14-Mayo-2009 -- Servicio Informativo del Vaticano

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Acaben las hostilidades que causaron construcción muro

CIUDAD DEL VATICANO, 13 MAY 2009 (VIS).-El Santo Padre recorrió en papamóvil los dos kilómetros que separan el Caritas Baby Hospital del Campo de Refugiados Aida de Belén, donde fue recibido por el responsable de esa institución.

El Campo de Refugiados Aida es uno de los campos de prófugos en los Territorios que dan cabida a 1.300.000 palestinos llegados sobre todo en dos oleadas: en 1948, con el nacimiento del Estado de Israel y en 1967 tras la "Guerra de los Seis Días". En este campo, ejemplo de convivencia entre cristianos y musulmanes residen unas cinco mil personas, entre las cuales diversas familias cristianas. En los Territorios Palestinos viven, según varias estimaciones entre 3 y 4 millones de personas. Para la UNRWA (Agencia de las Naciones Unidas para los Refugiados de Palestina en Oriente Próximo) los prófugos eran en 2.008, 4.600.000. En Jordania hay 1.700.000, de los cuales 329.000 en 10 campos; en Cisjordania 500.000 en 19 campos; en la Franja de Gaza 1.000.000 en 8 campos sobre un población total de 1.500.000 habitantes; en Líbano 409.000 en 12 campos y en Siria 120.000 en 9 campos.

A su llegada, el Papa agradeció la oportunidad de expresar su "solidaridad a todos los palestinos sin hogar, que anhelan regresar a sus lugares de nacimiento o vivir permanentemente en una patria propia". Después elogió la labor de la UNRWA en ese campo y en otros campos de refugiados de la región.

Benedicto XVI resaltó una vez más la importancia de la educación escolar e invitó a los jóvenes a renovar sus esfuerzos para prepararse "al tiempo en que seréis -dijo- responsables de los asuntos del pueblo palestino en los años venideros". Dirigiéndose posteriormente a las familias las animó a "sostener a los hijos en los estudios y a cultivar sus talentos para que no haya escasez de personas bien formadas para ocupar en el futuro cargos de responsabilidad en la comunidad palestina".

"Sé que muchas de vuestras familias están divididas -a causa del encarcelamiento de miembros de la familia o de restricciones de la libertad de movimiento- y que muchos de vosotros han sufrido pérdidas durante las hostilidades", señaló el Papa asegurando al mismo tiempo sus oraciones constantes por "todos los prófugos palestinos en el mundo, especialmente los que han perdido su hogar y a sus seres queridos durante el reciente conflicto en Gaza".

El Santo Padre alabó la actividad de algunos organismos de la Iglesia en los Territorios Palestinos, como la Misión Pontificia para Palestina o la de las Misioneras Franciscanas del Corazón Inmaculado de María, que "traen a nuestra mente la figura carismática de San Francisco, gran apóstol de paz y de reconciliación", y también la de la Familia Franciscana, "que se preocupa por las gentes de esta tierra, haciéndose "instrumentos de paz"".

"¡Instrumentos de paz!", exclamó el Papa. "¡Cómo anhelan la paz las personas de este campo, de estos Territorios y de toda la región! En estos días ese deseo es particularmente intenso al recordar los hechos de mayo de 1948 (el éxodo de la población árabe, intensificado a partir del 15 de mayo de ese año, cuando el Reino Unido se retiró de Palestina e Israel, según el Plan de partición de Palestina establecido por la resolución 181 de la ONU en noviembre de 1947 n.d.r.) y los años de un conflicto todavía irresuelto, que los siguieron. Ahora vivís en condiciones precarias y difíciles, con oportunidades de trabajo limitadas".

"Es comprensible que a menudo os sintáis frustrados. Vuestras aspiraciones legítimas a una patria permanente, a un Estado Palestino independiente siguen sin cumplirse mientras vosotros os sentís atrapados, como muchos en esta región y en el mundo, en una espiral de violencia, de ataques y contraataques, de venganzas y destrucciones continuas. Todo el mundo desea ardientemente que se rompa esta espiral, anhela que la paz ponga fin a la hostilidad perenne. Percibimos, mientras estamos aquí reunidos esta tarde, la dura conciencia del punto muerto al que parecen haber llegado los contactos entre israelíes y palestinos, el muro".

"En un mundo donde las fronteras se abren cada vez más -al comercio, a los viajes, a la movilidad de las personas, a los intercambios culturales, observó Benedicto XVI- es trágico ver que todavía se levantan muros. ¡Cómo aspiramos ver los frutos de la tarea mucho más difícil de edificar la paz! ¡Cuánto rezamos para que se terminen las hostilidades que han causado la construcción de este muro!".

"De una y otra parte del muro hace falta un gran valor para superar el miedo y la desconfianza si se quiere contrarrestar el deseo de venganzas a causa de pérdidas o heridas. Hace falta magnanimidad para buscar la reconciliación después de años de enfrentamientos armados. Y, sin embargo, la historia nos enseña que la paz llega solo cuando las partes en conflicto están dispuestas a ir más allá de las recriminaciones y a aunar sus esfuerzos en fines comunes, tomando en serio los intereses y las preocupaciones de los demás e intentando construir resueltamente una atmósfera de confianza. Es necesaria la determinación para emprender iniciativas decididas y creativas en pro de la reconciliación: si cada uno insiste en concesiones preliminares por parte del otro, el resultado será solamente el estancamiento de las negociaciones".

Benedicto XVI recordó que la ayuda humanitaria, como la ofrecida en ese campo, jugaba un papel fundamental, "pero la solución a largo plazo de un conflicto como éste no puede dejar de ser política", subrayó. "Nadie espera que los pueblos palestino e israelí la alcancen solos. Es vital el apoyo de la Comunidad internacional. Renuevo por eso mi llamamiento a todas las partes implicadas para que ejerzan su influencia en favor de una solución justa y duradera, en el respeto de las exigencias legítimas de todas las partes y reconociendo su derecho a vivir con paz y dignidad según el derecho internacional. Al mismo tiempo, no obstante, los esfuerzos diplomáticos tendrán éxito solamente si los palestinos y los israelíes están dispuestos a romper el ciclo de las agresiones".

El Santo Padre concluyó sus palabras invitando a todos a "un compromiso profundo para cultivar la paz y la no violencia, siguiendo el ejemplo de San Francisco y de otros constructores de paz. La paz debe comenzar en el propio ambiente, en la propia familia, en el propio corazón. Sigo rezando para que todas las partes en conflicto en esta tierra tengan el coraje y la imaginación para proseguir el exigente, pero indispensable camino de la reconciliación. ¡Que la paz florezca una vez más en estas tierras y Dios bendiga a su pueblo con la paz!

Después de su discurso, Benedicto XVI se trasladó al Palacio presidencial de Belén para efectuar una visita de cortesía al Presidente de la Autoridad Palestina.



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