| 26-Marzo-2000 -- ZENIT Servicios de Noticias
JUAN PABLO II, «¿JUSTO ENTRE LAS NACIONES?»
La propuesta llega al Parlamento de Israel
TEL AVIV, 26 mar (ZENIT.org).- Entre los judíos que han
seguido de cerca la visita de Juan Pablo II a Israel destaca un
ingeniero de Beer Sheba (Negev), Eliahu Wajcer, un superviviente
del ghetto de Varsovia, que en días pasados invitó al
presidente del Parlamento Avraham Burg, una carta muy amplia con
fotocopias de una vieja revista y con una petición: proclamar a
Karol Wojtyla «Justo entre las Naciones», el reconocimiento más
elevado que ofrece el Estado de Israel a quienes hicieron todo
lo posible para salvar a los judíos del genocidio.
Wajcer escribía en su misiva que «Juan Pablo II ha hecho más
que nadie para reconciliar a la Iglesia con el pueblo judío».
Y añade: «ofrecerle el reconocimiento de "Justo"
permitiría abrir una nueva página de la historia entre judíos
y cristianos».
Hasta ahora, ni el presidente del Parlamento ni el Memorial
del Holocausto Yad va-Shem han comentado la iniciativa. La
proclamación de un «Justo» requiere serias investigaciones
históricas, testimonios directos, meses de trabajo...
Wajcer, quien fue compañero en el campo de concentración de
Buchenwald del escritor Elie Wiesel y de Israel Meir Lau, actual
gran rabino asquenazí de Israel, sigue interesándose por la
cultura polaca. Por ello, se va con frecuencia a la biblioteca
para ojear revistas de historia contemporánea, entre las que se
encuentra «Zank», publicación editada en Varsovia.
«En el número de mayo-junio de 1988 el escritor Stanislav
Krajewski describió con detalle una historia relativa a Karol
Wojtyla», explica Wajcer. Se trata de informaciones que no son
nuevas, pero que en Israel no eran de dominio público.
Wajcer recoge el caso de una pareja de judíos de Cracovia
que, en 1942, al sentirse en peligro de vida a causa de las
persecuciones antisemitas, entregó su hijo de dos años a
amigos católicos. Al terminar la guerra, éstos constataron que
los padres naturales del niño habían muerto. Mientras tanto se
habían encariñado con el niño y deseaban bautizarlo. Pidieron
consejo al sacerdote Karol Wojtyla. Ante la sorpresa de la
pareja católica, el padre Wojtyla les dijo que si ésta era la
voluntad de sus padres, el niño tenía que ser educado en la fe
judía.
La pareja hizo complicadas investigaciones para buscar a
otros familiares del niño. Al final encontraron a unos
parientes en Estados Unidos que aceptaron recibirle. «Aquel niño
se convirtió en un judío ortodoxo», revela Wajcer. Según el
ingeniero, con este gesto, Wojtyla sorprendió a un rabino
polaco, Israel Spira, llamado «el justo de Lubishev». «Dios
tiene caminos misteriosos para mostrar su voluntad --dijo el
rabino Spira a sus discípulos comentando su ejemplo--. Quien
salva un alma de Israel es como si salvara al mundo entero. Este
sacerdote es digno de convertirse en un Papa».
Lo más interesante es que la respuesta que dio el futuro
Papa a la familia que quería bautizar al niño no hace más que
repetir lo que siempre ha dicho la Iglesia católica a través
de su historia. Ya el Concilio de Toledo estableció que
mientras un niño judío no alcanza el uso de razón no puede
ser bautizado en contra de la voluntad original de sus padres,
aunque éstos hayan fallecido. Esta enseñanza fue retomada por
Santo Tomás de Aquino en la Suma Teológica, III, cuestión 68,
artículo 10.
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