CIUDAD DEL VATICANO, 23 JUL 2002 (VIS).-Juan Pablo II
aterrizó en el aeropuerto internacional "Lester B. Pearson" de
Toronto (Canadá) a las 13,00 hora local (19,00 de Roma), dando inicio a su
viaje apostólico número 97 fuera de Italia y a su tercera visita a Canadá
tras las de 1984 y 1987.
Después de escuchar las palabras de bienvenida del primer
ministro de Canadá, Jean Chrétien, el Papa dio las gracias a todos los
presentes "por haber aceptado la idea de celebrar la Jornada Mundial de la
Juventud en Canadá y por todo lo que se ha hecho para que se convirtiese en una
realidad".
"Jóvenes de todo el mundo -dijo- se están congregando
para la Jornada Mundial de la Juventud. Con el don de su inteligencia y su
corazón representan el futuro del mundo. Pero también llevan los signos de una
humanidad que con demasiada frecuencia no conoce ni la paz ni la justicia.
Demasiadas vidas inician y terminan sin alegría, sin esperanza. Esta es una de
las principales razones de la Jornada Mundial de la Juventud. Los jóvenes se
unen para comprometerse, con la fuerza de su fe en Jesucristo, en el servicio de
la gran causa de la paz y de la solidaridad humana".
El Santo Padre subrayó que los canadienses eran "herederos
de un humanismo extraordinariamente rico, gracias a la fusión de muchos
elementos culturales diversos. Pero el núcleo de vuestro patrimonio es la
visión espiritual y trascendente de la vida, basada en la revelación cristiana,
que ha dado un impulso vital a vuestro desarrollo de sociedad libre,
democrática y solidaria, reconocida en todo el mundo como adalid de los
derechos humanos y de la dignidad humana".
"En un mundo de grandes tensiones éticas y sociales y
de confusión sobre el objetivo de la vida, los canadienses tienen un tesoro
incomparable que ofrecer. Sin embargo, deben preservar lo que hay de profundo,
bueno y válido en su patrimonio. Rezo -terminó- para que la Jornada Mundial de
la Juventud ofrezca a todos los canadienses una oportunidad para recordar los
valores que son esenciales para una vida buena y para la felicidad humana".
Terminada la ceremonia de bienvenida, el Papa se trasladó en
helicóptero a "Strawberry Island", situada a 95 kilómetros de
Toronto, donde permanecerá hasta el jueves por la tarde.