27-Marzo-2000 -- ACI Prensa
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RESURRECCIÓN DE CRISTO
CONDUCE A LA RECONCILIACIÓN, AFIRMA EL PAPA
JERUSALÉN, 27 Mar. (ACI).- Desde "la
Madre de todas las Iglesias", el Papa Juan Pablo II urgió
a todos los creyentes asumir el compromiso de la reconciliación
con la convicción de que la resurrección de Cristo vence al
pecado y subsana cualquier ruptura.
En la homilía de su última Misa en
Tierra Santa, celebrada en la Basílica de la Resurrección, el
Papa saludó al Patriarca Michel Sabbah, los Ordinarios de las
otras comunidades católicas, el Padre Giovanni Battistelli y
los frailes franciscanos de la Custodia de Tierra Santa, el
clero, los religiosos, los fieles laicos y a los representantes
de los distintos grupos cristianos que comparten la custodia de
esta Iglesia, uno de los templos más queridos del cristianismo.
"Aquí en el Santo Sepulcro y en el Gólgota,
donde renovamos nuestra profesión de fe en el Señor Resucitado,
¿podemos dudar que el poder del Espíritu de Vida nos dará la
fuerza para resolver nuestras divisiones y trabajar juntos para
construir un futuro de reconciliación, unidad y paz?",
cuestionó el Pontífice.
"Aquí, como en ningún otro lugar
del mundo, escuchamos las palabras que el Señor dijo una vez a
sus discípulos: No tengan miedo. ¡Yo he vencido al mundo!",
agregó.
El Pontífice aseguró que "a través
del Decálogo y de la ley moral inscrita en el corazón del
hombre, Dios desafía radicalmente la libertad de cada hombre y
mujer.
Responder a la voz de Dios en lo más
profundo de nuestra conciencia y escoger el bien, es el uso más
sublime de la libertad del ser humano". "Es, en un
sentido real, escoger entre la vida y la muerte. La Resurrección
de Jesús es el sello definitivo de las promesas de Dios, el
nacimiento de una nueva y elevada humanidad, la prueba de una
historia marcada por las bendiciones mesiánicas de paz y alegría
espiritual", señaló.
En este sentido, precisó que al comenzar
el nuevo milenio, "los cristianos pueden y deben mirar al
futuro con una constante convicción en el glorioso poder del
Resucitado para renovar todas las cosas. Él es el que libera a
toda la creación de la esclavitud hacia la futilidad. Con su
Resurrección, Él abre el camino hacia el gran día sabático,
el Octavo Día, cuando la peregrinación del hombre llegue a su
fin y Dios será todo en todo".
Finalmente, el Papa pidió "a todos
los miembros de la Iglesia" renovar "su obediencia al
llamado del Señor de llevar el Evangelio a todos los rincones
de la tierra. En los inicios de este tercer milenio, hay una
gran necesidad de proclamar desde lo alto la Buena Nueva de que
'tanto amó Dios al mundo que entregó a su único Hijo, para
que los que crean en él no perezcan, sino que tengan vida
eterna'".
Antes de celebrar la Eucaristía, el Papa
Juan Pablo II visitó el lugar en el que fue depositado el
cuerpo de Jesús muerto para rezar de rodillas y besar la piedra.
Después de la Misa, el Papa sostuvo un último
encuentro con líderes cristianos en el Patriarcado Latino de
Jerusalén, antes de partir hacia el aeropuerto de Ben Gurion en
las afueras de Tel Aviv, donde el Primer Ministro Ehud Barak se
despidió de él.
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