Toronto, 29 (NE - eclesiales.org) La Iglesia tiene hoy
necesidad de jóvenes santos. Así lo afirmó ayer el Papa Juan Pablo II, al
presidir la Misa de Clausura de la XVII Jornada Mundial de la Juventud. Más de
800 mil personas, en su gran mayoría jóvenes, participaron de la Eucaristía
que tuvo lugar en el Downsview Park. Muchos de ellos habían dormido en la gran
explanada, tras participar en la vigilia la tarde del sábado. A pesar de la
lluvia con que se inició el día, el entusiasmo y fervor de los jóvenes
estuvieron presentes a lo largo de toda la jornada.
"¡Escuchad la voz de Jesús en lo íntimo de vuestros
corazones!" pidió el Papa durante su homilía, en la que recordó a los
jóvenes que "'el espíritu del mundo' ofrece muchas ilusiones, muchas
parodias de la felicidad. Sin duda las tinieblas más espesas son las que se
insinúan en el espíritu de los jóvenes, cuando falsos profetas apagan en
ellos la luz de la fe, de la esperanza y del amor. El engaño más grande, el
manantial más grande de la infelicidad, es la ilusión de encontrar la vida
prescindiendo de Dios, alcanzar la libertad excluyendo las verdades morales y la
responsabilidad personal."
"El Señor nos invita a escoger entre dos caminos, que
están en competencia, para apoderarse de vuestra alma. Esta opción constituye
la esencia y el desafío de la Jornada Mundial de la Juventud. ¿Por qué os
habéis reunido aquí procedentes de todas las partes del mundo? Para decir
juntos a Cristo: "Señor, ¿a quién iremos? Tú tienes palabras de vida
eterna". Jesús, amigo íntimo de cada joven, tiene palabras de vida."
"¡Cuánta luz podréis transmitir todos juntos si os
unís en la comunión de la Iglesia! ¡Si amáis a Jesús, si amáis a la
Iglesia! No os desalentéis por las culpas y las faltas de algunos de sus hijos.
El daño provocado por algunos sacerdotes y religiosas a personas jóvenes o
frágiles nos llena a todos de un profundo sentido de tristeza y vergüenza. ¡Pero,
pensad en la gran mayoría de sacerdotes y religiosos generosamente
comprometidos, con el único deseo de servir y hacer el bien! Aquí hay hoy
muchos sacerdotes, seminaristas y personas consagradas: ¡estad a su lado y
apoyadles! Y, si en lo profundo de vuestro corazón sentís resonar la misma
llamada al sacerdocio o a la vida consagrada, no tengáis miedo de seguir a
Cristo en el camino de la Cruz. En los momentos difíciles de la historia de la
Iglesia, el deber de la santidad se hace todavía más urgente. Y la santidad no
es una cuestión de edad."
"Vosotros sois jóvenes, y el Papa está viejo. Pero
todavía se identifica con vuestras expectativas y con vuestras esperanzas. Si
bien he vivido entre muchas tinieblas, bajo duros regímenes totalitarios, he
visto lo suficiente como para convencerme de manera inquebrantable de que
ninguna dificultad, ningún miedo es tan grande como para poder sofocar
completamente la esperanza que palpita siempre en el corazón de los jóvenes."
"¡No dejéis que muera esa esperanza! ¡Arriesgad vuestra vida por ella!
Nosotros no somos la suma de nuestras debilidades y nuestros fracasos; por el
contrario, somos la suma del amor del Padre por nosotros y de nuestra real
capacidad para convertirnos en imagen de su Hijo."