| Preguntas Católicas |
| Saludos Question from Luis on 11-14-2012: |
hola hermano Frank mi nombre es Luis soy de Peru, gracias por ayudarnos a reforzar nuestra fe cristiana catolica, en esta ocasion tengo una inquietud y paso a transcribir el escrito que ha dado motivo para la inquietud y al final esta la pregunta respectiva. La inquietud es acerca de San Agustin y el Papado
desde hace varios años esta en internet esta un escrito que ahora ha sido publico En un foro de internet, un usuario posiblemente transcribio el escrito que dice lo siguiente:
¿Qué creía al respecto Agustín (visto por la Iglesia Católica como un santo)?
En este mismo período de mi sacerdocio, también escribí un libro contra cierta carta de Donato [...] En un pasaje de este libro, dije respecto al Apóstol Pedro: Sobre él, como sobre una piedra, se edificó la Iglesia.’ [...] Pero sé que con mucha frecuencia posteriormente, expliqué de este modo lo que dijo el Señor: Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, que se debe entender que se edifica sobre Aquel a quien Pedro confesó cuando dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios vivo, y así Pedro, habiendo recibido su nombre en honor de esta piedra, representó a la persona de la Iglesia, que se edifica sobre esta piedra, y ha recibido las llaves del reino de los cielos. Pues se le dijo: Tú eres Pedro, y no: Tú eres la piedra. Pero la piedra era Cristo, de quien al hacer confesión —como hace confesión de él también toda la Iglesia— se llamó Pedro a Simón. (The Fathers of the Church—Saint Augustine, the Retractations [Los padres de la Iglesia... San Agustín, las Retractaciones], Washington, D.C.; 1968, traducido al inglés por Mary I. Bogan, libro I, pág. 90.) Ante el escrito no supe que contestar en ese momento ¿nos podria por favor ayudar a saber o a entender más acerca el tema?, ya que el tema ha dado como resultado diferentes respuestas. Gracias por responder la pregunta hno Frank que Dios siempre lo bendiga y la Virgen Maria le acompañe siempre. |
| Answer by Frank Morera on 11-14-2012: |
Hola Luis.Simpatico...asi que el Santo mas grande de la Iglesia es
Pentecostal!! que callado se lo tenia!!
Despues de reirnos un poco de lo angustiado que anda el demonio en
estos dias te contestare en serio con este articulo muy intersante: San Agustín es citado frecuentemente por protestantes debido a que
afirman que su interpretación de Mateo 16, 18 es una negación directa
del Papado. Presentan textos como los siguientes:
“Sobre esta piedra edificaré esta misma fe que profesas. Sobre esta
afirmación que tú has hecho: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo,
edificaré mi Iglesia. ” [1] San Agustín también escribió: “Cristo,
como ves, edificó su Iglesia no sobre un hombre sino sobre la
confesión de Pedro. ¿Cuál es la confesión de Pedro? ‘Tú eres el
Cristo, el Hijo del Dios viviente’. Aquí está la roca para vosotros,
aquí el fundamento, aquí es donde la Iglesia ha sido construida, la
cual las puertas del inframundo no pueden conquistar. ”
Para entender porqué los hermanos protestantes ven en estos textos una
negación del primado petrino debemos entender su interpretación de
Mateo 16, 18. La interpretación más extendida entre ellos es que, si
es la fe de Pedro la piedra sobre la que se edifica la Iglesia,
cualquiera que tenga fe es otro Pedro, por lo tanto el apóstol Pedro
no habría recibido de Cristo una autoridad especial sobre el resto de
los apóstoles, en resumen, nunca fue Papa.
Sin embargo, un estudio detenido del contexto bíblico y del resto de
la obra de San Agustín dan por tierra con dicha interpretación, ya que
no se halla nada en la obra de Agustín que implique un rechazo al
obispo de Roma como legítimo sucesor de Pedro y a la sujeción que le
corresponde como heredero legítimo de dicho ministerio.
