TORONTO, 24 Jul. 02 (ACI).- Hablando ante una multitud de
jóvenes de habla española que colmaron la sala "C" del Exhibition
Place, el Cardenal Francisco Javier Errázuriz Ossa, Arzobispo de Santiago de
Chile, recordó que la fe no puede vivirse ni difundirse sin la experiencia de
la comunidad.
Al hablar sobre el tema de "Vosotros sois la sal de la
tierra", el Cardenal chileno desarrolló la imagen del grano de sal que
requiere precisamente de estar unido a otros para cumplir con su función de
proporcionar sabor y larga vida a las cosas.
Por ese motivo, exhortó a los jóvenes presentes no sólo a
vivir la fe "aisladamente, como los anacoretas del desierto, sino formando
comunidades vivas, en la universidad, en el colegio, en las parroquias y
movimientos". "No sigan caminos de soledad, porque de esa manera la
sal no va a poder sazonar a este mundo que tanto lo necesita", agregó.
El Purpurado reconoció que la misión de transformar el
mundo "es una tarea enorme"; pero "pero Dios se las encomienda a
ustedes con mucha confianza, con mucho amor, con mucha esperanza", explicó.
El valor del sufrimiento
El Cardenal Errázuriz advirtió, sin embargo, que no es
posible ser sal de la tierra si no se participa de la muerte del Señor Jesús.
"Como Jesús –señaló-, somos granos de trigo. El que
quiera ser discípulo, no tiene otro camino que el de morir a ciertas cosas,
pero definitivamente morir"; una afirmación a la que los jóvenes
respondieron con un fuerte aplauso.
El Cardenal se refirió luego a la experiencia de los
primeros discípulos ante la muerte del Señor en la Cruz. "Hoy somos
testigos de la muerte de Cristo en muchas culturas, familias y lugares, pero
sabemos que Cristo vive, que está presente y que para testimoniar esa vida,
nosotros mismos debemos participar de su muerte: si muero a las cosas del mundo,
entonces viviré como Cristo", señaló.
El Arzobispo citó luego un pasaje del mensaje del Papa Juan
Pablo II con ocasión de la JMJ 2002: "Queridos jóvenes, ¡no os
contentéis con nada que esté por debajo de los ideales más altos! No os
dejéis desanimar por los que, decepcionados de la vida, se han hecho sordos a
los deseos más profundos y más auténticos de su corazón. Tenéis razón en
no resignaros a las diversiones insulsas, a las modas pasajeras y a los
proyectos insignificantes. Si mantenéis grandes deseos para el Señor, sabréis
evitar la mediocridad y el conformismo, tan difusos en nuestra sociedad".
"Al recordar estas palabras –agregó el Purpurado-
recordamos a la Virgen María, porque el Santo Padre, al invitarnos a navegar
Mar adentro, nos señala a María como la Estrella de la Nueva Evangelización".
"Con su vida, la Virgen orante de Nazaret, supo ser sal
en medio de su pueblo al acoger al Verbo de Dios que irrumpía en su vida para
siempre sellando una alianza perpetua de amor con Dios, y proclamando
alegremente su grandeza", dijo el Arzobispo de Santiago.
"María supo ser sal intercediendo por los cristianos,
acompañando a Jesús en los momentos centrales y especialmente junto a la Cruz;
supo ser sal prolongando el mensaje de su Hijo; y sal invocando al Espíritu
para que actúe sobre la Iglesia".
"La Virgen conoce mejor que nadie el camino a Jesús, y por eso quiero
pedirle a ella que avive el fuego de ese amor heroico que brota de nuestro
bautismo. Y pido para que este compromiso que empiezan ustedes en el nuevo
milenio sea guiado por el espíritu de Jesús", concluyó el Cardenal.