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DÉCIMA
ESTACIÓN
LA CRUCIFIXIÓN
DEL SEÑOR
Jesús llega al Calvario y allí le despojan de
sus vestiduras. Así, desnudo, para mayor vergüenza, lo clavan en la
cruz.
Del Evangelio según San Marcos
15, 22-27
Y lo llevaron al lagar del Gólgota, que
significa lugar de la Calavera. Y le daban a beber vino con mirra,
pero él no aceptó.
Y le crucificaron y repartieron sus ropas,
echando suertes sobre ellos para ver qué se llevaba cada uno. Era la
hora tercia cuando lo crucificaron. Y el titulo de la causa tenla esta
inscripción: El Rey de los Judíos.. También crucificaron con él a
dos ladrones, uno a su derecha y otro a su izquierda.
(cf Mt 27,34 39; Lc 23,33-38; Jn 19,18- 22).
Comentario
Esta es la respuesta del hombre a la
condescendencia de Dios, que se abaja hasta nosotros: desgarrones al
quitarle sus vestidos, martillazos que clavan sus manos al madero, una
lanzada que rompe su corazón entregado por nosotros. Al dolor se
junta, la indiferencia, la ingratitud...
La cruz, signo de oprobio, de fracaso, de
negación, va a convertirse en signo de redención, de triunfo. Las
palabras de Jesús adquieren ahora su pleno cumplimiento: "Cuando
fuera excitado sobre la tierra atraeré a todos hacia mi".
El Hijo de Dios nos está invitando a poner la
cruz, su cruz, la cruz santificante, santificadora, en la entraña de
nuestro ser y nuestro obrar. Porque desde que Cristo subió a la cruz,
lo que era patíbulo de bandidos se ha transformado en camino de
salvación, en signo de victoria, en trono real.
Oración
Señor, te han taladrado las manos y los pies.
Te has entregado hasta el final, con el desprendimiento más radical.
Te has quedado sin nada; sólo con la cruz. Que aprenda, Señor, de la
desnudez de la cruz. Que sepa prescindir de tanto superfluo como hay
en mi vida: dinero, comodidad, deseo de poder, que tantas veces me
lleva a la insatisfacción, a la tristeza. Que te ame, Señor, sin
guardarme nada para mi.
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