| 15-Marzo-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
EL SECRETO DE LA ESPERANZA, «REGRESAR
A JERUSALEN
El Papa prepara su peregrinación a Tierra Santa con una semana
de oración
CIUDAD DEL VATICANO, 19 mar (ZENIT.org).-
Juan Pablo II no se podía haber preparado mejor para la
peregrinación que mañana comienza a Tierra Santa.
El 18 de marzo por la mañana concluyó los Ejercicios
Espirituales, en los que se
había retirado durante una semana de oración, con una
meditación en la que su
predicador, el arzobispo vietnamita François Xavier Nguyên Van
Thuân, dirigió la mirada a
Jerusalén y a los lugares de la predicación de Jesús
hace dos mil años. En su reflexión presentó con fuerza
seductora la presencia de
Cristo en una Iglesia «que en ocasiones está cansada, triste y
desilusionada» ante el mundo
actual, como los discípulos de Emaús, pero que al
igual que ellos es capaz de regresar a la Ciudad Santa,
reconociendo la «inefable
certeza» de la presencia de Jesús a su lado.
La historia que tuvo lugar en aquellos once kilómetros que
separan a Jerusalén de
Emaús, afirmó el prelado vietnamita, es la imagen del camino
interior al que está llamado todo
creyente: de la tristeza a la alegría, la «gran
alegría del arte de amar» que une a la Iglesia gracias a la
presencia de Jesús entre los
suyos.
Monseñor Nguyên Van Thuân explicó de este modo cómo los
cristianos pueden mantener la
paz del corazón incluso en los momentos más difíciles: «Cada
vez que Jesús se aparece después
de la resurrección, siempre saluda con estas
palabras: "La paz esté con vosotros". Jesús es
nuestra paz, nuestra esperanza.
Esta auténtica paz, que es una alegría que el mundo no puede
dar y que nadie puede
quitarnos, se alcanza sólo con el camino penitencial, con
el cambio real de vida, como nos
pide el Jubileo. Cambiar lo humano para hacer
que se haga divino. Esto requiere una "metanoia", un
cambio. Como ese cambio
progresivo y después decisivo de los discípulos de Emaús:
convertidos por la Palabra y por la
presencia de Cristo entre ellos, cambiaron
de camino. Huían de Jerusalén, la ciudad del escándalo de la
muerte de su maestro en el que
habían puesto su esperanza y ahora, sin miedo,
regresan a Jerusalén, ciudad de la muerte y de la resurrección
de su Señor».
«La paz que Jesús anuncia a sus discípulos es también amor.
En el amor, el corazón se
reconcilia, se reunifica, alcanza de nuevo esa paz para la que
hemos sido creadoS y para la que
estamos destinados», dijo el predicador de los
Ejercicios del Papa.
«El episodio de Emaús --añadió-- nos recuerda a todos
nosotros una realidad gozosa
de la experiencia cristiana: la presencia perenne en la Iglesia
del Cristo resucitado.
Presencia viva y real en la Palabra, en los sacramentos, en
la Eucaristía. Pero también en las personas y entre las
personas, en los ministros de
la Iglesia, en los pobres, en cada hermano».
«Desde hace dos mil años la Iglesia vive de esta presencia. Y,
mirando hacia el futuro,
tiene la esperanza de su promesa: "Yo estaré con vosotros
todos los días hasta el final del
mundo". Tenemos que ser testigos de esta presencia
y de esta esperanza». Por eso, monseñor Nguyên Van Thuân
invitó a Juan Pablo II y a
sus colaboradores a «volver a los orígenes del Evangelio.
Volvamos continuamente a
Jerusalén, como ahora se prepara a hacerlo el Santo
Padre. Un regreso a los manantiales, al centro de la Iglesia,
donde Jesús enseñó,
sufrió la pasión, murió y fue sepultado. Parecía el final.
Pilatos mandó soldados para custodiar la tumba de Jesús; los
judíos hicieron rodar la
gran piedra y la sellaron. Querían acabar con él para siempre.
Cancelarlo de la memoria de todos, incluso de los suyos. Pero,
en Jerusalén, Jesús
resucitó y se apareció a muchas personas. La Iglesia exulta
de alegría porque Jesús dijo: "Confiad: yo he vencido al
mundo"».
Comentario del Papa Al
concluir los Ejercicios Espirituales en los que participó con
sus colaboradores de la Curia
romana, Juan Pablo II dirigió familiarmente unas palabras
a monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân para agradecerle
las meditaciones. «Han sido
días de intensa y prolongada escucha del Espíritu que
habló a nuestros corazones en el silencio y en la meditación
atenta de la Palabra de Dios»,
reconoció.
Al comentar las predicaciones de monseñor Van Thuan, quien es
presidente del Consejo
Pontificio para la Justicia y la Paz, el pontífice reconoció
que «nos ha guiado en la
profundización de nuestra vocación de testigos de la
esperanza evangélica al inicio del tercer milenio. Testigo de
la Cruz en los largos años
de prisión que vivió en Vietnam, nos ha narrado con frecuencia
hechos y episodios de su duro cautiverio, reforzándonos de este
modo en la consoladora certeza de
que, cuando todo se derrumba en torno nuestro,
o incluso en nuestro interior, Cristo sigue siendo indefectiblemente
nuestro apoyo. Agradecemos al arzobispo Van Thuan --en la
cárcel no era más que el señor Van Thuan-- su testimonio, que
resulta particularmente significativo en este año jubilar».
El Papa explicó que «Cristo crucificado y resucitado es
nuestra única y auténtica
esperanza. Fortalecidos por su ayuda, sus discípulos se convierten
en hombres y mujeres de esperanza. Pero no de esperanzas fugaces,
que después dejan cansado y desilusionado al corazón humano,
sino de la auténtica
esperanza, don de Dios, que apoyada desde lo alto, tiende a
conseguir el sumo Bien y está
convencida de alcanzarlo. El mundo de hoy tiene
una necesidad urgente de esta esperanza. El gran Jubileo que
estamos celebrando nos
conduce paso tras paso a profundizar en las razones de nuestra
esperanza cristiana, que exigen y favorecen una creciente
confianza en Dios y una
apertura a los hermanos cada vez más generosa».
N. B.: Monseñor François Xavier Nguyên Van Thuân recogió en
el libro «El camino de la
esperanza» («The Road of Hope») experiencias y reflexiones
tras trece años de cárcel en
Vietnam. El libro está
disponible en castellano en
EDICEP C.B
Almirante Cadarso, 11
46005 VALENCIA
ESPAÑA
Tel: (34) 96 395 20 45
Fax: (34) 96 395 22 97
En inglés puede pedirse en
Federation of Vietnamese Catholics in The U.S.A
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Chicago, IL. 60640 USA
Tel: (321) 784- 1932
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