19-Abril-2008 -- Servicio Informativo del Vaticano

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JOVENES: ORACION PERSONAL, LITURGICA Y CARIDAD

CIUDAD DEL VATICANO, 19 ABR 2008 (VIS).-A las 16,30, el Papa se encontró con los jóvenes y seminaristas en el Seminario de San José de Nueva York.

Después del saludo del cardenal Edward Egan, arzobispo de Nueva York, tres representantes de los 20.000 jóvenes presentes ofrecieron al Papa pan, arroz y maíz, como símbolo de la riqueza de sus diversas tradiciones. A continuación, varios chicos le cantaron el cumpleaños feliz en alemán.

Al comienzo de su discurso, Benedicto XVI se refirió a las imágenes expuestas en este encuentro de "seis hombres y mujeres ordinarios que se superaron para llevar una vida extraordinaria": Santa Isabel Ana Seton, Santa Francisca Javier Cabrini, San Juan Neumann, la beata Kateri Tekakwitha, el venerable Pierre Toussaint y el padre Félix Varela. "Cada uno de ellos -dijo- respondió a la llamada de Dios y a una vida de caridad, y lo sirvió aquí en las calles y callejas o en los suburbios de Nueva York".

"Y ¿qué ocurre hoy? ¿Quién da testimonio de la Buena Nueva de Jesús en las calles de Nueva York, en los suburbios agitados en la periferia de las grandes ciudades, en las zonas donde se reúnen los jóvenes buscando a alguien en quien confiar? Dios es nuestro origen y nuestra meta, y Jesús es el camino".

Tras poner de relieve que como jóvenes americanos estaban siendo educados "con un sentido de generosidad, servicio y rectitud", el Santo Padre recordó que sus años de juventud "fueron arruinados por un régimen funesto que pensaba tener todas las respuestas; su influjo creció -filtrándose en las escuelas y los organismos civiles, así como en la política e incluso en la religión- antes de que pudiera percibirse claramente que era un monstruo. Declaró proscrito a Dios".

El Papa invitó a los jóvenes a dar gracias a Dios porque a pesar de todo, "hoy muchos de su generación pueden gozar de las libertades que surgieron gracias a la expansión de la democracia y del respeto de los derechos humanos".

"Sin embargo -continuó-, el poder destructivo permanece. Decir lo contrario sería engañarse a sí mismos. Pero éste jamás triunfará; ha sido derrotado". En la liturgia de la Vigilia pascual, "clamamos a Dios por nuestro mundo: "Disipa las tinieblas del corazón. Disipa las tinieblas del espíritu". Y se preguntó: "¿Qué pueden ser estas tinieblas? ¿Qué sucede cuando las personas, sobre todo las más vulnerables, encuentran el puño cerrado de la represión o de la manipulación en vez de la mano tendida de la esperanza?". En este contexto mencionó "a los afectados por el abuso de la droga y los estupefacientes, por la falta de casa o la pobreza, por el racismo, la violencia o la degradación, en particular muchachas y mujeres".

El Papa señaló que "el segundo grupo de tinieblas -las que afectan al espíritu- a menudo no se percibe, y por eso es particularmente nocivo. La manipulación de la verdad distorsiona nuestra percepción de la realidad y enturbia nuestra imaginación y nuestras aspiraciones". Por eso, dijo, "hay que salvaguardar rigurosamente la importancia fundamental de la libertad", que "puede ser malentendida y usada mal, de manera que no lleva a la felicidad que todos esperamos, sino hacia un escenario oscuro de manipulación, en el que nuestra comprensión de nosotros mismos y del mundo se hace confusa o se ve incluso distorsionada por quienes ocultan sus propias intenciones".

A menudo, continuó, "se reivindica la libertad sin hacer jamás referencia a la verdad de la persona humana" y "en lugar de la verdad -o mejor, de su ausencia- se ha difundido la idea de que, dando un valor indiscriminado a todo, se asegura la libertad y se libera la conciencia. A esto llamamos relativismo".

"La verdad no es una imposición. Tampoco es un mero conjunto de reglas. Es el descubrimiento de Alguien que jamás nos traiciona; de Alguien del que siempre podemos fiarnos. (...) En definitiva, la verdad es una persona: Jesucristo. Ésta es la razón por la que la auténtica libertad no es optar por "desentenderse de". Es decidir "comprometerse con".

Benedicto XVI invitó a los jóvenes a plantearse cómo ayudar a los demás "a caminar por el camino de la libertad que lleva a la satisfacción plena y a la felicidad duradera". "La luz de Cristo les invita a ser estrellas-guía para los otros, marchando por el camino de Cristo, que es camino de perdón, de reconciliación, de humildad, de gozo y de paz".

El Papa consideró a continuación "cuatro aspectos esenciales del tesoro de nuestra fe: la oración personal y el silencio, la oración litúrgica, la práctica de la caridad y las vocaciones".

"Lo más importante -aseguró- es que ustedes desarrollen su relación personal con Dios. Esta relación se manifiesta en la oración". Por otra parte, animó a no tener miedo "del silencio y del sosiego; escuchen a Dios, adórenlo en la Eucaristía. Permitan que su palabra modele su camino como crecimiento de la santidad".

El Santo Padre recordó que "mediante la liturgia, "la obra de Jesús" entra continuamente en contacto con la historia; con nuestra vida, para modelarla. (...) Cada vez que se reúnen para la Santa Misa, cuando van a confesarse, cada vez que celebran uno de los sacramentos, Jesús está actuando".

Refiriéndose a las "nuevas injusticias", derivadas de "la explotación del corazón y de la manipulación del espíritu; (...) la tierra misma gime bajo el peso de la avidez consumista y de la explotación irresponsable", exhortó a "responder con una acción social renovada que nazca del amor universal que no conoce límites".

Benedicto XVI invitó a los chicos y chicas a agradecer a los padres, abuelos y padrinos "la posibilidad de recibir el don más grande de su vida: el bautismo", con el que "llegaron a ser hijos e hijas adoptivos del Padre. Fueron incorporados a Cristo".

Dirigiéndose a 300 seminaristas procedentes de las diócesis de la East Coast (Costa Oriental), el Papa les dijo: "El Pueblo de Dios espera de ustedes que sean sacerdotes santos. (...) Les exhorto a profundizar su amistad con Jesús, el Buen Pastor. (...) Rechacen toda tentación de ostentación, hacer carrera o de vanidad".

El Santo Padre resaltó la contribución generosa de las religiosas, religiosos y sacerdotes de las Congregaciones "a la misión de la Iglesia. (...) El maravilloso conjunto de carismas propios de cada Instituto religioso es un tesoro espiritual extraordinario. (...) Estoy seguro que, descubriendo los carismas que producen esta riqueza de sabiduría espiritual, algunos de ustedes, jóvenes, se sentirán atraídos por una vida de servicio apostólico o contemplativo"

Tras hacer hincapié en que "Cristo es la esperanza que jamás defrauda", Benedicto XVI aseguró a los jóvenes que en la Iglesia "encontrarán el aliento y el apoyo para marchar por el camino del Señor. (...) Hoy son ustedes los discípulos de Cristo. Irradien su luz en esta gran ciudad y en otras".

El Papa se despidió con un "hasta pronto", "hasta encontrarme de nuevo con ustedes en julio, para la Jornada Mundial de la Juventud en Sidney".

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