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16-Agosto-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
DE ROMA A ROMA: HISTORIA DE LAS JORNADAS
MUNDIALES DE LA JUVENTUD
Los momentos privilegiados de Juan Pablo II
para encontrarse con los jóvenes
CIUDAD DEL VATICANO, 15 agosto (ZENIT.org).-
De Roma a Roma. Esta es la historia de las Jornadas Mundiales de la
Juventud, que comenzaron precisamente hace dieciséis años en la
Ciudad Eterna y que en ella se celebran por segunda vez.
Surgidas por intuición de Juan Pablo II, las
Jornadas Mundiales de la Juventud han sido el momento privilegiado
de encuentro del Papa con los jóvenes. Fueron preparadas por dos
grandes acontecimientos internacionales: el primero tuvo lugar en
1984, durante el año santo de la Redención; y el segundo, al año
siguiente, cuando las Naciones Unidas celebraron el Año
Internacional de los Jóvenes.
Esa celebración se convirtió en la excusa
que le llevó a Juan Pablo II a instituir estos encuentros con los
chicos y chicas de todo el mundo que se celebran a nivel diocesano o
internacional en años alternos.
Después de Roma, la Jornada Mundial de la
Juventud se celebró en 1987 en Buenos Aires. El lema del encuentro
fue «Nosotros hemos reconocido y creído en el amor de Dios por
nosotros». Juan Pablo II invitó a los jóvenes a comprender el
sentido de su propia existencia a la luz de Cristo.
La tercera etapa tuvo lugar en Santiago de
Compostela, en 1989. Los jóvenes siguieron las huellas de los
antiguos peregrinos del Camino de Santiago, que constituyen el
origen de Europa como comunidad. Allí, en lo que los antiguos
consideraban el «Finisterre» (final de la tierra), el Papa invitó
a los chicos y chicas a ser evangelizadores como Santiago: «No
tengáis miedo: esta es la libertad con que Cristo nos ha
liberado», les exhortó.
Después de la caída del Muro de Berlín, la
cita tuvo lugar en Czestochowa, en 1991, donde por primera vez
pudieron participar más de 100 mil jóvenes de los países del
Este, muchachos y muchachas que habían sufrido la persecución de
la fe bajo los regímenes totalitarios comunistas. A los pies de la
Virgen Negra de Jasna Gora, Juan Pablo II les invitó a todos, a los
del Este a los de Occidente, a ser constructores de la civilización
del amor, cuyo «gran programa» se encuentra en la doctrina social
de la Iglesia.
A los pies de las Montañas Rocosas de Denver
tuvo lugar la Jornada Mundial de la Juventud de 1993. Llevaba por
mensaje un pasaje tomado del Evangelio de san Juan: «Yo he venido
para que tengan vida y la tengan en abundancia». Se convirtió en
una especie de desafío para la sociedad postmoderna de las grandes
metrópolis, de los rascacielos y del "business". Fue
allí cuando el Papa dijo: «No tengáis miedo de salir a las
calles, a los lugares públicos, como los primeros apóstoles, que
predicaron a Cristo y la Buena Nueva de la salvación en las plazas
de las ciudades, y de los pueblos. No es el momento para
avergonzarse del Evangelio. Es el tiempo para predicarlo desde los
tejados».
De América a Asia. En Manila, en Filipinas,
tuvo lugar la Jornada Mundial más concurrida. Participaron varios
millones de jóvenes. Nadie pudo saber el número exacto.
Y, por último, llegó París, en 1997,
corazón de la Europa cristiana, y al mismo tiempo frontera de la
secularización y de encuentro multicultural. En el hipódromo de
Longchamps, donde se encontraba un número de jóvenes muy superior
al previsto, el Papa concentró su reflexión sobre la pregunta de
los discípulos: «Maestro, ¿dónde vives? Venid y veréis».
Ahora, le toca de nuevo el turno a Roma, pues
en este año se celebra el gran Jubileo. En su mensaje de
preparación de estas Jornadas, el Papa es claro. Dirigiéndose a
los jóvenes, les dice: «No tengáis miedo de ser los santos del
tercer milenio».
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