1. Los pecados de los hijos no son los pecados de los padres, mas no deben vivir en la misma casa porque de cierta manera están aprobando el pecado que cometen. Pero si los hijos ya son mayores y criados, sus pecados son los suyos. 2. Es poco lo que uno mismo pueda hacer por el pecador enterrado en su vida de pecado. Podemos seguir sugiriendo que hagan el bien, pero debemos orar más, ayunar por ellos, darles un buen ejemplo. La familia de uno mismo es el grupo de personas más dificiles de convencer. Solo Cristo hace el milagro y por eso debemos ofrecer novenas, ayunos, horas santas, sacrificios por su conversión.
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