
EL ODIO Y EL TERRORISMO PROFANAN EL NOMBRE DE DIOS, DICE EL PAPA EN KAZAJSTÁNVATICANO, 25 Set. 01 ( ACI En el encuentro sostenido el lunes por la tarde , el Papa recordó en lengua rusa que Kazajstán “es heredero de una historia que vicisitudes complejas y a menudo dolorosas” que han enriquecido con tradiciones diversas, “hasta convertirlo en ejemplo de sociedad multi-étnica, multi-cultural y multi-confesional”. “Kazakistán es un gran país que durante siglos ha cultivado una cultura local viva y rica de fermentos, también gracias a la aportación de representantes de la cultura rusa, confinados aquí por el régimen totalitario”, agregó el Pontífice, al señalar a los agentes kazajos de la cultura están llamados a difundir en el mundo la rica tradición cultural del país; una tarea que calificó de “ardua y al mismo tiempo fascinante”. Cultura y religión “Existen en el corazón humano inquietudes que no se pueden suprimir; si se ignoran el hombre no es más libre, sino más débil, y cae a menudo presa de su mismo instinto además de la prepotencia de los otros”, dijo el Santo Padre, al señalar que frecuentemente estas inquietudes son de naturaleza religiosa, “en el sentido de que se inspiran en aquellos valores supremos que tienen su fundamento último en Dios”. “A su vez la religión no puede dejar de enfrentarse con estos interrogantes existenciales bajo pena de perder contacto con la vida”, agregó. “Por lo tanto –incluso en el contexto de un sano laicismo del Estado, llamado por su función a garantizar a cada ciudadano, sin diferencia de sexo, raza y nacionalidad, el derecho fundamental a la libertad de conciencia– es necesario afirmar y defender el derecho de los creyentes de testimoniar públicamente su fe”, destacó el Pontífice. “Una religiosidad auténtica no puede reducirse a la esfera privada ni encerrarse en espacios angostos y marginales de la sociedad”, dijo más adelante el Pontífice, al destacar que “justo aquí, en esta Tierra abierta al encuentro y al diálogo, y frente a una asamblea tan cualificada, deseo reafirmar el respeto de la Iglesia Católica por el Islam, el Islam auténtico; el Islam que reza, que sabe ser solidario con quien se encuentra en necesidad”. “Recordando los errores del pasado, también del reciente, todos los creyentes deben aunar sus esfuerzos para no transformar nunca a Dios en rehén de las ambiciones de los seres humanos”, dijo finalmente Juan Pablo II, y concluyó: “El odio, el fanatismo y el terrorismo profanan el nombre de Dios y desfiguran la imagen auténtica del ser humano”.
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