CIUDAD DEL VATICANO, 25 JUL 2002 (VIS).-El Papa se trasladó
esta tarde en helicóptero desde "Strawberry Island" a Toronto, donde
a las 16,30 participó en el "Exhibition Place" en la fiesta de
acogida de los jóvenes. El tema de la celebración fue las Bienaventuranzas.
Tras el saludo del obispo Jacques Berthelet, C.S.V., de St.
Jean-Longueuil, y de cinco jóvenes de los cinco continentes, el Santo Padre
dijo unas breves palabras.
Juan Pablo II aseguró a los 300.000 jóvenes de todo el
mundo allí presentes que "esperaba impaciente este encuentro". Al
escuchar "la larga lista de vuestros países de origen -dijo- hemos dado
juntos la vuelta al mundo. En cada uno de vosotros he visto el rostro de
vuestros coetáneos que he encontrado en mis viajes apostólicos y que en cierto
modo representáis aquí".
"El Papa, que os ama, ha venido de lejos para escuchar
con vosotros la palabra de Jesús, que aún hoy (...) puede encender el corazón
de un joven y motivar toda su existencia. Os invito, por tanto, a hacer de las
diversas actividades de la Jornada Mundial de la Juventud que acaba de comenzar
un tiempo privilegiado en el que cada uno de vosotros, queridos jóvenes,
escuche al Señor con atención, con un corazón disponible y generoso, para
llegar a ser 'sal de la tierra y luz del mundo'".
Posteriormente tuvo lugar la procesión de la Cruz del Año
Santo y el testimonio de dos jóvenes canadienses sobre el viaje de la Cruz por
Canadá. Luego vino la lectura del Evangelio de las Bienaventuranzas y el
discurso del Papa.
Juan Pablo II dijo a los jóvenes que con sus cantos y gritos
de alegría habían manifestado su deseo de ser felices. "Muchos os hablan
de una alegría que se puede obtener con el dinero, con el éxito, con el poder.
Pero, sobre todo, os hablan de una alegría que es fruto del placer superficial
y efímero de los sentidos".
"La verdadera alegría -continuó- es una conquista que
no se logra sin una lucha larga y difícil. Cristo posee el secreto de la
victoria. (...) ¡Solo caminando con Cristo se puede conquistar la verdadera
alegría!".
El Santo Padre subrayó que "con la mirada fija en
El" los jóvenes podían "volver a descubrir la vía del perdón y de
la reconciliación en un mundo con frecuencia preso de la violencia y del
terror. Hemos experimentado con dramática evidencia a lo largo del pasado año
el rostro trágico de la maldad humana. Hemos visto lo que sucede cuando reinan
el odio, el pecado y la muerte. Pero hoy, la voz de Jesús resuena en medio de
nuestra asamblea. Su voz es de vida, de esperanza, de perdón; es una voz de
justicia y de paz. ¡Escuchémosla!".
"Queridos amigos -continuó-, la Iglesia os mira con
confianza y espera que os convirtáis en el pueblo de las bienaventuranzas.
(...) Sólo Jesús es el verdadero Maestro y solo El presenta un mensaje que no
cambia y que responde a las expectativas más profundas del corazón humano.
(...) El os llama a ser sal y luz del mundo, a elegir la bondad, a vivir en la
justicia, a ser instrumentos de amor y de paz".
El Papa puso de relieve que "creer en Jesús significa
acoger lo que dice, a pesar de ir contra corriente respecto a lo que dicen los
demás. (...) ¡Jóvenes que me escucháis -concluyó-, responded al Señor con
un corazón fuerte y generoso! El cuenta con vosotros. No lo olvidéis: ¡Cristo
os necesita para realizar su proyecto de salvación! Cristo necesita de vuestra
juventud y de vuestro entusiasmo generoso para hacer resonar su anuncio de
alegría en el nuevo milenio. Responded a su llamamiento poniendo vuestra vida a
su servicio y al servicio de los hermanos! Fidaos de Cristo, porque El se fía
de vosotros".
Terminado el discurso se interpretó el himno de la Jornada
Mundial de la Juventud 2002. Después de impartir la bendición, el Papa se
despidió de los miles de jóvenes presentes y se dirigió al helipuerto. Allí
se embarcó en el helicóptero que le llevó a "Strawberry Island",
donde transcurrirá la jornada de mañana viernes.