los Efesios,
San Pablo nos dice que Jesús nos guía de las tinieblas hacia la luz (cf. Ef
5:8). Tal vez el gran apóstol está pensando en la luz que lo cegó, cuando
perseguía cristianos en su camino a Damasco. Cuando recuperó la vista, nada
fue como antes. Nació de Nuevo y nada pudo quitarle su Nuevo gozo.
Ustedes también están llamados a ser transformados. "Despierta
tú que duermes y levántate de entre los muertos y te iluminará Cristo"
(Eph 5:14), dice San Pablo.
El "espíritu del mundo" ofrece muchas ilusiones
falsas y parodias de felicidad. Tal vez no hay oscuridad más profunda que la
oscuridad que ingresa a las almas de la gente joven cuando los falsos profetas
extinguen en ellos la luz de la fe, la esperanza, y el amor. La mayor decepción
y la fuente más profunda de infelicidad, es la ilusión de encontrar la vida
excluyendo a Dios, de encontrar la libertad excluyendo las verdades morales y la
responsabilidad personal.
3. El Señor los está llamando a escoger entre estas dos
voces que compiten por sus almas. Esa decisión es la sustancia y el reto de la
Jornada Mundial de la Juventud. ¿Por qué han venido de todas partes del mundo?
Para decir en sus corazones: "Señor, ¿donde quién iremos? Sólo tú
tienes palabras de vida eterna " (Jn 6:68). Jesús -al amigo íntimo de
todo joven- tiene las palabras de vida.
El mundo que están heredando es un mundo que necesita
desesperadamente un nuevo sentido de fraternidad y solidaridad humana. Es un
mundo que necesita ser tocado y reconciliado por la belleza y riqueza del amor
de Dios. Necesita testigos de ese amor. Los necesita a ustedes para que sean sal
de la tierra y luz del mundo.
4. La sal se usa para conservar y mantener sanos los
alimentos. Como apóstoles del tercer milenio os corresponde a vosotros
conservar y mantener viva la conciencia de la presencia de Jesucristo, nuestro
Salvador, de modo especial en la celebración de la Eucaristía, memorial de su
muerte redentora y de su gloriosa resurrección. Debéis mantener vivo el
recuerdo de las palabras de vidas que pronunció, de las espléndidas obras de
misericordia y de bondad que realizó. ¡Debéis constantemente recordar al
mundo que "el Evangelio es fuerza de Dios que salva" (Rm 1,16)!
La sal condimenta y da sabor a la comida. Siguiendo a Cristo,
debéis cambiar y mejorar el "sabor" de la historia humana. Con
vuestra fe, esperanza y amor, con vuestra inteligencia, fortaleza y
perseverancia, debéis humanizar el mundo en que vivimos. El modo para
alcanzarlo lo indicaba ya el Profeta Isaías en la primera lectura de hoy:
"Suelta las cadenas injustas... parte tu pan con el hambriento... Cuando
destierres de ti el gesto amenazador y la maledicencia... brillará tu luz en
las tinieblas" (Is 58, 6-10).
5. Aún una llama pequeña vence la dureza de la noche.
Cuánta más luz harán ustedes, todos juntos, si son uno en la comunión de la
Iglesia! Si aman a Jesús, aman a la Iglesia! No se desalienten por los pecados
y errores de algunos de sus miembros. El daño hecho por algunos sacerdotes y
religiosos a los jóvenes y vulnerables nos llena con un profundo sentimiento de
tristeza y vergüenza. Pero piensen en la vasta mayoría de sacerdotes dedicados
y generosos cuyo único deseo es servir y hacer el bien! Hay muchos sacerdotes,
seminaristas y consagrados aquí hoy; acérquense a ellos y apóyenlos! Y si, en
lo profundo de sus corazones, sienten el mismo llamado al sacerdocio o la vida
consagrada, no teman seguir a Cristo en el noble camino de la Cruz! En los
momentos difíciles de la vida de la Iglesia, la búsqueda de la santidad se
hace cada vez más urgente. Y la santidad no es una cuestión de edad; es un
asunto de vivir en el Espíritu Santo, así como lo hicieron Kateri Tekakwitha y
tantos otros jóvenes.
Ustedes son jóvenes, y el Papa es Viejo y está un poco
cansado. Pero se sigue identificando totalmente con sus esperanzas y
aspiraciones. Aunque yo he vivido a través de mucha oscuridad, bajo la
hostilidad de los regímenes totalitarios, he visto suficiente evidencias para
convencerme de que no hay dificultad, ni termo tan grande como para sofocar
completamente la esperanza que siempre brota en los corazones de los jóvenes.
No permitan que esa esperanza muera! Afinquen sus vidas en
ella! No somos la suma de nuestras debilidades y fallas, somos la suma del amor
del Padre por nosotros y nuestra capacidad real de convertirnos en la imagen de
su Hijo.