13-Mayo-2009 -- Servicio Informativo del Vaticano

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¡En Tierra Santa hay lugar para todos!

CIUDAD DEL VATICANO, 12 MAY 2009 (VIS).-Después de un breve encuentro con los cónsules generales de nueve países en servicio en Jerusalén (Bélgica, Italia, Francia, Grecia, Reino Unido, España, Estados Unidos, Suecia y Turquía), Benedicto XVI se trasladó a las 16,00 al Valle de Josafat, que se encuentra frente a la Basílica de Getsemaní y al Huerto de los Olivos, para celebrar la Santa Misa.

El Papa comenzó la homilía recordando las dificultades y sufrimiento a causa de los conflictos en esta tierra y las "amargas experiencias" del desplazamiento de muchas familias. "Espero -dijo- que mi presencia aquí sea un signo de que no se os olvida, de que vuestra presencia y testimonio perseverante son de hecho preciosos a los ojos de Dios y son un componente del futuro de vuestras tierras".

"Precisamente a causa de vuestras profundas raíces en estos lugares, vuestra antigua y fuerte cultura cristiana y vuestra constante confianza en las promesas de Dios, vosotros, cristianos de Tierra Santa, estáis llamados -dijo- a servir no solo como un faro de fe para la Iglesia universal, sino también como levadura de armonía, sabiduría y equilibrio en la vida de una sociedad que tradicionalmente ha sido y sigue siendo plural, multiétnica y multirreligiosa".

Benedicto XVI subrayó que en esta Ciudad Santa "la esperanza sigue combatiendo la desesperación, la frustración y el cinismo, mientras la paz, que es don y llamada de Dios, sigue estando amenazada por el egoísmo, el conflicto y la división y por el peso de las ofensas pasadas. Por esta razón, la comunidad cristiana en esta Ciudad, que ha visto la resurrección de Cristo y la efusión del Espíritu Santo debe hacer todo lo posible por conservar la esperanza donada por el Evangelio, teniendo en cuenta la promesa de la victoria definitiva de Cristo sobre el pecado y la muerte, dando testimonio de la fuerza del perdón y manifestando la naturaleza más profunda de la Iglesia como signo y sacramento de una humanidad reconciliada, renovada y hecha una en Cristo, el nuevo Adán".

Judíos, musulmanes y cristianos, continuó, consideran esta ciudad "como su patria espiritual. ¡Cuánto hay que hacer todavía -exclamó- para que sea realmente una "ciudad de la paz" para todos los pueblos, donde todos pueden venir en peregrinación en busca de Dios y para escuchar su voz, "una voz que habla de paz".

El Papa resaltó que para que la Ciudad Santa "viva su vocación universal debe ser un lugar que enseña la universalidad, el respeto de los demás, el diálogo y la comprensión recíproca; un lugar donde el prejuicio, la ignorancia y el miedo que los alimenta, sean superados por la honradez, la integridad y la búsqueda de la paz. No debería existir un lugar entre estos muros para la clausura, la discriminación, la violencia y la injusticia. Los creyentes en un Dios de misericordia -ya sean judíos, cristianos o musulmanes- deben ser los primeros que promuevan esta cultura de la reconciliación y de la paz, por muy lento que pueda ser el proceso y gravoso el peso de los recuerdos pasados".

Refiriéndose a la "trágica realidad" de la partida de muchos cristianos de esta tierra, sobre todo jóvenes, el Santo Padre dijo: "Deseo repetir lo que he dicho en otras ocasiones: ¡En Tierra Santa hay lugar para todos! Mientras exhorto a las autoridades a respetar y sostener la presencia cristiana aquí, deseo al mismo tiempo aseguraros la solidaridad, el amor y el apoyo de toda la Iglesia y de la Santa Sede".

El Santo Padre concluyó pidiendo a los fieles que sigan un día tras otro "viendo y creyendo" en los signos de la providencia de Dios y de su inagotable misericordia, "escuchando" con renovada fe y esperanza las consoladoras palabras de la predicación apostólica y "tocando" las fuentes de la gracia en los sacramentos y a encarnar para los demás la promesa de los comienzos, la libertad nacida del perdón, la luz interior y la paz que pueden traer salvación y esperanza también en las realidades humanas más oscuras".

Terminada la misa, el Papa se dirigió a la delegación apostólica de Jerusalén para cenar en privado y pernoctar.



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