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SÉPTIMA
ESTACIÓN
JESÚS CARGA
CON LA CRUZ
Los romanos emplearon como pena de muerte la
crucifixión. El reo de muerte debía llevar el madero, instrumento de
suplicio, hasta el lugar previsto: fuera de la ciudad, para mostrar
más claramente que era un indeseable.
Del Evangelio según San Juan
19,16-17
Entonces Pilato se lo entregó para que fuera
crucificado. Tomaron, pues, a Jesús; y él, con la cruz a cuestas,
salió hacia el lagar llamado de la Calavera que en hebreo se dice
Gólgota.
(cf Mt 27,31; Mc 15,22).
Comentario
Jesús toma la cruz. La abraza. Y le pesa. Le
abre las heridas de sus hombros llagados. Es cruz redentora. ¡Qué
duro se hacen los pasos por la Via Dolorosa! En torno a Él se forma
un cortejo de curiosos y de gente sin escrúpulos que aprueba la
injusticia. Pero, a pesar de su debilidad, avanza sudoroso y sediento,
con una sed de amor.
Nosotros, ahora, no podemos permanecer
impasibles ante el Señor que carga con todas nuestras debilidades.
Porque la cruz, que era signo de oprobio, va a ser instrumento de
nuestra salvación. Y al contemplar a Jesús sentimos en nuestro
interior, una vez más, su invitación constante: "Si alguno
quiere venir en pos de mi, niéguese a si mismo, tome su cruz de cada
día y sígame".
Oración
Señor ¿y yo? ¿tomo mi cruz, la mia, la de
cada día, la que tanto me cuesta y tanto me santifica? Que no le
tenga miedo a la cruz, a esa cruz del dolor, de la enfermedad, de las
incomprensiones, de las derrotas. Que sepa ver en ella la voluntad de
Dios; porque la cruz, llevada con gallardía es santificante, es
redentora. Enséñame, Señor, a amar la cruz, a abrazarme a ella.
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