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CUARTA
ESTACIÓN
JESÚS ES NEGADO
POR PEDRO
Pedro habla confesado que Jesús era el Mesías,
y el Señor le había respondido: "tú eres Pedro y sobre esta
piedra edificaré mi Iglesia". Pero Jesús ahora necesita ayuda,
y Pedro flaquea: niega a su maestro, no una sino tres veces.
Del Evangelio según San Mateo
26,69-75
Entre tanto, Pedro estaba sentado fuera, en el
atrio; se le acercó una sirvienta y le dijo: Tú también estabas con
Jesús el Galileo. Pero él lo negó delante de todos, diciendo: No
sé, de qué hablas. Al salir al portal le vio otra vez y dijo a los
que había allí: Este estaba con Jesús el Nazareno. De nuevo lo
negó con juramento: No conozco a ese hombre. Poco después se
acercaron los que estaban allí y dijeron a Pedro: Desde luego tú
también eres de ellos, pues tu habla lo manifiesta. Entonces comenzó
a imprecar y a jurar: No conozco a ese hombre. Y al momento cantó el
gallo. Y Pedro se acordó de las palabras que Jesús habla dicho:
Antes de que cante el gallo, me negarás tres veces". Y, saliendo
afuera, lloró amargamente.
(cf Mc 14, 66-72; Lc 22, 56-62; Jn 18, 15-18.
25- 27).
Comentario
Pedro había estado con Jesús desde el
principio, desde ese encuentro junto al mar de Galilea, que habla
cambiado su vida. Y lo quería de verdad. Era un hombre sencillo y
apasionado; entonces, ¿por qué niega a su maestro?
Pedro, el impulsivo, el que sabe sacar la espada
en un momento delicado, no sabe medir sus palabras, y alardea de que
nunca le abandonará: "aunque todos te nieguen, yo no lo
haré". Pedro confía más en si mismo que en el Señor, se apoya
en sus propias fuerzas, y cuando fallan, se desmorona. Ha entrado en
juego la soberbia, se ha fiado más de si mismo que de la palabra de
Jesús. Por eso, cuando llega la hora de la verdad, se deja llevar por
el miedo a quedar mal ante los demás, por los respetos humanos, y
surge la cobardía, el miedo, y la traición.
Oración
Señor, yo también, como Pedro, te niego en
tantas ocasiones... en lo importante y en lo más cotidiano. Cuando
las cosas se hacen más cuesta arriba, me olvido de las promesas, de
esos momentos en que te he dicho que no te abandonarla. Y porque
conozco mi debilidad, te pido, Señor, ser humilde en mis palabras y
en mis acciones: que me fie de Ti más que de mí.
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