| 25-Marzo-2000 -- Servicio
informativo del Vaticano
EL SANTO PADRE "MUY ANIMADO"
POR EL ENCUENTRO ECUMENICO
CIUDAD DEL VATICANO, 25 MAR 2000 (VIS).-A
las 18.00 de hoy Juan Pablo II participó en un encuentro ecuménico
en el Patriarcado Greco-Ortodoxo de Jerusalén. Ante los
patriarcas, arzobispos y obispos el Papa afirmó: "Es
fuente de gran alegría saber que los Jefes de las Comunidades
cristianas en la Ciudad Santa de Jerusalén se encuentran a
menudo para afrontar cuestiones de interés común para sus
fieles".
")Hace falta que diga -prosiguió-
que me anima profundamente el encuentro de esta tarde? Confirma
que hemos empezado el camino para conocernos mejor unos y otros,
con el deseo de superar la desconfianza y las rivalidades
heredadas del pasado. Aquí en Jerusalén (...) las palabras (de
Cristo) resuenan con especial resonancia, sobre todo las
palabras que pronunció la noche antes de morir: 'para que todos
sean una sola cosa... para que el mundo crea que tu me has
mandado'".
Recordando el encuentro entre Pablo VI y
el patriarca ecuménico Athenagoras I, afirmó: "En los años
transcurridos hemos aprendido que el camino hacia la unidad es
una senda difícil. Esto no debe desanimarnos. Hay que tener
paciencia, perseverar y continuar adelante sin vacilar".
Refiriéndose a la presencia de las
diferentes Iglesias y Comunidades en Jerusalén, Juan Pablo II
dijo: "La variedad y la belleza de vuestros ritos litúrgicos
y de vuestras tradiciones e instituciones espirituales, teológicas
y canónicas atestiguan la riqueza de la herencia revelada por
la divinidad e indivisible de la Iglesia universal, así como se
ha desarrollado a través de los siglos en Oriente y Occidente.
Existe una diversidad legítima que no es de manera alguna
contraria a la unidad del Cuerpo de Cristo, sino que más bien
refuerza el esplendor de la Iglesia (...) No hay que perder
ninguna de estas riquezas de cara a la unidad plena a la que
aspiramos".
"La cooperación fraterna entre los
cristianos en esta Ciudad Santa no es una mera opción -dijo el
Papa-. Sólo en un espíritu de respeto y ayuda recíprocos la
presencia cristiana puede florecer aquí en una comunidad viva
con sus tradiciones y confiada en poder hacer frente a los desafíos
sociales, culturales y políticos de una situación en evolución.
Sólo estando reconciliados entre ellos, los cristianos pueden
desarrollar plenamente su papel haciendo de Jerusalén la Ciudad
de la Paz para todos los pueblos. En Tierra Santa, donde los
cristianos viven junto a los seguidores del Judaísmo y del
Islam, donde casi cada día hay tensiones y conflictos, es
esencial superar la escandalosa impresión suscitada por
nuestros disensos y controversias. En esta Ciudad tendría que
ser posible sobre todo para cristianos, judíos y musulmanes
vivir juntos en fraternidad y libertad, en dignidad, justicia y
paz".
El Papa terminó sus palabras recordando
que había sido su intención "dar una dimensión
claramente ecuménica a las celebraciones de la Iglesia católica
del Año Jubilar 2000. (...) Este es para nosotros un tiempo
providencial para dirigirnos al Señor, para pedir perdón por
las heridas que los miembros de nuestras Iglesias se han
provocado unos a otros a lo largo de los siglos" y para
"comprometernos en un diálogo teológico cada vez más
fecundo".
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