Salmo 78: 1 - 2, 34 - 38
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Poema. De Asaf. Escucha mi ley, pueblo mío, tiende tu oído a las palabras de mi boca;
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| 2
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voy a abrir mi boca en parábolas, a evocar los misterios del pasado.
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Cuando los mataba, le buscaban, se convertían, se afanaban por él,
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y recordaban que Dios era su roca, su redentor, el Dios Altísimo.
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Mas le halagaban con su boca, y con su lengua le mentían;
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su corazón no era fiel para con él, no tenían fe en su alianza.
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| 38
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El, con todo, enternecido, borraba las culpas y no exterminaba; bien de veces su cólera contuvo y no despertó todo su furor:
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