La lectura detenida del texto citado, muestra que el santo reconoce a
Pedro en virtud de su fe como primero de los apóstoles, quien
representa a la Iglesia entera y por medio de la cual esta recibe las
llaves que le autorizan a ejercer su ministerio:
“San Pedro, el primero de los apóstoles, que amaba ardientemente a
Cristo, y que llegó a oír de él estas palabras: 'Ahora te digo yo: Tú
eres Pedro'. Él había dicho antes: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios
vivo'. Y Cristo le replicó: 'Ahora te digo yo: Tú eres Pedro, y sobre
esta piedra edificaré mi Iglesia. Sobre esta piedra edificaré esta
misma fe que profesas. Sobre esta afirmación que tú has hecho: Tú eres
el Mesías, el Hijo de Dios vivo, edificaré mi Iglesia. Porque tú eres
Pedro. ' 'Pedro' es una palabra que se deriva de 'piedra', y no al
revés. 'Pedro' viene de 'piedra', del mismo modo que 'cristiano' viene
de 'Cristo'. El Señor Jesús, antes de su Pasión, como sabéis, eligió a
sus discípulos, a los que dio el nombre de apóstoles. Entre ellos,
Pedro fue el único que representó la totalidad de la Iglesia casi en
todas partes. Por ello, en cuanto que él solo representaba en su
persona a la totalidad de la Iglesia, pudo escuchar estas palabras: Te
daré las llaves del reino de los cielos. Porque estas llaves las
recibió no un hombre único, sino la Iglesia única. De ahí la
excelencia de la persona de Pedro, en cuanto que él representaba la
universalidad y la unidad de la Iglesia, cuando se le dijo: Yo te
entrego, tratándose de algo que ha sido entregado a todos. Pues, para
que sepáis que la Iglesia ha recibido las llaves del reino de los
cielos, escuchad lo que el Señor dice en otro lugar a todos sus
apóstoles: Recibid el Espíritu Santo. Y a continuación: A quienes les
perdonéis los pecados les quedan perdonados; a quienes se los
retengáis les quedan retenidos. En este mismo sentido, el Señor,
después de su resurrección, encomendó también a Pedro sus ovejas para
que las apacentara. No es que él fuera el único de los discípulos que
tuviera el encargo de apacentar las ovejas del Señor; es que Cristo,
por el hecho de referirse a uno solo, quiso significar con ello la
unidad de la Iglesia; y, si se dirige a Pedro con preferencia a los
demás, es porque Pedro es el primero entre los apóstoles. No te
entristezcas, apóstol; responde una vez, responde dos, responde tres.
Venza por tres veces tu profesión de amor, ya que por tres veces el
temor venció tu presunción. Tres veces ha de ser desatado lo que por
tres veces habías ligado. Desata por el amor lo que habías ligado por
el temor. A pesar de su debilidad, por primera, por segunda y por
tercera vez encomendó el Señor sus ovejas a Pedro” [1]
Sorprendentemente, el catecismo católico casi dos milenios después nos
da una interpretación bastante similar:
“En el colegio de los doce Simón Pedro ocupa el primer lugar (cf.
Marcos 3, 16; 9, 2; Lucas 24, 34; 1 Corintios 15, 5). Jesús le confía
una misión única. Gracias a una revelación del Padre, Pedro había
confesado: "Tú eres el Cristo, el Hijo de Dios vivo". Entonces Nuestro
Señor le declaró: "Tú eres Pedro, y sobre esta piedra edificaré mi
Iglesia, y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella" (Mateo
16, 18). Cristo, "Piedra viva" (1 Pedro 2, 4), asegura a su Iglesia,
edificada sobre Pedro la victoria sobre los poderes de la muerte.
