Sabiduría 7: 7 - 14
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Por eso pedí y se me concedió la prudencia; supliqué y me vino el espíritu de Sabiduría.
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Y la preferí a cetros y tronos y en nada tuve a la riqueza en comparación de ella.
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Ni a la piedra más preciosa la equiparé, porque todo el oro a su lado es un puñado de arena y barro parece la plata en su presencia.
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La amé más que la salud y la hermosura y preferí tenerla a ella más que a la luz, porque la claridad que de ella nace no conoce noche.
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Con ella me vinieron a la vez todos los bienes, y riquezas incalculables en sus manos.
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Y yo me regocijé con todos estos bienes porque la Sabiduría los trae, aunque ignoraba que ella fuese su madre.
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Con sencillez la aprendí y sin envidia la comunico; no me guardo ocultas sus riquezas
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porque es para los hombres un tesoro inagotable y los que lo adquieren se granjean la amistad de Dios recomendados por los dones que les trae la instrucción.
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