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TORONTO, 21 Jul. 02 (ACI).- Diez jóvenes chilenos
cumplen una tarea titánica en la Jornada Mundial de la Juventud: velar por los
más de mil delegados chilenos que participarán en la cita.
Con edades entre los 17 y 28 años, los
voluntarios viajaron a Toronto con la ilusión de ver y escuchar a Juan Pablo II
pero también con la conciencia de servir a sus compatriotas en todo lo que
necesiten.
Según explican, se trata de velar porque todos
tengan las facilidades para vivir un encuentro cercano con Dios y los jóvenes
del mundo, para ello organizan, coordinan y proveen a los peregrinos de todo
cuanto requieran para pasar momentos inolvidables.
Renato Calcagno, 22 años, es coordinador del
voluntariado y afirma que para él ha sido muy grato trabajar con un grupo así:
“son muy comprometidos con sus propias pastorales, tienen una gran capacidad
de servicio y ganas de colaborar para que las cosas resulten bien. Estoy muy
confiado en que no vamos a tener ningún problema”.
En las dependencias del Colegio Saint Michael,
donde están albergados todos los peregrinos chilenos, los voluntarios se
preocupan del transporte, otros de ver que cada uno de los peregrinos llegue sin
problemas, de las comidas, del aseo y la limpieza. Son como una familia, que al
enterarse de que los necesitan se juntan y se fusionan para compartir, trabajar
y pasarlo bien.
Sobre la experiencia de trabajar en un país
extraño, tan lejano y con un idioma distinto, Claudia Alarcón, explica que
“si bien somos voluntarios, muchos de nosotros también tenemos la misión de
vivir a concho esta jornada para luego transmitirla en Santiago en nuestras
parroquias y movimientos”.
“Donde caminas te encuentras con un chileno, un
argentino o un peruano y cariñosamente te invitan a conversar. Eso es muy lindo,
sobre todo cuando no estás cerca de casa”, relata.
Para Héctor Guajardo la experiencia es muy
parecida. Para él, una de sus metas es ver al Papa. Sin embargo, sabe que si
hay algún problema o si ocurre algo inesperado con los chilenos, su preocupación
serán ellos.
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