13-Mayo-2010 -- ACI Prensa Servicios de Noticias

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Hacer a Dios presente en el mundo como María, alienta el Papa Benedicto XVI

FÁTIMA, 12 May. 10 (ACI).- En su discurso al bendición la luz de las velas en la explanada del Santuario de Fátima, el Papa Benedicto XVI resaltó que la "prioridad más importante de todas es hacer a Dios presente en este mundo y facilitar a los hombres el acceso a Dios", así como hizo María al testimoniar a todos la luz de su Hijo el Señor Jesús.

Observando a la multitud de peregrinos presentes en la explanada del Santuario de Fátima, antes del rezo del Rosario, sosteniendo sus velas encendidas en una noche fría por el clima, el Santo Padre recordó que la luz de Dios no es propia de los hombres, sino un don de Dios que Moisés vio en la zarza ardiente y Santa María testimonió totalmente con su vida.

Luego de resaltar la necesidad de contar con lugares para el culto, el Santo Padre advirtió que "en nuestro tiempo, cuando en extensas regiones de la tierra la fe corre el riesgo de apagarse como una llama que se extingue, la prioridad más importante de todas es hacer a Dios presente en este mundo y facilitar a los hombres el acceso a Dios".

"No a un dios cualquiera, sino al Dios que ha hablado en el Sinaí; al Dios cuyo rostro reconocemos en el amor hasta el extremo, en Cristo crucificado y resucitado. Queridos hermanos y hermanas, adorad en vuestros corazones a Cristo Señor", precisó.

Seguidamente alentó: "no tengáis miedo de hablar de Dios y de mostrar sin complejos los signos de la fe, haciendo resplandecer a los ojos de vuestros contemporáneos la luz de Cristo que, como canta la Iglesia en la noche de la Vigilia Pascual, engendra a la humanidad como familia de Dios".

Luego de recordar el impresionante testimonio de los tres pastores que vieron a la Virgen de Fátima, Benedicto XVI recordó que la importancia fundamental del Rosario: "al meditar los misterios gozosos, luminosos, dolorosos y gloriosos, recitando las avemarías, contemplamos todo el misterio de Jesús, desde la Encarnación a la Cruz y la gloria de la Resurrección; contemplamos la íntima participación de María en este misterio y nuestra vida en Cristo hoy, que también está tejida de momentos de alegría y de dolor, de sombras y de luz, de contrariedades y de esperanzas".

El Papa Benedicto XVI dijo luego: "siento que me acompañan la devoción y el afecto de todos los fieles aquí reunidos y del mundo entero. Traigo conmigo las preocupaciones y las esperanzas de nuestro tiempo y los sufrimientos de la humanidad herida, los problemas del mundo, y vengo a ponerlos a los pies de Nuestra Señora de Fátima".

"Virgen Madre de Dios y Madre nuestra querida, intercede por nosotros ante tu Hijo, para que las familias de los pueblos, tanto aquellas que llevan el nombre de cristianas como las que todavía no conocen a su Salvador, vivan en paz y en concordia hasta que todas formen un solo Pueblo de Dios, a gloria de la santísima e indivisible Trinidad. Amén", concluyó.



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