12-Mayo-2009 -- Servicio Informativo del Vaticano

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Benedicto XVI encuentra al Gran Muftí de Jerusalén

CIUDAD DEL VATICANO, 12 MAY 2009 (VIS).-Benedicto XVI llegó esta mañana a las 8,45 a la explanada de las Mezquitas, conocida en árabe como Al-Haram Ash-Sharif (recinto santísimo y nobilísimo). Se hallaba en el sitio en que Salomón construyó el templo de Jerusalén, que fue reconstruido al final del siglo I a.C. por Herodes. En el lugar se encuentran las mezquitas de la Cúpula de la Roca y Al-Aqsa.

El área de la explanada es relevante para las tres religiones monoteístas: para los judíos era el lugar donde Abrahán tendría que haber sacrificado a Isaac, así como el del templo de Salomón; los musulmanes la consideran su tercera meta de peregrinación tras la Meca y Medina y el lugar donde el profeta Mahoma ascendió al cielo; para los cristianos es el lugar donde Cristo habló de la destrucción del Templo.

La Cúpula de la Roca, de techo dorado y forma octagonal, es el monumento islámico más antiguo todavía en pie en Tierra Santa. La primera mezquita, edificada en el 640 fue sustituida por la actual en el 687. En el siglo XII los cruzados la transformaron en iglesia cristiana dándole el nombre de "Templum Domini", de donde tomó el nombre la orden ecuestre de los Templarios. Fue restaurada como lugar musulmán de culto por Saladino en el 1187. En el centro de esta mezquita suntuosamente decorada se encuentra la roca sagrada en la que rezó Mahoma antes de subir al cielo.

La mezquita de Al-Aqsa, cuyo nombre en árabe significa la más remota, es según la tradición musulmana el lugar más lejano de la Meca al que una noche Mahoma fue transportado milagrosamente. La construcción se remonta al siglo VIII, diversos terremotos la destruyeron, fue reconstruida, pasó a ser una iglesia de los Templarios, y como la Cúpula de la Roca, Saladino la restauró como lugar de culto islámico. Durante la restauración de la mezquita en 1938, el rey Faruk de Egipto renovó el artesonado y Mussolini donó las columnas de mármol de Carrara.

El Santo Padre llegó a las 9,00 a la Cúpula de la Roca, donde le esperaban el Gran Mufti Muhammad Ahmad Husayn, suprema autoridad jurídico-religiosa de Jerusalén y del pueblo árabe musulmán en Palestina. y el presidente del consejo del Waqf (Bienes religiosos islámicos). Después de una breve visita fue acompañado al edificio de Al-Kubbah Al-Nahawiyya", donde le esperaban los altos representantes de la comunidad islámica.

"La Cúpula de la Roca -dijo el Papa- lleva nuestros corazones y nuestras mentes a reflexionar sobre el misterio de la creación y sobre la fe de Abraham. Aquí los caminos de las tres grandes religiones monoteístas mundiales se encuentran, recordándonos lo que tienen en común. Cada una cree en un sólo Dios, creador y regulador de todo. Cada una reconoce a Abraham como su antepasado. (...) Cada una ha sido seguida por innumerables personas a lo largo de los siglos y ha inspirado un rico patrimonio espiritual, intelectual y cultural".

"En un mundo tristemente lacerado por las divisiones, este lugar sagrado sirve de estímulo y constituye además un reto para que los hombres y mujeres de buena voluntad se comprometan a superar incomprensiones y conflictos del pasado y se encaminen por la senda de un diálogo sincero, cuyo fin es la construcción de un mundo de justicia y de paz para las generaciones futuras".

"Ya que las enseñanzas de las tradiciones religiosas conciernen en último lugar a la realidad de Dios, al significado de la vida y al destino común de la humanidad, es decir a todo los que para nosotros es muy sagrado y amado -observó el Santo Padre-, puede existir la tentación de dedicarse a ese diálogo con reluctancia o ambigüedad sobre sus posibilidades de éxito. Pero podemos empezar con creer que el único Dios es la fuente infinita de la justicia y la misericordia ya que ambas existen en Él en perfecta unidad. Los que confiesan su nombre tienen la misión de comprometerse firmemente en la rectitud imitando también su clemencia, ya que ambas actitudes están orientadas intrínsecamente a la coexistencia pacífica y armoniosa de la familia humana".

"La fidelidad al único Dios, el Creador, el Altísimo, nos lleva a reconocer -subrayó el Papa- que los seres humanos están ligados fundamentalmente unos a otros porque todos proceden de una sola fuente y se dirigen a una meta común. Marcados con la imagen indeleble de lo divino, están llamados a jugar un papel activo para allanar las divisiones y promover la solidaridad humana. Por eso, tenemos una gran responsabilidad. Los que veneran a un sólo Dios creen que Él considerará a los seres humanos responsables de sus acciones. Los cristianos afirman que los dones divinos de la razón y la libertad son el fundamento de esta responsabilidad. La razón abre la mente para comprender la naturaleza compartida y el destino común de la familia humana mientras la libertad empuja el corazón a aceptar al prójimo y a servirlo en la caridad".

"He venido a Jerusalén -afirmó el Papa- en una peregrinación de fe, (...) como obispo de Roma y sucesor del apóstol Pedro. pero también como hijo de Abraham en el cual "todas las familias de la tierra serán bendecidas" Os aseguro que la Iglesia desea ardientemente cooperar por el bien de la familia humana y que cree firmemente que la promesa hecha a Abraham tiene un alcance universal, que abraza a todos los hombres y mujeres, independientemente de su procedencia o condición social".

"Mientras musulmanes y cristianos prosiguen el diálogo respetuoso que ya han comenzado -concluyó Benedicto XVI- rezo para que apuren cómo la Unicidad de Dios esté inseparablemente ligada a la unidad de la familia humana (...) y fijen la mirada sobre su bondad absoluta, sin perder nunca de vista cómo se refleja en el rostro de los demás".

Finalizado su discurso, el Santo Padre se trasladó al Muro Occidental, conocido como el "Muro de las Lamentaciones".



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