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18-Agosto-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
LA PEREGRINACION MAS GRANDE DE LA HISTORIA
La fe de los jóvenes conquista la Ciudad
Eterna
CIUDAD DEL VATICANO, 17 agosto (ZENIT.org).-
Roma ofrecía hoy un espectáculo impensable hace tan sólo veinte años:
miles y miles de jóvenes comenzaron a atravesar a las 7:30 de la mañana
la Puerta Santa de la Basílica del Vaticano. Un río humano que
arrastra su caudal hasta las 23:00.
En esta jornada llegaron al Vaticano unos 200
mil jóvenes. Como no podían pasar todos por la Puerta Santa, se
utilizaron también el resto de las puertas de la basílica, un
gesto que quiere expresar la voluntad de conversión y de amor
incondicional a Cristo.
Las palabras de las Bienaventuranzas resuenan
en el ambiente, gracias a la potencia de los altavoces; mientras que
los chicos y chicas, con sus banderas, gorras y pañuelos salen en
procesión, de 20 mil en 20 mil cada hora, de la plaza Cavour (a
unos setecientos metros de distancia, más o menos), meditando
precisamente en esas palabras de Jesús: «Bienaventurados los
limpios de corazón, porque ellos verán a Dios», «Bienaventurados
los misericordiosos, porque ellos obtendrán misericordia»...
Frases que se encuentran escritas en grandes carteles colocados en
las columnas de la Vía de la Conciliación, que desemboca en la
gran plaza vaticana. Frases que hace dos mil años cambiaron el
rostro del mundo.
La procesión de los jóvenes de «toda
lengua, tribu y nación» pasa, entonces, la Puerta Santa y se
dirige en oración a la tumba de Pedro. Se trata de un auténtico
espectáculo de esperanza, que plantea serios interrogantes,
especialmente a los que ya están entrados en años. Los jóvenes
que no vinieron a San Pedro del Vaticano, esta mañana, acudieron a
recibir el perdón de Dios, en el sacramento de la reconciliación
que se administra en el Circo Máximo, o a participar en las
catequesis en 32 idiomas, que se concluyen al final de la mañana
con una eucaristía juvenil muy animada.
Entre las 160 catequesis que se ofrecieron
hoy, en el marco de estos tres días de meditación y oración que
preparan el gran encuentro con el Papa en la explanada de Tor
Vergata, hemos podido seguir la del cardenal arzobispo de Génova,
Dionigi Tettamanzi, en la Basílica de san Juan de Letrán, catedral
del Papa.
El tema que afrontó el purpurado ante un
auditorio que llenaba el histórico templo fue «Cristo se entregó
así mismo por nosotros». Tettamanzi recordó el amor único de Jesús
por cada persona, tal y como aparece en el Evangelio, y explicó que
los cristianos están llamados a vivir una vida audaz, caracterizada
por la valentía para acoger este amor en la propia existencia
concreta. En ocasiones, sufriendo incluso injustamente a causa del
mal, siguiendo las huellas de Cristo crucificado, «escándalo para
los judíos y locura para los gentiles» y; sin embargo, signo de
victoria, pues «la locura de Dios es más sabia que la sabiduría
de los hombres».
«No hay nada que sea más valioso y necesario
para el mundo que la cruz de Cristo --concluyó--, pues de su acto
de amor mana la salvación de todos y de cada uno. Queridos jóvenes,
si queremos salvarnos, ahora sabemos a dónde tenemos que ir: ¡tenemos
que ir, es más, tenemos que estar a los pies de la cruz de Cristo!».
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