12-Mayo-2009 -- Servicio Informativo del Vaticano

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Proclamar claramente lo que tenemos en común

CIUDAD DEL VATICANO, 11 MAY 2009 (VIS).-A las 18,45, el Papa se encontró con los representantes de organizaciones para el diálogo interreligioso en el "Notre Dame of Jerusalem Centre", que fue erigido en Pontificio Instituto por el Siervo de Dios Juan Pablo II en 1978. Al acto, que tuvo lugar en el Auditórium, asistieron 500 personas.

Al comienzo de su discurso, el Santo Padre señaló que a pesar de que en los últimos tiempos "se ha hecho mucho por crear un sentido de cercanía y de unidad en la familia humana universal", sin embargo "el uso ilimitado de portales por medio de los cuales las personas tienen un fácil acceso a fuentes indiscriminadas de información se puede convertir en un instrumento de mayor fragmentación".

Benedicto XVI invitó a preguntarse "qué contribución aporta la religión a las culturas del mundo en un contexto de rápida globalización. (...) Como creyentes o personas religiosas tenemos el desafío de proclamar con claridad lo que tenemos en común".

"Vidas de religiosa fidelidad manifiestan -aseguró- la impetuosa presencia de Dios y de esta manera forman una cultura no definida por los límites del tiempo o del lugar, sino fundamentalmente plasmadas por los principios y las acciones que proceden de la fe".

Tras hacer hincapié en que "la fe religiosa presupone la verdad y que quien cree es aquel que busca la verdad y vive de ella", el Papa dijo a los presentes que "juntos podemos proclamar que Dios existe y que puede ser conocido, que la tierra es su creación, que somos sus criaturas, y que llama a cada hombre y mujer a un estilo de vida que respete su designio para el mundo. Si creemos que tenemos un criterio de juicio y de discernimiento que es divino en su origen y destinado a toda la humanidad, entonces no podemos cansarnos de transmitir este conocimiento a la vida civil. Se debe ofrecer a todos la verdad; sirve a todos los miembros de la sociedad".

"Lejos de amenazar la tolerancia de las diferencias o de la pluralidad cultural, la verdad hace posible el consenso y mantiene el debate público razonable, honesto y verificable y abre el camino a la paz. Promoviendo la voluntad de ser obedientes a la verdad, de hecho, proyecta nuestro concepto de razón y su ámbito de aplicación y hace posible el diálogo genuino de las culturas y de las religiones de las que hoy hay una especial necesidad".

El Santo Padre señaló que "en una época de acceso inmediato a la información y de tendencias sociales que generan una especie de monocultura, la reflexión profunda que contraste el alejamiento de la presencia de Dios reforzará la razón, estimulará el genio creativo, facilitará la valoración crítica de las costumbres culturales y sostendrá el valor universal de la creencia religiosa".

Frente a la ilusión de algunos de que "creamos que nuestras diferencias son necesariamente causa de división y por tanto que como mucho deberían ser toleradas, (...) o incluso que nuestras voces deben ser sencillamente reducidas al silencio", dijo: "Sabemos que nuestras diferencias no deben ser nunca mal interpretadas como una fuente inevitable de fricciones o de tensión tanto entre nosotros mismos, como en la sociedad. Al contrario, ofrecen una espléndida oportunidad para que personas de diversas religiones vivan juntas con profundo respeto, estima y aprecio, animándose recíprocamente en los caminos de Dios".

"Impulsados por el Omnipotente e iluminados por su verdad -terminó-, seguid caminando con coraje, respetando todo lo que nos une como criaturas bendecidas por el deseo de llevar la esperanza a nuestra comunidades y al mundo".

Concluido el encuentro, el Santo Padre bendijo la primera piedra del nuevo "Instituto Notre Dame" de Magdala, que acogerá a peregrinos en visita a Tierra Santa y será un centro espiritual con la futura Basílica de Santa María Magdalena.



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