| 26-Marzo-2000 -- ZENIT
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EL PAPA VISITA EL MURO DE LAS
LAMENTACIONES Y AL GRAN MUFTI DE JERUSALEN
Dos momentos decisivos para promover el diálogo
entre las religiones
JERUSALEN, 26 mar (ZENIT.org).- «Paz».
Esta fue la primera palabra que pronunció Juan Pablo II a
llegar a Ammán el pasado 20 de marzo con motivo de su
peregrinación a Tierra Santa y éste ha sido el claro mensaje
que ha querido dejar en su último día de estancia en Jerusalén.
Encuentro con el gran Mufti Las citas públicas
del Papa comenzaron con la visita de cortesía al gran Mufti,
Sheikh Akram Sabri, en la Plaza de la Mezquita, una explanada en
la que confluye la devoción de los cristianos, judíos y
musulmanes, pues está ligada a las vicisitudes de Abraham e
Isaac, al Templo de Jerusalén y a la profecía de Cristo sobre
su destrucción. Para los musulmanes es el tercer lugar sagrado
después de La Meca y Medina. En su área, surgen dos imponentes
mezquitas, la de Al-Aqsa y la llamada de Omar, la antigua
iglesia de los templarios en la que se custodia la roca en la
que, según la tradición islámica, Mahoma emprendió el viaje
al cielo.
El encuentro había sido precedido por las
polémicas declaraciones del gran Mufti, quien no participó en
el encuentro del Papa con los líderes religiosos del jueves
pasado para no tener que estrechar la mano al rabino jefe de
Israel. Por si fuera poco, el líder musulmán había criticado
al obispo de Roma por la petición de perdón presentada por al
pueblo judío en su visita al Memorial el Holocausto. Según
consideró el Mufti, al exagerar las proporciones de la Shoah,
«el pueblo judío ha encontrado una manera formidable para
recoger la solidaridad del mundo».
En el encuentro con el Mufti, un líder
palestino recordó los sufrimientos de su pueblo. Juan Pablo II
confirmó el carácter sagrado de Jerusalén, patrimonio común
de judíos, cristianos, musulmanes y de toda la humanidad. Y
proclamó el Salmo 122 que grita «Pedid la paz para Jerusalén».
En el «Muro de las lamentaciones» La
segunda etapa del último día del Papa en Jerusalén fue la
visita al famoso «Muro de las lamentaciones», erigido por
Herodes como contención de la explanada del Templo. Es el lugar
sagrado por excelencia para los judíos, quienes rezan y lloran
en recuerdo del antiguo esplendor de Jerusalén e introducen
pequeños mensajes votivos en los agujeros de los bloques de
piedra. Juan Pablo II también quiso poner su propio trozo de
papel. Se trata de la oración que leyó el 12 de marzo en Roma
en la que pedía perdón, entre otras cosas por los sufrimientos
causados por los hijos de la Iglesia a los judíos. Una petición
de perdón que quiere ser también un compromiso a favor de la
auténtica fraternidad con el pueblo de la Alianza. Fue un
momento emocionante: el pontífice se dirigió solo hacia el
Muro y allí oró unos minutos antes de colocar el papel en uno
de los intersticios. Luego posó su mano derecha en el Muro,
antes de santiguarse.
Se trata de dos momentos simbólicos de
esa paz que ha venido a promover el Papa con su peregrinación a
Tierra Santa y que en este mismo día atravesaba una fase
decisiva con el encuentro entre el presidente de Estados Unidos
Bill Clinton y el de Siria, Hafez al-Assad.
En este sentido, el portavoz vaticano,
Joaquín Navarro-Valls ha divulgado a la prensa la noticia de
que la Santa Sede ha intervenido ante las autoridades de Israel
para pedir que se reexamine la cuestión de la mezquita de
Nazaret. Se trata del proyecto de un grupo fundamentalista islámico
de esa ciudad que pretende construir una mezquita en la plaza de
la Basílica de la Anunciación, uno de los lugares más
visitados por los cristianos en Tierra Santa. El gobierno de
Israel ha apoyado este proyecto a pesar de que los islámicos
han invadido el terreno por la fuerza y en varias ocasiones han
atacado a los cristianos al salir de importantes celebraciones
eucarísticas. El templo, según la Santa Sede, no responde a
las necesidades de culto de la comunidad islámica, que ya
cuenta en la zona con otras mezquitas, sino que quiere ser una
provocación (los católicos del lugar dicen una amenaza) contra
los peregrinos cristianos.
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