Pedro, a causa de la fe confesada por él, será la roca inquebrantable
de la Iglesia. Tendrá la misión de custodiar esta fe ante todo
desfallecimiento y de confirmar en ella a sus hermanos (cf. Lucas 22,
32). ” [2]
“Jesús ha confiado a Pedro una autoridad específica: "A ti te daré las
llaves del Reino de los cielos; y lo que ates en la tierra quedará
atado en los cielos, y lo que desates en la tierra quedará desatado en
los cielos" (Mateo 16, 19). El poder de las llaves designa la
autoridad para gobernar la casa de Dios, que es la Iglesia. Jesús, "el
Buen Pastor" (Juan 10, 11) confirmó este encargo después de su
resurrección: "Apacienta mis ovejas" (Juan 21, 15-17). El poder de
"atar y desatar" significa la autoridad para absolver los pecados,
pronunciar sentencias doctrinales y tomar decisiones disciplinares en
la Iglesia. Jesús confió esta autoridad a la Iglesia por el ministerio
de los apóstoles (cf. Mateo 18, 18) y particularmente por el de Pedro,
el único a quien él confió explícitamente las llaves del Reino. ” [3]
Ahora bien, sería injusto para con el santo, sacar conclusiones de su
pensamiento usando solamente con uno solo de sus textos. Existen
pasajes bastante explícitos donde San Agustín reconoce al Obispo de
Roma como el sucesor de Pedro, quien preside la sede apostólica:
“Si la sucesión de obispos es tomada en cuenta, cuanto más cierta y
beneficiosa la Iglesia que nosotros reconocemos llega hasta Pedro
mismo, aquel quien portó la figura de la Iglesia entera, el Señor le
dijo: “Sobre esta roca edificaré mi Iglesia, y las puertas del
infierno no prevalecerán contra ella!”. El sucesor de Pedro fue Linus,
y sus sucesores en orden de sucesión ininterrumpida fueron estos:
Clemente, Anacleto, Evaristo, Alejandro, Sixto, Telesforo, Higinio,
Aniceto, Pío, Sotero, Eleuterio, Victor, Ceferino, Calixto, Urbano,
Ponciano, Antero, Fabián, Cornelio, Licio, Esteban, Sixto, Dionisio,
Felix, Eutiquiano, Cayo, Marcelino, Marcelo, Eusebio, Miltiades,
Silvestre, Marcos , Julio, Liberio, Damaso, y Siricius, cuyo sucesor
es el presente obispo Anastasio. En esta orden de sucesión, ningún
obispo donatista es encontrado”.[5]
El texto anterior demuestra de forma indiscutible que la
interpretación de San Agustín de Mateo 16, 18 no implica en ningún
modo que el rechace al obispo de Roma como sucesor de Pedro. He allí
el error protestante: superponer una interpretación a la otra en vez
de armonizarlas como corresponde.
A los maniqueos escribe:
“Aún prescindiendo de la sincera y genuina sabiduría…, que en vuestra
opinión no se halla en la Iglesia Católica, muchas otras razones me
mantienen en su seno: el consentimiento de los pueblos y de las
gentes; la autoridad, erigida con milagros, nutrida con la esperanza,
aumentada con la caridad, confirmada por la antigüedad; la sucesión de
los obispos desde la sede misma del apóstol Pedro, a quien el Señor
encomendó, después de la resurrección, apacentar sus ovejas, hasta el
episcopado de hoy; y en fin, el apelativo mismo de Católica, que son
sin razón sólo la Iglesia ha alcanzado . . . Estos vínculos del nombre
cristiano – tantos, tan grandes y dulcísimos- mantienen al creyente en
el seno de la Iglesia católica, a pesar de que la verdad, a causa de
la torpeza de nuestra mente e indignidad de nuestra vida, aún no se
muestra”. [5]
Nuevamente aquí se ve lo mismo. Para el santo obispo de Hipona el
ministerio concedido a Pedro lo desempeñaron específicamente los
obispos de Roma en sucesión ininterrumpida.
