MADRID, 16 Jul. 02 (ACI).- En un emotivo mensaje dirigido a
la numerosa delegación de jóvenes españoles que participarán en la XVII
Jornada Mundial de la Juventud, el Arzobispo de Madrid, Cardenal Antonio María
Rouco Varela llamó a los peregrinos a "Salir al encuentro del Señor"
para testimoniarlo tras el evento.
Herencia española
El Purpurado recordó que este encuentro tendrá lugar "en la parte
septentrional de la América hermana, descubierta y evangelizada por España
hace más de cinco siglos, y a la que se unió ya en el siglo XVII la acción
misionera de los jesuitas franceses en el este canadiense, que sellarían con la
sangre de su martirio y que completaba el primer ciclo histórico de la misión
en todas las direcciones del continente americano".
Luego de surcar los cielos "como peregrinos de un siglo y un milenio nuevo,
el de la tecnología y comunicación globales, que queremos vivir y configurar
cristianamente", dice el Cardenal, "aterrizaremos en Nueva York donde
tendremos ocasión de reunirnos con nuestros hermanos, los jóvenes de la
Arquidiócesis neoyorquina y sus pastores, participando con ellos en
celebraciones y encuentros comunes".
En Nueva York
"Nueva York, la poderosa metrópolis, verdadera ‘capital del mundo’,
en la que se deciden desde tantos puntos de vista los destinos y futuro de la
humanidad, se levanta como un formidable desafío a los jóvenes cristianos,
llamados por el Señor al testimonio y servicio apostólicos de los nuevos
tiempos que se avecinan", dice el Cardenal Rouco, al destacar la
importancia de las misas que celebrarán, incluyendo la que tendrá lugar
"al lado de la llamada Zona 0, para pedir por las víctimas del terrorismo
y renovar nuestro compromiso con la Paz que viene de Cristo".
Ser Sal y Luz
Luego, recordando el llamado a ser "Sal de la Tierra y Luz del mundo",
como señala el lema de la JMJ 2002, el Cardenal Rouco escribe que "el
mundo ciertamente anda a oscuras, sin aliento y vigor interior. Necesita ‘luz’
y ‘sal’: de un origen distinto al del saber y poder humanos, de una
procedencia que los trascienda. Necesita de Dios, del Dios verdadero, que se ha
encarnado y entregado a los hombres en Jesucristo.
Por ello "abriéndonos paso a través de nuestras
debilidades y pecados, de nuestros miedos y vergüenzas, de nuestra inseguridad
e indefinición personal, la XVII Jornada Mundial de la Juventud nos acercará
al Señor, a Jesús, el Salvador, que nos ama con una especial predilección,
como al joven del Evangelio, para que le digamos con la nobleza y el ardor de
nuestro joven corazón: ¡queremos ser ‘luz’, tu Luz, queremos ser ‘sal’,
tu Sal, para la humanidad de nuestro tiempo, sobre todo, para sus nuevas
generaciones!", concluyó el Purpurado.