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21-Agosto-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
JUAN PABLO II A LOS JOVENES: LA PROXIMA VEZ
EN TORONTO
Palabras del Papa antes de rezar el «Angelus»
ROMA, 20 agosto (ZENIT.org).- Juan Pablo II
tiene otra cita con los jóvenes del mundo el verano de 2002 en
Toronto. El anuncio lo hizo al final de la eucaristía final de las
Jornadas Mundiales de la Juventud, antes de rezar la oración
mariana del Angelus. Estas fueron las palabras con las que el Papa
se despidió de los dos millones de jóvenes presentes.
* * *
Al final de esta celebración eucarística,
nuestro pensamiento se dirige a la «Mujer», de la que nos habla
San Pablo en la segunda lectura de la Misa (Gal 4,4), es decir, la
Virgen María, en cuya fiesta de la Asunción se ha iniciado esta
decimoquinta Jornada Mundial de la Juventud. Con su presencia solícita
y materna, María ha presidido estas jornadas romanas de intensa
experiencia de fe. A ella queremos manifestar todo nuestro
agradecimiento por aquel «sí» que dio al inicio de la «aventura»
de la Redención.
Mientras pido a la Santísima Virgen que vele
sobre los jóvenes y las jóvenes del mundo, doy las gracias
cordialmente a todos vosotros que habéis tomado parte en la
decimoquinta Jornada Mundial de la Juventud.
Saludo y doy las gracias ante todo a quienes
han organizado este evento: el Pontificio Consejo para los Laicos,
presidido por el Cardenal James Francis Stafford; el Vicariato de
Roma y la Conferencia Episcopal Italiana, presidida por el Cardenal
Camillo Ruini; el Presidente y los miembros del Comité Italiano
para la decimoquinta Jornada Mundial de la Juventud, así como también
las comunidades parroquiales de Roma y de las diócesis limítrofes,
sus asociaciones, movimientos y grupos que, desde hace tres años,
han rezado y trabajado con entusiasmo para preparar este evento.
Pido a todos que no se deje desperdiciar el rico patrimonio de bien
que el trabajo común ha producido.
Mi agradecimiento se dirige también a las
Autoridades públicas, que con gran esfuerzo se han ocupado de que
la compleja organización de la Jornada Mundial de la Juventud se
desarrollase lo mejor posible.
Saludo, finalmente, a tantos Cardenales y
Obispos presentes, a los sacerdotes, a las religiosas y religiosos,
a los educadores y a vosotros, jóvenes del mundo, «mi gozo y mi
corona» (Flp 4,1).
Antes de concluir esta grande y bella
asamblea, deseo anunciar que el próximo Encuentro Mundial de los Jóvenes
tendrá lugar en Toronto, Canadá, en el verano de 2002. Al invitar
ya desde ahora a los jóvenes del mundo a encaminarse hacia aquella
meta, dirijo un saludo especial a la Delegación canadiense, que ha
estado presente en esta celebración para recoger el «testigo» de
su futuro compromiso. Sobre ellos y el encargo que hoy asumen invoco
la protección de la Santísima Virgen.
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