Luego de ver como San Agustín da inclusive la lista de Papas como
sucesores del apóstol Pedro, uno podría preguntarse ¿Qué evidencia
adicional podría faltar? ¿Se pretende acaso que se les llame
explícitamente “Papas”? Esto también lo hace en incontables ocasiones,
las cuales sería muy laborioso contabilizar, conformémonos con tomar
una de sus obras: Sobre el pecado original (13 veces, en los capítulos
2, 7, 8, 9). Allí se expresa con mucha reverencia sobre los pontífices
y se leen expresiones como “el más bendito Papa Zósimo en Roma”
(Capítulo 2), “el venerable Papa Zósimo” (Capítulos 8 y 9), “el más
bendito Papa Inocencio” (Capítulos 8, 10), “el más bendito Papa
Zósimo”, “El santo Papa Inocencio” (Capítulo 9), “El santo Papa
Zósimo” (Capítulos 10, 19) y “el Papa Inocencio de bendita memoria”
(Capítulo 19).
Hay evidencia adicional suficiente para que podamos estar seguros en
negar como falsa la suposición que propone la negación del primado
petrino utlizando frases seleccionadass fuera de contexto de entre los
sermones de Agustín. Quienes piensan así tendrían que explicar si
comparten con él lo que dijera sobre la iglesia de los donatistas: que
no puede ser la verdadera por no ser una, santa, católica, y
apostólica; y que quien se separa de la Iglesia sacrifica su salvación
[6].
¿Basta la confesión de fe como fundamento para la edificación de la
Iglesia? Para San Agustín la respuesta es rotundamente: no.
A diferencia de la postura protestante, para San Agustín no hay motivo
justo para efectuar la separación de la Iglesia y establecer la propia
secta, separada de ella [7]. San Agustín ve en la Iglesia de Roma
aquella “in qua semper apostolicae cathedrae viguit principatus”
[aquella en la que siempre ha estado vigente el principado de la
cátedra apostólica [8], afirmación que es un reconocimiento claro del
primado de la Iglesia de Roma. Inclusive atribuye a las sentencias de
Roma en materia de fe la máxima importancia, como por ejemplo, cuando
combate al pelagianismo. Así, cuando San Agustín dice que las llaves
las recibió. no solo Pedro, sino toda la Iglesia, está defendiendo el
primado no solo de él, sino de sus sucesores. “Sicut enim quaedam
dicuntur quae ad apostolum Petrum propriae pertinere videantur, nec
tamen habent illustrem intellectum, nisi cum referuntur ad Ecclesiam,
cuius ille agnoscitur in figura gestasse personam, propter primatum
quem in discipulis habuit” [Algunas cosas, se dice, parecen pertenecer
propiamente al apóstol Pedro, sin embargo—quienes así piensan—no
tienen un entendimiento iluminado, pues se las ha de referir a la
Iglesia de la que se confiesa, representó la figura en su persona a
causa del primado que tuvo entre los discípulos] [9].
Para San Agustín, por la comunión con la sede apostólica se tiene la
adhesión a los apóstoles, y eso es así solamente en la verdadera
Iglesia. Es de entender entonces que para él, solamente el testimonio
de la Iglesia de occidente es decisivo, ya que en occidente se
encuentre la sede del príncipe de los apóstoles: “Puto tibi eam partem
orbis sufficere debere, in qua primum apostolorum voluit Dominus
gloriosissimo martyrio conorare. Cui Ecclesiae praesidentem beatum
Innocentium si audire voluisses, iam tum periculosam iuventutem tuam
pelagianis laqueis exuisses”. [10] [Considero que te debe bastar esa
parte del orbe en la que el Señor quiso coronar al primero de los
apóstoles con un martirio gloriosísimo. Si quisieras oír al beato
Inocencio que es quien preside a esta Iglesia, librarías tu peligrosa
juventud de las insidias pelagianas].
Adicionalmente vemos al obispo de Hipona, someter sus obras al Papa
Bonifacio, no para instruirle, sino para solicitar su aprobación y
censura si fuere necesario: “Haec ergo quae. . . respondeo, ad tua
potissimum dirigere sanctitatem, non tam discenda quam examinanda, et
ubi forsitan aliquid displicuerit emendanda, constitui” [11] [Estas
cosas que. . . respondo, he decidido dirigir de modo especial a tu
santidad no para instruir sino para que sean examinadas, y donde tal
vez haya algo que displiciera, sea enmendado]. Es de entender entonces
porqué San Agustín hace también referencia al obispo de Roma como “El
Obispo de la Sede Apostólica”.
