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18-Agosto-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
CINCO MIL JOVENES CHILENOS CONTAGIAN DE
COLOR Y ALEGRIA ROMA
Una joven de este país logró dar al Papa una
bandera saltando los controles
CIUDAD DEL VATICANO, 17 agosto (ZENIT.org).-
Los cinco mil jóvenes chilenos que participan en las Jornadas
Mundiales de la Juventud están contagiando Roma con su entusiasmo y
espontaneidad. Se trata de un caso realmente particular, pues hasta
la misma prensa italiana ha publicado, sorprendida, artículos.
Chileno fue uno de los gestos fuera de
programa del 15 de agosto. Nada más saludar el Papa a los jóvenes,
una chica saltó las barreras y corrió hasta el Papa. Las cámaras
inmortalizaron la conmovedora escena: Gabriela Lazo, arrodillada
ante el Papa con la cabeza entre los brazos de Juan Pablo II, de
quien recibió una caricia. La joven chilena puso sobre las rodillas
del pontífice una bandera de su país.
Chile está presente con una abundante
delegación de más de cinco mil jóvenes de todas las diócesis,
acompañados por 37 sacerdotes. Llevan un gorro rojo para
distinguirse y una mochila distinta a la de los demás. Pero lo que
es evidente es que en Chile, en estos años, se ha realizado una
atenta pastoral juvenil. Y la presencia en Roma «no es un viaje turístico
sino una peregrinación», explica Rodrigo Muñoz, del movimiento de
Schonstatt, coordinador de un grupo de 83 jóvenes de la diócesis
de Concepción.
«Hay hoy en Chile una pastoral juvenil muy
cuidada --explica monseñor Francisco José Cox, arzobispo emérito
de La Serena--. La pastoral juvenil está muy articulada. Y para
preparar esta Jornada jubilar, el encuentro continental de octubre
de 1998 en Santiago de Chile fue una etapa importante». Eran medio
millón y «sin el Papa», subraya sonriendo monseñor Cox.
«El encuentro representó el punto de partida
para venir a Roma», dando inicio a una gran obra de autofinanciación
y organización interna. Diego Mundaga, uno de los 400 que vienen de
la diócesis de Concepción, lo explica así: «Mis padres no son
creyentes. Pero cuando han sabido que venía a Roma y han visto mi
entusiasmo no me lo han impedido». Y añade seguro: «La fe y el
cristianismo nos hacen sentir la vida más humana, más interesante.
Debemos adherirnos a los ideales cristianos, comprometernos y, por
tanto, vivirlos».
Cuando el Papa vino a Chile, en 1987, observa
Cox, estos jóvenes eran niños o adolescentes o como máximo
veinteañeros. «Pero debemos pensar que el impacto de aquella
visita fue de verdad enorme. Y a la distancia de 13 años, muchísimos
recuerdan el momento en el que el Papa, en el estadio nacional de
Santiago, con un gran gesto, indicó a la multitud la imagen de Jesús,
diciendo, casi gritando: ¡encontrad a Cristo!».
«Vienen de todas las diócesis --indica monseñor
Cox-- y uno incluso de la isla de Pascua. Pastoral juvenil significa
gran compromiso social. Y se realiza en los hospitales, en los pequeños
centros, sobre todo en el campo, cuando los jóvenes se dedican en
los meses de verano a ayudar a las poblaciones de las aldeas. De
noche, en las ciudades, se pone en marcha una red de asistencia para
los mendigos. Y se implica a los jóvenes animándoles a participar,
a comprometerse en la Universidad, en el mundo del trabajo».
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