La cruz de los conflictos, un mensaje lanzado desde Toronto
TORONTO, 26 julio 2002 (ZENIT.org-Avvenire).- Si se hace un
recorrido por la lista de los 169 países de procedencia de los jóvenes que
participan en las Jornadas Mundiales de la Juventud (JMJ), llaman la atención
nombres como Argelia, Burundi, Colombia, República Democrática del Congo…
Países lacerados por conflictos que aparecen en los
telediarios todos los días, como Tierra Santa, y también aquellos que viven en
el anonimato de las guerras olvidadas como Sudán.
Abre el elenco alfabético Afganistán. Según la comisión
organizadora, en sus listas hay cuatro jóvenes, llegados no se sabe bien de
dónde ni cómo. Son el grupo más buscado por los periodistas de medio mundo.
Hay miles de historias significativas, como la de los
jóvenes que vienen de Argelia. De un país musulmán de frontera, sacudido por
gravísimos conflictos sociales que en las últimas semanas ha sufrido nuevas
masacres en la región de Cabilia.
Y está, por supuesto, África, con una representación
obviamente menos numerosa que en otras JMJ más cercanas al continente olvidado.
Muchos de los jóvenes africanos no han recibido el visado para entrar en
Canadá.
Por este motivo, no han podido venir jóvenes de Sierra
Leona, país que acaba de terminar la guerra civil. Hay pequeñas, pero
significativas presencias de muchachos y muchachas llegados de Ruanda, de
Uganda, de Mozambique.
Especialmente significativa la presencia de los jóvenes de
Colombia. Su mensaje se encierra en una señal que todos han recibido en la
mochila del peregrino: una pequeña cruz. La han realizado jóvenes de este
país donde los cristianos han pagado con la vida su negativa a la lógica de la
violencia.
La presencia de estos jóvenes recuerda a los demás que «tomar
la Cruz» no es sólo una imagen.