San Agustín y la sumisión de los obispos africanos a Roma
Otro alegato promovido por ciertos protestantes consiste en afirmar
que San Agustín amenazó con excomulgar a quienes apelaran a Roma en la
controversia pelagiana. Luego de investigar encontramos el origen de
este argumento en un artículo de la web cristianismo-primitivo. org
[12] que no hace sino transcribir literalmente una porción del
discurso falsamente atribuído al obispo Strossmayer, participante del
Concilio Vaticano I que dice ". . . siendo secretario del Concilio de
Melive, escribió, entre los decretos de esta venerable asamblea: "Todo
fiel u obispo que apelase a los de la otra parte del mar, no será
admitido a la comunión por ninguno en las Iglesias de Africa". [13]
Es importante aclarar que, entre otros, el sacerdote católico Juan
Carlos Sack, (IVE)—director de apologetica.org—luego de una exhaustiva
investigación, demostró que dicho discurso es una falsificación. Como
consecuencia la mayoría de sitios de apologética protestantes
retiraron las copias del discurso al verificar su evidente falsedad.
[14] No obstante eso, aun siguen circulando artículos que lo citan
como prueba. Sorprendentemente el artículo que extrae la información
del fraudulento discurso incluye textualmente los errores ortográficos
de la versión que circulaba en la web (i.e. "Mélive" por Milevi).
Lo que realmente ocurrió luego de los concilios de Cártago y Milevi
fue que el mismo San Agustín escribió al Papa para que confirmara las
decisiones de los susodichos concilios (411, 412 y 416) condenando el
pelagianismo. Fue entonces cuando el Papa Inocencio confirmó las
decisiones de los concilios reservándose el deber de citar a Pelagio y
Celestio, y de reformar, si era necesario, la sentencia de Dióspolis,
donde condenó la doctrina incriminada en una carta conocida como "In
requirendis" dirigida a los obispos que se reunieron en los concilios
de Cartago y Milevi.
En dicha carta el Papa se alegra que se haya desenmascarado al
pelagianismo y se haya recurrido a la sede de Roma para solucionar o
confirmar las resoluciones, puesto que la sede de Pedro goza de la
autoridad vinculante a toda la Iglesia.
Lo mejor de todo es que cuando San Agustín da a conocer al pueblo las
decisiones de Roma, pronunció esta célebre frase: “Iam de hac causa
duo concilia missa sunt ad sedem apostolicam: inde etiam rescripta
venerunt. Causa finita est, utinam aliquando finiatur error” La cual
podría traducirse como: “Ya por este motivo se han enviado dos misivas
a la sede apostólica y también de allí han venido dos rescriptos. La
causa ha terminado y con ella queda finalmente terminado el error”.
[15]
Después de considerar todo esto, es casi increíble escuchar de los
autores de estos artículos frases como “Los obispos de este continente
[Africa] no reconocían al de Roma y castigaban con excomunión a los
que recurriesen a su arbitraje” [16] ¿Debemos interpretar que San
Agustín debió haberse excomulgado a sí mismo por apelar a Roma?
San Agustín, el Papa Zósimo y los pelagianos
En ciertos círculos protestantes se acusa frecuentemente al Papa
Zósimo de aprobar el pelagianismo y a San Agustín de resistirle. Esto
ocurrió luego de que Zósimo sucediera a Inocencio I (que murió en el
417). Pelagio y Celestio enviaron apelaciones a la Sede Romana. Es de
hacer notar que hasta los herejes sabían a quién apelar.
