| 22-Marzo-2000 -- Servicio
informativo del Vaticano
LOS PALESTINOS TIENEN DERECHO NATURAL A
UNA PATRIA
CIUDAD DEL VATICANO, 22 MAR 2000 (VIS).-Poco
después de las 8.00 Juan Pablo II se desplazó en helicóptero
desde Jerusalén a Al-Maghtas, en el Valle del Jordán, cerca de
Jericó, para efectuar una visita privada al cercano monasterio
greco-ortodoxo dedicado a San Juan Bautista. El monasterio fue
construido sobre los restos de una fortaleza edificada por el
emperador Justiniano para proteger a los peregrinos. Cerca del
monasterio hay un lugar que conmemora el bautismo de Jesús.
"Durante miles de años -dijo el
Papa- este área alrededor de Jericó ha sido un habitat humano
(...). Pero su recuerdo se enriquece aun más cuando recordamos
las Sagradas Escrituras que muestran a Jericó como un lugar que
lleva impresa la huella no sólo del hombre sino del mismo Dios".
"Veo con la imaginación a Jesús
viniendo a las aguas del río Jordán, no lejos de aquí, para
ser bautizado por Juan el Bautista. Veo a Jesús pasando de
camino a la Ciudad Santa donde moriría y resucitaría; le veo
abriendo los ojos del ciego mientras pasa a su lado".
Después de la visita el Papa se desplazó
en helicóptero a Belén, que está en los Territorios Autonómos
de la Autoridad Nacional Palestina, donde fue saludado por el
presidente Yasser Arafat. Entre las autoridades religiosas se
encontraban el patriarca latino de Jerusalén, Michel Sabbah y
el padre Giovanni Battistelli, O.F.M., custodio de Tierra Santa.
Belén, a diez kilómetros al sur de
Jerusalén, es una ciudad de 35.000 habitantes. En hebreo, la
palabra "Bet Lehem" significa "Casa del
Pan", mientras que en árabe "Beit Lahm" quiere
decir "Casa de la Carne". En 1995, con los Acuerdos de
Oslo, Belén pasó a formar parte de los Territorios Autónomos
Palestinos.
El Santo Padre, tras el discurso de
bienvenida de Yasser Arafat, se dirigió a los que habían
acudido para saludarlo y les recordó que "el mensaje de
Belén es la Buena Nueva de la reconciliación entre los
hombres, de paz a todos los niveles de relaciones entre los
individuos y las naciones".
El Papa al mismo tiempo que expresaba su
"felicidad completa" por hallarse allí, exclamó:
")Cómo puedo dejar de rezar para que el don divino de la
paz sea cada vez más una realidad para todos aquellos que viven
en esta tierra, a la que las intervenciones de Dios han dado una
característica única? (Paz para el pueblo palestino! (Paz para
todos los pueblos de la región! Nadie puede ignorar todo lo que
el pueblo palestino ha sufrido en las últimas décadas. Vuestro
tormento está ante los ojos del mundo. Y ha durado demasiado".
Juan Pablo II prosiguió: "La Santa
Sede ha reconocido siempre que el pueblo palestino tiene el
derecho natural de poseer una patria y el derecho de poder vivir
en paz y tranquilidad con los otros pueblos de esta zona. A
nivel internacional, mis predecesores y yo hemos proclamado
repetidamente que no se pondría fin al triste conflicto en
Tierra Santa sin garantías sólidas para los derechos de todos
los pueblos que viven en ella, sobre la base de la ley
internacional y de las importantes resoluciones y declaraciones
de las Naciones Unidas".
"Sólo con una paz justa y duradera
-no impuesta sino garantizada mediante negociado- las legítimas
aspiraciones de los palestinos se verán satisfechas",
subrayó el Papa. "Sólo entonces Tierra Santa vislumbrará
la posibilidad de un futuro nuevo y luminoso, que no se
derrochará ya más en rivalidades y conflictos, sino que se
basará sólidamente en la comprensión y la cooperación para
el bien de todos".
"Soy plenamente consciente de los
grandes desafíos que la Autoridad y el pueblo palestino tienen
que afrontar en todos los campos del desarrollo económico y
cultural", dijo el Papa. "De manera particular, dirijo
mis oraciones a aquellos palestinos -musulmanes y cristianos-
que se ven todavía privados de una casa propia, del lugar que
les corresponde en la sociedad y de la posibilidad de una vida
laboral normal. Deseo que mi visita de hoy al campo de
refugiados Dheisheh sirva para recordar a la comunidad
internacional la necesidad de una acción decisiva para mejorar
la situación del pueblo palestino".
"La promesa de paz hecha en Belén -concluyó-
será una realidad para el mundo sólo cuando se reconozcan y se
respeten la dignidad y los derechos de todos los seres humanos
creados a imagen de Dios".
|