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Juan Pablo II ha pedido las oraciones de los cristianos para que las Jornadas
Mundiales de la Juventud, que se celebrarán del 23 al 28 de julio en Toronto,
dejen los frutos espirituales deseados.
El pontífice expuso su petición al despedirse de los
peregrinos que participaron en la audiencia general de este miércoles, que se
celebró en el patio de Castel Gandolfo, la residencia de descanso de los Papas,
situada a unos treinta kilómetros al sur de Roma.
El médico del Santo Padre, Renato Buzzonetti, le ha
aconsejado evitar el cansancio que le hubiera provocado el trayecto en
helicóptero y coche hasta la plaza de San Pedro del Vaticano, como acostumbraba
a hacer en años anteriores para encontrarse con los peregrinos en esta ocasión.
«Estoy muy contento de encontrarme entre vosotros, aquí en
Castel Gandolfo, donde, si Dios quiere, transcurriré como los años pasados el
verano», dijo el obispo de Roma antes de despedirse de los peregrinos.
«Pienso en la próxima Jornada Mundial de la Juventud --añadió--, que tendrá
lugar en Toronto a finales de mes. Os pido que recéis para que esta importante
cita eclesial traiga los deseados frutos espirituales».
Juan Pablo II había hecho antes una larga meditación en italiano sobre el
cántico de las criaturas pronunciado por los tres israelitas condenados al
horno ardiente del libro de Daniel, y la había resumido brevemente en ocho
idiomas, dirigiendo saludos a los diferentes grupos presentes.
Tras hablar durante cuarenta minutos, en ocasiones con voz
débil, saludó personalmente a muchos de los peregrinos presentes.
Los obreros de las Villas Pontificias de Castel Gandolfo instalaron en el
patio del edificio un estrado que permitió a los presentes ver con claridad al
pontífice y a éste dar pocos pasos desde el ascensor más cercano.