Las decisiones de Inocencio I habían sido contundentes pero Zósimo
quería comprobar si realmente Pelagio y Celestio habían enseñado las
doctrinas condenadas como heréticas. A continuación cito la
Enciclopedia Católica que da una detallada explicación sobre los
hechos:
"El sentido de justicia de Zósimo le impedía castigar a alguien con
excomunión, siendo éste dudosamente convicto de su error. Y, si los
pasos recientemente dados por los dos que se defendían habían sido
considerados, las dudas que debieron surgir sobre este punto no fueron
enteramente carentes de fundamento. En el 416 Pelagio publicó un nuevo
trabajo, ahora perdido, “De libero arbitrio libri IV” que, en su
fraseología parece inclinarse hacia la concepción agustiniana de
gracia y del bautismo de los infantes, aunque en principio no se
separe del anterior punto de vista del mismo autor. . . Pelagio envió
esta obra junto con una confesión de fe que aún se conserva. En ella
testimonia su obediencia como la de un niño, humildemente necesitado
y, al mismo tiempo reconoce inexactitudes fortuitas que pueden ser
corregidas por él quien “sostiene la misma fe y el parecer de Pedro”.
Todo esto fue dirigido a Inocencio I, de cuyo deceso Pelagio no se
había aún enterado. Celestio quien, mientras tanto, había cambiado su
residencia de Éfeso a Constantinopla, pero había sido proscrito desde
entonces por el obispo anti-pelagiano Atico, dio activamente pasos
hacia su rehabilitación. En el 417 fue a Roma en persona y dejó a los
pies de Zósimo una confesión de fe detallada (Fragmentos, P. L. , XLV,
1718), en ésta afirma su creencia en todas las doctrinas, “desde que
hay un Dios Uno y Trino hasta la resurrección de los muertos” (cf. S.
Agustín, "De peccato orig. ", xxiii). Muy contento con esta fe
católica y obediencia, Zósimo envió dos cartas diferentes (P. L. ,
XLV, 1719 sqq. ) a los obispos africanos, diciendo que, en el caso de
Celestio, los obispos Heros y Lázaro habían procedido sin la debida
circunspección y que, Pelagio también, como se había probado por su
reciente confesión de fe, no se había desviado de la verdad católica.
Como para el caso de Celestio, quien estaba entonces en Roma, el Papa
encargó a los Africanos revisar la anterior sentencia o acusarlo de
herejía delante del mismo Papa dentro de dos meses. El mandato papal
golpeó Africa como una bomba. Con gran rapidez se convocó un sínodo en
Cartago en noviembre del 417, y se escribió a Zósimo pidiéndole no
rescindir la sentencia que su predecesor, Inocencio I, había
pronunciado contra Pelagio y Celestio, hasta que ambos hubieran
confesado la necesidad de la gracia interior para todos los
pensamientos, palabras y actos saludables. Al fin Zósimo se detuvo.
Por un rescripto del 21 de marzo del 418, aseguró a ellos que no se
había pronunciado definitivamente, sino que había despachado al Africa
todos los documentos sobre el pelagianismo para pavimentar el camino
hacia una nueva investigación conjunta. De acuerdo con el mandato
papal se celebró el primero de mayo del 418, en presencia de 200
obispos, el famoso Concilio de Cartago, que otra vez tipificó al
pelagianismo como una herejía en ocho (o nueve) cánones (Denzinger,
"Enchir. ", 10th ed. , 1908, 101-8). "
Lo más que podría demostrarse con este evento—además del hecho de que
hasta los herejes apelaban a Roma—es que el Papa Zósimo fue hábilmente
engañado, quizá complaciente, excesivamente indulgente o simplemente
precipitado, y que San Agustín plenamente conciente de la doctrina
predicada por los heresiarcas, quería hacerle entender al Papa que la
cuestión ya había sido zanjada por su predecesor y que, por lo tanto,
no debía revocar dichas sanciones.
Decisivo es sin embargo que el propio Agustín es quien defiende el
Papa Zósimo de las acusaciones donde Juliano le intenta utilizar a su
favor:
“¿Por qué, para persistir en tu error perverso, acusas de
prevaricación al obispo de la Sede Apostólica Zósimo, de santa
memoria? Pues no se apartó ni un ápice de la doctrina de su
predecesor, Inocencio I, al que temes nombrar. Prefieres citar a
Zosimo, porque en un principio actuó con cierta benevolencia con
Celestio…” [18]
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