TORONTO, 28 Jul. 02 (ACI).- En la Misa de clausura de la
Jornada Mundial de la Juventud, el Papa Juan Pablo II pidió a los jóvenes del
mundo mantener viva la esperanza en Cristo y dar al mundo el mensaje de fe que
necesita para reconciliarse.
En una emocionante homilía, el Pontífice aseguró con voz
firme y una sorprendente energía que a pesar de ser "viejo" y estar
"un poco cansado!, se sigue "identificando totalmente" con la
esperanzas y aspiraciones de los jóvenes.
Refiriéndose a su experiencia con el comunismo, afirmó que
a pesar de vivir "a través de mucha oscuridad, bajo la hostilidad de los
regímenes totalitarios, he visto suficiente evidencias para convencerme de que
no hay dificultad, ni termo tan grande como para sofocar completamente la
esperanza que siempre brota en los corazones de los jóvenes".
"¡No permitan que esa esperanza muera! Afinquen sus
vidas en ella! No somos la suma de nuestras debilidades y fallas, somos la suma
del amor del Padre por nosotros y nuestra capacidad real de convertirnos en la
imagen de su Hijo", exclamó.
El Pontífice aseguró que Jesús ofrece a los jóvenes un
horizonte de realización mientras el "espíritu del mundo" les ofrece
"muchas ilusiones falsas y parodias de felicidad".
"Tal vez no hay oscuridad más profunda que la oscuridad
que ingresa a las almas de la gente joven cuando los falsos profetas extinguen
en ellos la luz de la fe, la esperanza, y el amor. La mayor decepción y la
fuente más profunda de felicidad, es la ilusión de encontrar la vida
excluyendo a Dios, de encontrar la libertad excluyendo las verdades morales y la
responsabilidad personal", afirmó.
"El Señor los está llamando a escoger entre estas dos
voces que compiten por sus almas. Esa decisión es la sustancia y el reto de la
Jornada Mundial de la Juventud. ¿Por qué han venido de todas partes del mundo?
Para decir en sus corazones: "Señor, ¿donde quién iremos? Sólo tú
tienes palabras de vida eterna ". Jesús –al amigo íntimo de todo joven-
tiene las palabras de vida", indicó.
Asimismo, recordó que "el mundo que están heredando es
un mundo que necesita desesperadamente un nuevo sentido de fraternidad y
solidaridad humana. Es un mundo que necesita ser tocado y reconciliado por la
belleza y riqueza del amor de Dios. Necesita testigos de ese amor. Los necesita
a ustedes para que sean sal de la tierra y luz del mundo".
El Papa llamó a los jóvenes "apóstoles del tercer
milenio" y señaló que les corresponde "conservar y mantener viva la
conciencia de la presencia de Jesucristo, nuestro Salvador, de modo especial en
la celebración de la Eucaristía, memorial de su muerte redentora y de su
gloriosa resurrección".
Santidad para la Iglesia En uno de los momentos de más
oración juvenil, el Santo Padre se refirió a los escándalos que han afectado
a la Iglesia en Norteamérica y otros países. "¡Si aman a Jesús, aman a
la Iglesia! No se desalienten por los pecados y errores de algunos de sus
miembros. El daño hecho por algunos sacerdotes y religiosos a los jóvenes y
vulnerables nos llena de un profundo sentimiento de tristeza y vergüenza",
afirmó.
En este sentido, les pidió pensar "¡en la vasta
mayoría de sacerdotes dedicados y generosos cuyo único deseo es servir y hacer
el bien! Hay muchos sacerdotes, seminaristas y consagrados aquí hoy; ¡acérquense
a ellos y apóyenlos! Y si, en lo profundo de sus corazones, sienten el mismo
llamado al sacerdocio o la vida consagrada, ¡no teman seguir a Cristo en el
noble camino de la Cruz!"
El Pontífice indicó que "en los momentos difíciles de la vida de la
Iglesia, la búsqueda de la santidad se hace cada vez más urgente. Y la
santidad no es una cuestión de edad; es un asunto de vivir en el Espíritu
Santo, así como lo hicieron Kateri Tekakwitha y tantos otros jóvenes".