Sabiduría 8: 9 - 16
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Decidí, pues, tomarla por compañera de mi vida, sabiendo que me sería una consejera para el bien y un aliento en las preocupaciones y penas:
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«Tendré gracias a ella gloria entre la gente, y, aunque joven, honor ante los ancianos.
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Apareceré agudo en el juicio y en presencia de los poderosos seré admirado.
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Si callo, esperarán; si hablo, prestarán atención; si me alargo hablando, pondrán la mano en su boca.
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Gracias a ella tendré la inmortalidad y dejaré recuerdo eterno a los que después de mí vengan.
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Gobernaré a los pueblos, y las naciones me estarán sometidas.
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Oyendo hablar de mí, soberanos terribles temerán. Me mostraré bueno entre las multitudes y valiente en la guerra.
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Vuelto a casa, junto a ella descansaré, pues no causa amargura su compañía ni tristeza la convivencia con ella, sino satisfacción y alegría».
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