11-Mayo-2010 -- Servicio Informativo del Vaticano

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El Papa en Portugal como peregrino de la Virgen de Fátima

CIUDAD DEL VATICANO, 11 MAY 2010 (VIS).-Benedicto XVI partió esta mañana a las 9,10 (hora local) del aeropuerto romano de Fiumicino y tras tres horas de vuelo aterrizó a las 11,00 (hora de Portugal) en el aeropuerto internacional Portela de Lisboa, dando inicio a su decimoquinto viaje apostólico.

A su llegada, el Santo Padre fue recibido por el presidente de la República, Anibal Cavaco Silva y por el cardenal José da Cruz Policarpo, patriarca de Lisboa. Participaron también en el acto diversas autoridades políticas y civiles y algunos obispos de Portugal.

"Vengo como peregrino de la Virgen de Fátima -dijo el Papa en la apertura de su discurso-, con la misión, recibida de las alturas, de confirmar a mis hermanos que avanzan en su peregrinación hacia el cielo".

"La Virgen María vino del Cielo para recordarnos verdades del Evangelio que constituyen para la humanidad, fría de amor y sin esperanza en la salvación, una fuente de esperanza. Ciertamente la dimensión primera y radical de esta esperanza no es la relación horizontal, sino la vertical y trascendente. La relación con Dios es constitutiva del ser humano, que fue creado y ordenado hacia Dios, busca la verdad en su propia estructura cognoscitiva, tiende hacia el bien en la esfera volitiva y se siente atraído por la belleza en la dimensión estética".

"La conciencia es cristiana -afirmó el Santo Padre- en la medida en que se abre a la plenitud de la vida y de la sabiduría que tenemos en Jesucristo. La visita que ahora inicio bajo el signo de la esperanza quiere ser una propuesta de sabiduría y de misión".

"De una visión sabia de la vida y del mundo se deriva la justa ordenación de la sociedad", observó el pontífice. "Colocada en la historia, la Iglesia está abierta para colaborar con los que no marginan ni reducen a lo privado la consideración esencial del sentido humano de la vida. No se trata de una confrontación entre un sistema laico y uno religioso, sino de una cuestión de sentido a la que se confía la propia libertad. Lo que distingue es el valor atribuido a la problemática del sentido y a su implicación en la vida pública".

Benedicto XVI recordó en este contexto que la instauración de la república en Portugal, hace 100 años, abrió "en la distinción entre Iglesia y Estado, un nuevo espacio de libertad para la Iglesia, a la que los dos concordatos de 1940 y 2004 dieron forma en ámbitos culturales y perspectivas eclesiales marcadas por cambios muy rápidos. Los sufrimientos causados por las transformaciones, en general, se afrontaron con valor".

"Vivir en una pluralidad de sistemas de valores y de marcos éticos requiere un viaje al centro de sí mismo y al núcleo del cristianismo para reforzar la calidad del testimonio hasta la santidad, encontrar senderos de misión hasta la radicalidad del martirio", concluyó el Santo Padre.

Finalizado su discurso Benedicto XVI se desplazó a la nunciatura apostólica, desde donde a las 12,30 (hora de Portugal) se trasladó en automóvil al Monasterio de los Jerónimos, situado a 9 kilómetros de distancia. El Monasterio se construyó entre 1502 y 1580 sobre el eremitorio de Santa María de Belém, regalado por el rey Manuel I a la Orden de los Jerónimos.

El complejo, que en la actualidad se utiliza para la acogida de los Jefes de Estado, está muy ligado con los viajes de los grandes exploradores y misioneros portugueses, recordados también en el cercano monumento de la Torre de Belém. Desde 1983 forma parte de los lugares considerados por la UNESCO como Patrimonio Histórico de la Humanidad y en 2007 fue escenario de la firma del nuevo Tratado de Lisboa de la Unión Europea.

Benedicto XVI fue recibido por el presidente Cavaco Silva y su esposa y después de la ceremonia de bienvenida, acompañado por el cardenal Policarpo, visitó brevemente la antigua iglesia de Santa María de Belém, donde rezó ante el Santísimo para después recorrer el claustro del monasterio.

A las 13,15 (hora de Portugal), el Papa recorrió en papamóvil los 400 metros que le separaban del Palacio de Belém, construido en el siglo XVI y residencia de los soberanos portugueses hasta la fecha de la declaración de la República (1911), cuando pasó a ser residencia oficial de los presidentes.

En el Palacio de Belém, lugar de la visita de cortesía al presidente de la República de Portugal, el Santo Padre firmó en el Libro de Oro, departió en privado con el presidente Cavaco Silva y saludó a su familia. También dirigió unas palabras al personal del Palacio. A continuación regresó a la nunciatura apostólica de Lisboa, donde almorzó.



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