Cantar de los Cantares 2: 8 - 14
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¡La voz de mi amado! Helo aquí que ya viene, saltando por los montes, brincando por los collados.
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Semejante es mi amado a una gacela, o un joven cervatillo. Vedle ya que se para detrás de nuestra cerca, mira por las ventanas, atisba por las rejas.
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Empieza a hablar mi amado, y me dice: «Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente.
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Porque, mira, ha pasado ya el invierno, han cesado las lluvias y se han ido.
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Aparecen las flores en la tierra, el tiempo de las canciones es llegado, se oye el arrullo de la tórtola en nuestra tierra.
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Echa la higuera sus yemas, y las viñas en cierne exhalan su fragancia. ¡Levántate, amada mía, hermosa mía, y vente!
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| 14
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Paloma mía, en las grietas de la roca, en escarpados escondrijos, muéstrame tu semblante, déjame oír tu voz; porque tu voz es dulce, y gracioso tu semblante.»
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