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LA CLONACIÓN: UNA EVALUACIÓN MORAL CATÓLICA

Por la hermana Terese Auer, OSF.

Para comprender los hechos del debate y la posición de la Iglesia Católica, debemos antes comprender el procedimiento utilizado en la clonación. El primer paso es el de tomar huevos (por medio de una laparoscopia) y el esperma (por medio de la masturbación) para ponerlos en contacto el uno con el otro en un recipiente de vidrio (in vitro) para fertilización. Una vez sucedida la fertilización y al desarrollarse los nuevos embriones, los científicos intervienen para separar las dos células, creando de esta forma dos distintos embriones con la misma información genética (clonación). El proceso de dividir los embriones requiere que los investigadores remuevan la capa que cubre el embrión, que es esencial para su desarrollo, y la reemplacen con una artificial. El experimento es considerado exitoso una vez que los embriones clonados comienzan a crecer y a desarrollarse dentro de la capa artificial. Ninguno de los 48 embriones clonados creció por más de seis días, probablemente por el hecho de que los científicos habían utilizado embriones anormales, es decir, embriones que provenían de huevos que habían sido fertilizados por más de una esperma. Debido a que la fertilización "in vitro" ha estado con nosotros por más de 50 años y la clonación de animales por más de 40, la Iglesia ya ha ofrecido claras enseñanzas dirigiéndonos moralmente con respecto a la tecnología reproductiva. En Febrero de 1987, La Congregación de la Doctrina de la Fe emitió el documento "Domun Vitae", el título en Latín para "Instrucción en el Respeto de la Vida Humana, Su Origen y la Dignidad de la Procreación". En este documento, la Iglesia nos da las razones fundamentales por las cuales la clonación por si misma y la fertilización "in vitro", que utiliza este proceso, son inmorales. Para comprender estas razones, miremos una vez más los primeros pasos del proceso de la clonación: fertilización en un recipiente. La principal guía que debemos recordar es que una vez que ocurre la fertilización, la vida de un nuevo ser humano ha comenzado, y esa vida es sagrada. No importa cuan viables sean los embriones, a cada uno se le debe respetar como a cualquier persona humana (1,4). Teniendo esto en mente, sabemos que está mal el producir seres humanos para utilizarlos en experimentaciones científicas donde son tratadas como "material biológico" desechable (1,5). Esta también mal hecho el destruir voluntariamente los embriones "sobrantes" normalmente producidos por la fertilización "in vitro" o de alguna forma imponer riesgos desproporcionados a la vida de un embrión. Al hacerlo, el investigador se impone como Maestro del destino del embrión humano, decidiendo quien vivirá y quien morirá (II). El proceso actual de clonación en el que se divide el embrión para que este produzca una nueva vida es inmoral porque se opone a la dignidad de ambas la procreación humana y de la unión conyugal (1,6). Cuando un ser humano es llevado a existir, esa persona tiene ciertos derechos ya que es un ser humano. Uno de estos derechos es concerniente al ambiente en donde él comienza su existencia: debe ser uno personal. Un recipiente de laboratorio en donde domina la tecnología no es un ambiente digno de una persona humana. El único ambiente adecuado es el vientre de la madre (II, 1). Otro derecho de este ser humano es el de ser llevado a existir por medio de un verdadero acto humano o personal. Un acto humano es aquel que es tanto espiritual como físico, ya que el mismo hombre consta de ambas naturalezas. El acto conyugal es simplemente aquel donde el proceso procreativo físico expresa el amor espiritual entre los esposos. El separar lo físico de lo espiritual es actuar de manera impersonal o inhumana, por tanto degradando a aquellos involucrados en el acto: tanto a la pareja como a la nueva criatura concebida. En otras palabras, el separar el proceso biológico de la procreación del acto espiritual de amor entre esposos es el degradar no solamente a la pareja envuelta, a quienes se les trata impersonalmente, sino también a la nueva persona que es concebida en una forma impersonal. Esto viola los derechos del niño de ser concebido por un acto personal de amor entre sus padres. En ves de ser objetivamente la imagen viviente o fruto del amor de sus padres, el niño es reducido en un objeto de "tecnología científica" (II, 4). A la luz de cómo la clonación degrada la vida humana, el reto del Papa Juan Pablo II antes de dejar nuestro continente en 1987 tiene aún mayor importancia: " Si ustedes quieren justicia igual para todos y la verdadera libertad y paz duradera, entonces, América, defiendan la vida!…toda persona – no importa cuan vulnerable o sin defensas, no importa cuan joven o vieja, no importa cuan saludable, incapacitada o enferma, no importa cuan productiva o útil para la sociedad – es un ser humano de valor inestimable creada a la imagen y semejanza de Dios. Esta es la dignidad de América, la razón por la cual existe, la condición de su supervivencia – sí, la última prueba de su grandeza: el respetar la vida da cada persona, especialmente del más débil e indefenso, esos que aún no han nacido". Tengamos en cuenta el reto del Papa y salgamos a la defensa de nuestros hermanos más pequeños. Ya todo lo que hagamos por ellos, lo hacemos por el mismo Jesús (Mt 25,40).

La hermana Terese Auer tiene una maestría y un doctorado en Thomistic philosophy y ha enseñado a nivel de primaria, bachilerato y universitario. Este artículo salió en la edición de Enero-Febrero de "Spes Nostra", 531 East Merced Avenue, West Covina, CA 91790, una publicación de Father Kobe Missionaries of the Immaculata.

Traducción no oficial.

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