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Jóvenes del mundo, queridos
amigos,
Con afecto en el Señor los saludo a todos! Estoy feliz por
estar entre ustedes de nuevo, después de los días que han pasado en catequesis
y reflexión, encontrándose mutuamente y celebrando. Estamos llegando a la
última fase del nuestra Jornada Mundial, al punto máximo que será nuestra
celebración eucarística de mañana.
En ustedes, reunidos desde todos los confines del mundo, la
Iglesia ve su futuro, y siente el llamado de juventud con que el Espíritu Santo
siempre la enriquece.
El entusiasmo y gozo que están mostrando es un signo seguro
de su amor por el Señor, y de su deseo de servirlo en la Iglesia y en sus
hermanos y hermanas.
2. Hace unos días, en Wadowice, mi pueblo natal, se
desarrolló el Tercer Foro Internacional de los Jóvenes. Reunió a jóvenes
católicos, grecocatólicos, y ortodoxos de Polonia y Europa Oriental. Hoy,
miles de personas de todo Polonia están ahí y están conectados con nosotros a
través de la televisión para celebrar con nosotros esta Vigilia de Oración.
Permítanme saludarlos en polaco:
Saludo a los jóvenes de habla polaca, muchos de los cuales
provienen de nuestra tierra natal y de otros países alrededor del mundo, y los
miles de jóvenes de todo Polonia y otros países de Europa Oriental que se
reunieron en Wadowice para participar en esta vigilia de oración con nosotros.
A todos ustedes les expreso la esperanza de que estos días den abundantes
frutos de fervor generoso y cercanía a Jesucristo y su Evangelio.
3. Durante esta noche de Vigilia daremos la bienvenida a la
Cruz de Cristo, el signo del amor de Dios por la humanidad. Alabaremos al Señor
Resucitado, la luz que brilla en las tinieblas. Rezaremos según las palabras de
los Salmos, repitiendo las mismas palabras que Jesús durante su vida terrenal
cuando habló a su Padre,¡. Los Salmos siguen siendo la oración de la Iglesia
hoy. Luego escucharemos la palabra de Dios, lámpara para nuestros pasos y luz
pata nuestro camino (cf. Sal 119:105).
Los invito a ser la voz de los jóvenes de todo el mundo,
expresar sus alegrías, sus frustraciones, sus esperanzas. Miren a Jesús, al
que vive, y repitan lo que los apóstoles le pidieron: "Señor, enséñanos
a orar". La oración será la sal que da sabor a nuestras vidas y los
conducirá hacia él, la verdadera luz de la humanidad.
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