TORONTO, 25 julio 2002 (ZENIT.org-Avvenire).- En la Toronto
multicultural la fiesta no es sólo para los católicos. Entre los casi 20.000
voluntarios hay anglicanos, judíos y fieles de otras religiones. Los líderes
de importantes comunidades religiosas han expresado también su simpatía y han
llamado a la colaboración.
Los organizadores desconocen el número exacto, ya que en los
módulos de inscripción de los voluntarios no se pide especificar la religión
a la que se pertenece.
Las simpatías que suscita el acontecimiento se confirman con
el llamamiento del arzobispo anglicano de Toronto a su Iglesia, Terence Finlay:
«Cristo nos invita a amar a Dios y al prójimo. Este evento nos da la
posibilidad de profundizar en la relación con Dios y conocer mejor al prójimo».
La invitación ha hallado eco en muchos de los 90.000
anglicanos de Toronto.
También la comunidad judía ha echado una mano acogiendo a
los jóvenes en sus escuelas. «Es una oportunidad increíble para todos --afirma
Bernie Faber, director ejecutivo para Ontario del «Canadian Jewish
Congress»--. Juntos podemos reflexionar sobre nuestro futuro, sobre la sociedad,
sobre el bien, y no hay mejor modo de hacerlo que a través del diálogo y del
encuentro. La visita de Juan Pablo II suscita la simpatía de muchos,
prescindiendo de la fe que profesen. Recibirlo es un honor».
Amir Etemadi, líder de la comunidad musulmana, confía en la
«fuerza inspiradora» de la Jornada hasta el punto que «hace esperar que un
día se pueda celebrar una en distintos lugares del mundo simultáneamente».
«Este Papa es uno de los más importante símbolos mundiales
--añade Amir--. Le admiro sobre todo por haber sabido estar a menudo en el
centro de los acontecimientos. No debemos y no podemos olvidar que en este
planeta existe todavía la guerra. Muchos conflictos tienen su origen en la
falta de diálogo entre grupos religiosos. Elegir otro camino es lo mínimo que
podemos hacer juntos».