18-Abril-2008 -- Servicio Informativo del Vaticano

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UN TESTIMONIO CLARO DE LAS RAZONES DE NUESTRA ESPERANZA

CIUDAD DEL VATICANO, 18 ABR 2008 (VIS).-A las 18,00, el Santo Padre participó en un encuentro ecuménico en la Iglesia de San José, en Nueva York. Asistieron al acto 250 representantes de 10 confesiones cristianas.

Al comienzo de su discurso, el Santo Padre manifestó su aprecio por "la obra inestimable de todos los que están comprometidos en el ecumenismo" en Estados Unidos: el National Council of Churches, el Christian Churches Together, el Catholic Bishops’s Secretariat for Ecumenical and Interreligious Affairs, y otros muchos. "La aportación ofrecida al movimiento ecuménico por los cristianos de los Estados Unidos -dijo- es notoria en todo el mundo".

Como consecuencia de la globalización, existe "un sentido creciente de interrelación e interdependencia entre los pueblos, incluso cuando, hablando en términos geográficos y culturales, están distantes unos de otros. (...) Por otra parte, no se puede negar que los rápidos cambios que suceden en el mundo presentan también algunos signos desagradables de fragmentación y de repliegue en el individualismo".

El Papa manifestó su preocupación por "la difusión de la ideología secularista, que socava e incluso rechaza la verdad trascendente. La misma posibilidad de una revelación divina, y por tanto de la fe cristiana, se ha puesto a menudo en discusión por tendencias de pensamiento muy difundidas en los ambientes universitarios, en los medios de comunicación y en la opinión pública. Por estas razones, es más necesario que nunca un testimonio fiel del Evangelio. Se pide a los cristianos que den razón de su esperanza con claridad".

"Con mucha frecuencia los no cristianos, al ver la fragmentación de las comunidades cristianas, se quedan, con razón, confundidos sobre el mensaje mismo del Evangelio. A veces las creencias y comportamientos cristianos fundamentales son modificados dentro de las comunidades por las llamadas "acciones proféticas", basadas en una hermenéutica no siempre en consonancia con la Escritura y la Tradición. Como consecuencia, las comunidades renuncian a actuar como un cuerpo unido, y prefieren en cambio actuar según el principio de "las opciones locales".

Benedicto XVI señaló que "frente a estas dificultades, en primer lugar, debemos recordar que la unidad de la Iglesia deriva de la perfecta unidad de la Trinidad". Refiriéndose a los apóstoles, recordó que "la eficacia última de su predicación (...) dependía de la acción del Espíritu, que confirmaba su testimonio autorizado".

"La fuerza del kerigma -continuó- no ha perdido nada de su dinamismo interior. Sin embargo, debemos preguntarnos si no se ha atenuado toda su fuerza por un enfoque relativista de la doctrina cristiana similar al que encontramos en las ideologías secularizadas, que, al sostener que solamente la ciencia es "objetiva", relegan completamente la religión a la esfera subjetiva del sentimiento del individuo".

El Santo Padre afirmó que aunque "los descubrimientos científicos y sus realizaciones a través del ingenio humano ofrecen a la humanidad sin duda nuevas posibilidades de mejora, esto no significa, sin embargo, que lo que "puede ser conocido" ha de limitarse a lo que es verificable empíricamente, ni que la religión esté confinada al reino cambiante de la "experiencia personal".

"La aceptación de esta línea errónea de pensamiento llevaría a los cristianos a la conclusión de que en la exposición de la fe cristiana no es necesario subrayar la verdad objetiva, porque no hay más que seguir la propia conciencia y escoger la comunidad que mejor concuerde con los propios gustos personales. El resultado de esto se puede observar en la continua proliferación de comunidades, que con frecuencia evitan estructuras institucionales y minimizan la importancia del contenido doctrinal para la vida cristiana".

El Papa aseguró a los representantes de las distintas confesiones cristianas que "solamente "manteniéndose firmes" en la enseñanza segura lograremos responder a los retos que nos asaltan en un mundo que cambia. Sólo así daremos un testimonio firme de la verdad del Evangelio y de su enseñanza moral. Éste es el mensaje que el mundo espera oír de nosotros".

"Igual que los primeros cristianos, tenemos la responsabilidad de dar un testimonio transparente de las "razones de nuestra esperanza", de manera que los ojos de todos los hombres de buena voluntad se abran para ver que Dios ha manifestado su rostro y nos ha permitido acceder a su vida divina a través de Jesucristo. ¡Sólo Él es nuestra esperanza!".

Benedicto XVI pidió al final que este encuentro "sea un ejemplo de la importancia de la oración en el movimiento ecuménico; pues, sin oración, las estructuras, las instituciones y los programas ecuménicos quedarían despojados de su corazón y de su alma".

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