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18-Agosto-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
JUAN PABLO II: JOVENES, LA IGLESIA Y EL
MUNDO OS NECESITAN
Encuentro del pontífice con los participantes
en el Foro Internacional
CASTEL GANDOLFO, 17 agosto (ZENIT.org).- «Llevaos
la riqueza de la experiencia humana, espiritual y eclesial del Foro».
Este fue el mensaje que dejó esta mañana Juan Pablo II a los casi
400 jóvenes de 128 países que han participado en Roma, en días
pasados, en el Foro Internacional de los Jóvenes que ha precedido
las Jornadas Mundiales de la Juventud.
Estos jóvenes participaron en representación
de sus Conferencias Episcopales (un chico y una chica por cada una)
y de los movimientos, comunidades y organizaciones eclesiales. El sábado
próximo, durante la gran vigilia conclusiva de las Jornadas
Mundiales, leerán al Papa un comunicado que han redactado entre
todos.
Juan Pablo II les celebró esta mañana, a las
8:00 , la eucaristía en el patio del palacio apostólico de Castel
Gandolfo. Se encontraban presentes además, el cardenal
estadounidense James Francis Stafford, presidente del Consejo
Pontificio para los Laicos, y el secretario de ese organismo
vaticano, el obispo polaco Stanislao Rylko.
En la homilía, al referirse a la experiencia
del profeta Jeremías, desasosegado al recibir de Dios la misión de
hablar en su nombre, el Papa les alentó: «No tengáis miedo de
asumir vuestras responsabilidades: la Iglesia os necesita, necesita
vuestro compromiso y generosidad; el Papa os necesita y, al inicio
del mundo, os pide que llevéis el Evangelio por los caminos del
mundo».
Y, tras haber recordado la pregunta que le
hizo Jesús resucitado a Pedro: «¿Me amas?», aseguró que hoy
dirige esa misma pregunta a los jóvenes: «No os pide que sepáis
hablar a las muchedumbres, ni que sepáis dirigir una organización,
ni que sepáis administrar un patrimonio. Os pide que le queráis,
que le améis. Todo lo demás vendrá después, como consecuencia».
Y concluyó recomendando a los chicos y chicas
que no olviden «que el amor auténtico no pone condiciones, no
calcula, no recrimina, sino que, sencillamente, ama».
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